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Miércoles, 18 de octubre de 2017
Publicado en Noticias Premium Miércoles, 06 de septiembre de 2017 08:00

Las últimas horas del Popular

Raimundo Poveda | Los supervisores bancarios aprenden su oficio a base de experiencias. El europeo no será la excepción. La primera prueba real de su eficacia pudo venirle de muchos lados; no faltan entidades zombies en Europa. Pero los hados quisieron que la proporcionase el español Banco Popular, con medio mes de adelanto sobre dos pequeños bancos italianos.

 

Este artículo no se ocupa tanto del Popular como de la actuación de las autoridades bancarias. Quede claro, de entrada, que en toda crisis bancaria el causante y culpable es el banco fracasado, no el supervisor. Pero que éste no sea el culpable no implica necesariamente que haya hecho bien todo lo que hizo, ni que haya hecho todas las cosas que hubiera podido o debido hacer.

 

1. EL SISTEMA EUROPEO DE RESOLUCIÓN DE BANCOS

 

La tutela prudencial bancaria tiene dos dimensiones: la supervisión ordinaria de las entidades de crédito en funcionamiento normal, y la resolución, esto es, el tratamiento de las que presentan dificultades, unos accidentes que la regulación y la supervisión nunca eliminan por completo. Aquí vamos a tratar principalmente de la resolución.

 

Empecemos con un rápido resumen del reciente y frondoso cuadro institucional europeo1. El legislador comunitario sufrió un ataque agudo de normorrea en el tema de la resolución bancaria: unas 350 páginas de Boletín Oficial, más los incontables actos de desarrollo normativo de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) y otros organismos con capacidades reglamentarias.

 

Las autoridades únicas

 

Por una interesada deformación semántica, la función de vigilancia prudencial de los bancos se llama, en Europa, Unión Bancaria. La primera novedad, y la primera complicación de la Unión Bancaria, fue encargar sus dos dimensiones a organismos diferentes. La supervisión se encomendó al Mecanismo Único de Supervisión (MUS), una sección del Banco Central Europeo (BCE) separada por una muralla china de las actividades financieras del BCE. La resolución la gestiona una agencia europea independiente, la Junta Única de Resolución (JUR), creada en 2015, un año después que el MUS. Son pues dos servicios jóvenes, lo que en este terreno no es una virtud.

 

Como podría temerse por la insistencia en el apellido “único”, MUS y JUR son todo menos únicos. Son competentes para tratar a unos ciento treinta grandes bancos o grupos bancarios del área euro, pero hay otros seis mil y pico bancos pequeños y medianos, o grandes no euro, supervisados y resueltos por las autoridades nacionales de los veintiocho estados miembros, la coherencia de cuyas políticas tutelan MUS, JUR y EBA. Las autoridades nacionales colaboran técnicamente con MUS y JUR en el control de los bancos grandes. Para ajustarse a la norma comunitaria los países han tenido que crear unidades de resolución diferenciadas, que actuarán con independencia operativa, personal y jerárquica respecto de las autoridades supervisoras, algo al parecer necesario para evitar no especificados conflictos de intereses. Aunque, eso sí, ambos tipos de autoridades deben trabajar en estrecha colaboración.

 

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