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Jueves, 23 de noviembre de 2017
Publicado en Noticias Premium Lunes, 16 de octubre de 2017 00:00

Al borde del abismo

Joan Tapia (Barcelona) | En la crónica de septiembre decía que si el independentismo lograba repetir, en el convocado aunque ilegal referéndum del 1 de octubre, lo sucedido el 9-N de 2014 (consulta participativa de Artur Mas), había urnas y participación, aunque no llegara al 40%, y luego el Parlamento catalán hacía una declaración de independencia, estaríamos ante un problema descomunal.

 

Así estamos el 12 de octubre, día de la Fiesta nacional. El 1 se celebró el referéndum unilateral e ilegal, la jornada fue accidentada porque la policía se excedió contra votantes que acudieron a los colegios electorales –las televisiones de todo el mundo repitieron imágenes impactantes–, hubo largas colas y la participación llegó al 43% (según la Generalitat). Y el martes 10, Puigdemont, en el Parlamento de Cataluña, otorgó relevancia jurídica al referéndum y dijo que Cataluña había ganado el derecho a la independencia para luego afirmar que la aplazaba y pedía una mediación internacional.

 

El gobierno de Rajoy –con el acuerdo de Pedro Sánchez y de C´s– contestó al día siguiente: si Puigdemont no aseguraba que no había existido declaración de independencia entraría en vigor el artículo 155 de la Constitución, lo que implicaría una limitación –de dimensión desconocida– de la autonomía. A cambio, el PP aceptaba la propuesta socialista de abrir la reforma de la Constitución.

 

¿Qué pasará? Estamos pendientes de la respuesta de Puigdemont y es cierto que el 155 no es obligatoriamente una catástrofe. Pero puede serlo. Nunca se ha aplicado hasta ahora. ¿Cómo y quién gobernaría Cataluña? ¿Cómo reaccionaría el independentismo? Si se produjeran desórdenes –no digamos violencia– Cataluña saldría perjudicada. Y muchas empresas –empezando por Caixabank y el Banco de Sabadell y siguiendo por Gas Natural, Planeta y Catalana Occidente– ya se han creído obligadas a trasladar sus sedes sociales fuera de Cataluña para no perder la confianza de los ahorradores y clientes.

 

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