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Publicado en Noticias Premium Viernes, 05 de enero de 2018 00:00

Provisiones contables: un mundo cómodo para el supervisor pero no realista para el banquero

Raimundo Poveda | El Banco de España completó el pasado diciembre la adaptación de su regulación contable de los bancos españoles a las Normas Internacionales de Información Financiera. En una nota de prensa algo desorientadora destacó como tema estrella de su circular el cambio conceptual en la estimación de las provisiones crediticias que, dijo, dejaba de basarse en las pérdidas incurridas, para hacerlo en las esperadas.

 

Hablar de pérdidas esperadas dejó de ser novedad en España no ahora, sino en 1999, cuando fundamentaron nuestras pioneras provisiones estadísticas. En 2004, al adaptar su normativa a la internacional, aferrada entonces al criterio pérdidas incurridas, el Banco no quiso renunciar a una buena idea que proporcionaba resultados útiles, era copiada por las regulaciones de otros países, y donde el tiempo le daría la razón. Para ello recurrió, con alguna justificación inverosímil, a un truco trasparente: el cuerpo de la circular sería ortodoxo, pero remitiría a un anexo donde se recogían las peculiaridades españolas, provisiones dinámicas incluidas. Sin ir tan lejos, el bloque normativo que trata las provisiones crediticias, el Anexo IX de la actual Circular, es realmente de mayo de 2016, cuando el Banco de España hizo otra revisión de sus normas, manteniendo el criterio de las pérdidas esperadas, y avisó a quienes le reprochaban apresuramientos que ese texto no tenía carácter transitorio. Así ha sido. La versión actual es fiel en su esencia y en la mayor parte de su letra a la de hace año y medio. Unos pocos retoques en algunos coeficientes no equivalen al cambio conceptual que menciona la nota de prensa.

 

Una guía de buenas prácticas

 

El Anexo IX sigue siendo una mezcla de dos cosas: una guía de buenas prácticas sobre gestión del crédito y una norma sobre provisiones por riesgo de crédito y riesgo país. Ambas tienen fundamentos competenciales distintos, destinatarios algo distintos también, y, en la práctica, distinta fuerza de obligar, más rigurosa en la norma contable, más adaptable a las circunstancias en la guía (más “pilar dos”, en jerga de Basilea), lo que justificaría una presentación separada.

 

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