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Publicado en Noticias Premium Martes, 20 de marzo de 2018 08:00

S. Veuger: "Las empresas tendrán que afrontar un gran coste para adaptarse a nuevas reglas fiscales que no son claras"

Pablo Pardo (Washington) | “Las leyes son como las salchichas: es mejor no saber cómo las han hecho”. La frase atribuida a Otto von Bismarck cobra sentido cuando se habla con el economista del think tank American Enterprise Institute (AEI) Stan Veuger sobre la reciente reforma fiscal de Estados Unidos. Veuger, discípulo de Martin Feldstein (uno de los arquitectos de la política económica de Reagan, con quien rompió después por los déficit públicos en que ese presidente metió a Estados Unidos) y de Alberto Alesina, es investigador residente del AEI, el think tank ‘republicano de toda la vida’ (y, por tanto, no muy cercano a Donald Trump) de Washington.

 

Entre sus actividades en los últimos meses ha estado dar ideas a los republicanos del Congreso acerca de, precisamente, la reforma fiscal que aprobó Estados Unidos en diciembre, y que ha transformado el sistema impositivo de la primera economía mundial. Veuger es, así pues, una de las pocas personas capaces de entender y explicar la reforma. Una reforma que por su complejidad recuerda, de nuevo, a Bismarck, cuando explicó las razones por las que Prusia había ido a la guerra contra Dinamarca por Schwlesing-Holstein: "Solo tres personas las entendieron: una ha muerto, otra está en un manicomio, y la tercera lo ha olvidado".

 

La reforma fiscal da un tratamiento menos favorable a la deuda, ya que limita la desgravación por intereses al 30% del Ebitda (y, a partir de 2022, al Ebit), en lugar de dejarla, como hasta ahora, ilimitada. ¿No es eso un golpe a las empresas endeudadas, a los fondos de private equity y a las compañías que han llevado a cabo Management Buy Outs (MBOs)? Particularmente en un momento en el que estas operaciones, sobre todo las de los fondos de private equity, están viviendo un boom.

 

Con la reforma fiscal, los intereses de la deuda solo se pueden desgravar hasta el 30% del Ebitda. Aun así, es una cifra muy alta. Y afecta a pocas empresas. Solo a las que han sido compradas por fondos de private equity y a algunos casos concretos, como Dell (el gigante de los ordenadores llevó a cabo hace cinco años un MBO, y ahora está planeando salir a Bolsa precisamente por el nuevo régimen fiscal). También hay que ver hasta qué punto estas operaciones han sido una consecuencia de los tipos de interés ultrabajos. Si tu Ebitda es del 8% de los activos, y tus activos son mitad deuda y mitad equity, y pagas unos intereses del 4%, estás pagando en intereses la cuarta parte de tus beneficios. O sea, en este caso, un 2%. De ahí puedes desgravar un 1,2% de tus beneficios, con lo que al final, después de impuestos, la carga neta de la deuda se queda en el 0,8%. Esto, además, afecta a las grandes empresas. Las pequeñas empresas tienen mucha menos deuda. Y tampoco incluye a los bancos.

 

¿Cuál puede ser el impacto internacional del recorte fiscal?

 

Hay varias teorías. La del Gobierno es que las empresas empezarán a traer los beneficios aparcados en el extranjero a Estados Unidos…

 

…Como ha hecho Apple.

 

Sí. El problema es que eso ya lo están haciendo. Sus beneficios en, por ejemplo, Bermuda, los invierten, a través de un banco de Nueva York, en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Así que el impacto puede que no sea muy grande. Y además esa repatriación tendrá un impacto en el tipo de cambio, porque debería subir el valor del dólar. Pero yo creo que ese efecto se sobreestima. Lo que sí creo es que habrá muchos menos incentivos para que las empresas lleven sus sedes sociales a terceros países en los que el Impuesto de Sociedades es menor [algo que han hecho, entre otras, Burger King, yéndose a Canadá, y Medtronic, a Irlanda, y que Pfizer estuvo a punto de llevar a cabo en 2015 hasta que el Gobierno de Obama cambió la regulación para impedírselo]. El Impuesto de Sociedades baja en Estados Unidos, y las empresas dejan de tener incentivos para hacer eso. También debería haber algo más de incentivos para invertir en Estados Unidos, por el menor tipo fiscal. Pero ahí no puede exagerarse el efecto, porque en esas decisiones cuentan muchos más factores aparte de la fiscalidad. Y además, hay que contar los Impuestos de Sociedades de los estados, que se suman al tramo federal.

 

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