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Miércoles, 22 de mayo de 2019
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Publicado en INTERNACIONAL Lunes, 14 de enero de 2019 00:00

Sin el valor de asumir riesgos, no hay primas

Hans-Jörg Naumer (Allianz GI) | En 2019 volveremos a encontrarnos con tres factores que ya conocemos, como son la geopolítica, la política monetaria y la situación económica global. Algo que ya nos han recordado las primeras jornadas bursátiles.

 

Geopolítica: la geopolítica sigue siendo el principal motor de incertidumbre. El Brexit se va materializando, el presupuesto italiano sigue causando preocupación, la guerra comercial pasa a su siguiente fase: en los mercados de renta variable los altibajos de cotización van a ser frecuentes.

 

Situación económica: la economía discurre actualmente por una fase tardía del ciclo, con una tendencia alcista de las tasas de inflación subyacente. Junto a las señales de debilitamiento de la economía, se observan también divergencias regionales. La economía estadounidense se mantiene en su papel impulsor de la economía mundial, con pleno empleo y presiones salariales crecientes, mientras que el crecimiento de Japón se encuentra en una senda plana, y en la zona del euro la recuperación está perdiendo empuje.

 

Política monetaria: la Reserva Federal estadounidense (Fed) continuará probablemente subiendo los tipos de interés, y cabe suponer que lo hará en mayor medida de lo que esperan los mercados monetarios. Por ahora, estos últimos no están descontando prácticamente ninguna subida de tipos de cara al nuevo año. Por parte del Banco Central Europeo (BCE) puede esperarse una primera subida de tipos, lo que sería incluso deseable. Ello supondría que el BCE se sienta con ánimos suficientes para continuar avanzando hacia la salida del contexto de crisis. En cambio, parece que el Banco de Japón se mantendrá en compás de espera.

 

Todo esto parece anunciar otra nueva fase de agitación en las bolsas. La gestión activa sigue siendo imprescindible. Las valoraciones de las acciones, tras las recientes caídas, son más atractivas.

 

En todo caso, aquello de que no compensa pasar miedo por invertir en Bolsa (como en el año 2018), constituye más una excepción que una regla. Tomemos, por ejemplo, el S&P 500: desde 1826, el mercado estadounidense ha registrado 137 años con rentabilidad positiva y 58 negativos. O, por ejemplo, el DAX. En el recuento histórico hasta el año 1955, el mercado de acciones alemán exhibió una rentabilidad positiva en 44 de 64 años.

 

Es evidente que las rentabilidades pasadas no garantizan las rentabilidades futuras, pero tanto la historia como los manuales nos enseñan que, sin el valor de asumir riesgos tampoco hay primas de riesgo, es decir, no podrá obtenerse una rentabilidad superior a la de una forma de inversión libre de riesgo.