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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Sábado, 20 de enero de 2018 09:00

Alemania: trabajo y formación digital

Lidia Conde (Fráncfort) | “Espero una política que en 2030 nos permita dar trabajo a 45 millones de personas, como ahora”. Lo dice Ingo Kramer, presidente de la patronal alemana. Y se lo dice a la canciller Angela Merkel –que está atando su próximo Gobierno en coalición con los socialdemócratas– en un momento de euforia económico: “Nos tenemos que concentrar en el empleo. Hoy tenemos 45 millones de trabajadores. Más que nunca. Si conseguimos mantener este nivel de ocupación, podremos financiar las pensiones”.

 

Casi pleno empleo. ¡Vaya lujo! ¡Quién pudiera! Nunca hubo tanto trabajo. La economía alemana registra un auge espectacular. Alemania, un país ya rico, va mejor que nunca. Y el cambio demográfico, envejecimiento incluido, favorecerá las perspectivas laborales de los trabajadores. Sin embargo, no solo no es oro todo lo que reluce (que haya trabajo no quiere decir que sea un buen trabajo para todos), sino que esta envidiable situación no va a ser eterna. Eso es evidente. Pero Alemania no sería Alemania si se permitiera a sí misma dormirse en los laureles. No se lo permiten. Porque los riegos están ahí. La consultora Boston lo dice rotundamente: hasta el año 2025 los robots sustituirán uno de cada cinco empleos. Después, más. Si en 2017 el reto futuro de la formación profesional fue uno de los grandes temas políticos y económicos, en 2018 será una prioridad absoluta. Los retos declarados por la canciller Angela Merkel para 2018 son: trabajo seguro, revolución digital y ayudas a las familias y a las personas dependientes. Sus socios del futuro Gobierno de coalición, los socialcristianos (CSU) y los socialdemócratas (SPD), están de acuerdo. Más difícil será coincidir en los instrumentos para alcanzar esos objetivos porque todos quieren bajar los impuestos a las rentas medias y bajas. El Instituto de investigación macroeconómica IMK, próximo a los sindicatos, apunta en su dictamen anual presentado en enero en Berlín la conveniencia de integrar el impuesto de solidaridad (equivalente al 5,5% del impuesto sobre la renta, por el que el Este de Alemania ha recibido hasta ahora transferencias millonarias para respaldar su reconstrucción) en el impuesto general sobre la renta para reducir la tasa impositiva a la población con ingresos bajos y reducir en parte la desigualdad social.

 

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