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Viernes, 23 de febrero de 2018
Publicado en INTERNACIONAL Lunes, 12 de febrero de 2018 08:30

¿Conseguirá China esquivar la crisis crediticia?

Bankia Estudios | Un reciente trabajo del FMI profundiza en el principal riesgo para el escenario de China: el endeudamiento excesivo del sector privado. Tras la crisis financiera global, las autoridades económicas chinas impulsaron el crédito para estimular la economía: entre 2011 y 2016, el crédito sobre el PIB se ha más que duplicado (sobre todo, en el caso del sector privado), pasando del 135% del PIB al 235%.

 

Aunque no existe un consenso claro del umbral que desencadena la crisis, las estimaciones realizadas para economías desarrolladas sugieren que un endeudamiento del sector privado empresarial superior al 90% del PIB daría paso a una recesión financiera. Lo que sí que deja claro la experiencia histórica es que cuanto más tiempo y más intensa sea la expansión del crédito, más severa y duradera será la corrección (estallido de la burbuja) posterior. El FMI apunta a un problema adicional: la capacidad/eficiencia del crédito para impulsar el crecimiento del PIB de China es cada vez menor, ya que se ha destinado, en mayor proporción, al sector industrial (poco eficiente en el caso chino, por el exceso de capacidad en el que operan).

 

La experiencia internacional sugiere que este tipo de episodios de excesos en el crédito suele terminar en una crisis financiera y en un fuerte desplome del PIB. De los 43 episodios de boom crediticios identificados por el FMI (periodos en los que el crédito en términos del PIB aumentó en más de 30 p.b. en 5 años), solo en cinco ocasiones no terminaron en crisis y todos aquellos que superaron el 100% del PIB terminaron en recesión. El caso particular de China parece diferente: el FMI estudia la evolución del crédito en el país a través de varios ciclos para concluir que:

 

  • El boom crediticio actual no tiene precedentes en la propia historia moderna del país.

 

  • La corrección en anteriores ciclos de crédito ha sido más modesta y menos duradera en comparación con la experiencia internacional.

 

Para economías de la OCDE, durante el periodo 1960-2007, estas correcciones se prolongan entre 4-18 trimestres, con caídas en el precio de los activos financieros de entre el 3%-28%; en el caso de China, apenas duran dos meses en media y las caídas son más contenidas (rango del 1%-9%).

 

Algunos analistas consideran que las peculiaridades de una economía como la china pueden ayudar a esquivar los efectos de un estallido de la burbuja crediticia, pero el FMI los matiza e, incluso, cuestiona. En primer lugar, China disfruta de una posición financiera externa muy favorable, con un recurrente superávit por cuenta corriente (1,5%-2,0% del PIB en los últimos años) y bajos niveles de deuda externa (18% del PIB en 2017), lo que reduce los riesgos derivados de una salida masiva de capitales; aunque el FMI advierte que una crisis de financiación puede ocurrir aunque no se esté expuesto a la financiación del exterior (la crisis en Japón en 1997 o las de EEUU y R. Unido en 2008 son solo algunos ejemplos). En segundo lugar, la baja ratio de crédito sobre depósitos (en torno al 70% en 2016) puede prevenir de una crisis de financiación interna; si bien el FMI advierte de que la proliferación de activos y de obligaciones fuera de balance dificulta conocer la situación real del sistema financiero chino. En tercer lugar, el gobierno tiene un margen amplio de política fiscal, ya que, oficialmente, su deuda apenas alcanza el 40% del PIB; pero el FMI vuelve a advertir de que, si se añaden los vehículos especiales de liquidez y otros activos fuera de balance, la deuda alcanza el 90% del PIB. En cuarto lugar, el banco central tiene capacidad para proveer suficiente liquidez en el caso de una crisis financiera, pero la actual complejidad del sistema financiero no asegura que las autoridades monetarias sean capaces de contener una crisis de ese tamaño. Por último, las autoridades imponen controles de capitales de forma reiterada, lo que ya se ha probado como efectivo a lo largo de 2017, tras la fuerte salida de capitales de mediados de 2016 (las reservas aumentaron un 5,4% en 2017), pero la experiencia internacional sugiere que este tipo de medidas van perdiendo efectividad con el tiempo.

 

En definitiva, aunque estas particularidades pueden mitigar los riesgos de corto plazo y le permitirán ganar tiempo, si las autoridades chinas no toman las medidas necesarias inmediatamente se podrían profundizar y alargar los efectos de una eventual crisis. A grandes rasgos, el FMI considera necesario acelerar las reformas estructurales (sobre todo, profundizar en la reforma financiera y de las empresas estatales) y mejorar la distribución del crédito entre sectores. En el lado positivo, el gobierno ya está dando pasos hacia lo que el FMI considera condiciones favorables de partida: abandonar los objetivos cuantitativos de crecimiento del PIB anual (ya el año pasado el gobierno dio un rango de crecimiento objetivo) y renegar del crecimiento del crédito como motor de la economía (moderación gradual del crédito a lo largo de 2017). Entre las recomendaciones para evitar un colapso del sistema, el organismo propone seguir reduciendo la sobredimensión de ciertos sectores, permitir la liquidación de empresas zombis, abrir al sector privado las industrias dominadas por empresas estatales, eliminar las garantías públicas implícitas, revisar la calidad de los activos financieros y reconocer las pérdidas y ampliar el capital necesario, una buena ley de bancarrota, así como prevalecer el uso de medidas macro-prudenciales para estabilizar el sector financiero en lugar de la política monetaria.  

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