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Publicado en INTERNACIONAL Jueves, 05 de abril de 2018 08:00

EEUU: una estrategia dura, pero no de ruptura

Intermoney | El escenario seguirá siendo especialmente complejo desde la perspectiva de la renta variable, pues continuarán conviviendo los delicados niveles del S&P 500 con un entorno en el que las cuestiones comerciales pueden potenciar los temores de los inversores.

 

La reacción de China a cada paso dado por Estados Unidos insistimos en que debe entenderse dentro de la lógica reciprocidad, con el fin de no afrontar en una posición de debilidad unas negociaciones que resultarán claves.

 

Sin embargo, los mercados seguirán moviéndose a golpe de noticia y no de las estrategias que puede haber detrás de las mismas, lo cual hace más arriesgada la situación actual. En este entorno, tampoco ayuda que empiecen a salir a la luz estimaciones del coste que puede tener el mantenimiento de las fricciones comerciales. Por ejemplo, Moody´s calcula que la continuidad de la actual situación puede restar entre -0,1 y -0,2 p.p al crecimiento de Estados Unidos en un plazo de 12 meses. La cuestión es que este menor empuje no se distribuirá por igual a lo largo de la economía estadounidense y los inversores centrarán su mirada en determinadas empresas muy expuestos a las tensiones comerciales, recordándonos la experiencia que el castigo a corto plazo seguramente exceda los potenciales costes estimados para cada compañía.

 

Por lo tanto, dados los niveles actuales del S&P 500 y la mayor prudencia hacia las tecnológicas, se impone mantener una actitud prudente a corto plazo. No obstante, si tomamos perspectiva, seguimos creyendo que existe base para esperar que la “sangre no llegue al río” entre Estados Unidos y China. Un buen ejemplo es lo que está ocurriendo con la renegociación del tratado NAFTA que ha afrontado momentos delicados al amenazarse con su posible ruptura, si bien desde el entorno próximo a Trump ya se apuntan noticias positivas a este respecto en un plazo relativamente corto de tiempo.

 

En los próximos días, de tomar forma la anterior posibilidad, asistiríamos a un revulsivo clave para los mercados ya que haría patente que Estados Unidos atesora una estrategia negociadora dura, pero no de ruptura. De momento, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, expresaba sus expectativas respecto a que la actual situación lleve a un acuerdo negociado con China, si bien las conversaciones podrían llegar a finales de mayo o más tarde: “No sería sorprendente si el resultado de todo esto es algún tipo de negociación” y “es muy difícil acotar el momento de negociaciones que son tan complejas como éstas”.

 

Luego, un día más, los datos no serán el factor decisivo para los mercados, aunque habrá uno que deparará mayor interés: la balanza comercial de Estados Unidos. Días atrás, conocíamos el dato adelantado en base únicamente a las cifras de bienes y estas revelaban un déficit de -75.353 millones de dólares en febrero, niveles no vistos desde 2008 y que vaticinan también cifras no observadas desde dicho año en el caso del saldo conjunto de los bienes y servicios. De hecho, esperamos un déficit de -57,5 mil millones de dólares que, a su vez, recordará el superávit existente en el campo de los servicios, pero esta circunstancia volverá a ser obviada por las autoridades estadounidenses más centradas en el saldo de la balanza de bienes.

 

Más allá del anterior dato, el PMI de servicios de la UEM confirmará su paso atrás en marzo que contrastará con la estabilidad de su homólogo británico, mientras que las ventas minoristas de la zona euro en febrero pueden comportarse algo peor de lo previsto por el consenso ante el lastre que supondrá el inesperado retroceso observado en las ventas germanas. En Alemania, el consumo privado sigue siendo el principal punto a mejorar frente al buen momento de la industria cuya continuidad no está en entredicho en los próximos meses, como confirmaba el avance del +0,3% m. y +3,5% a. de las órdenes industriales alemanas en febrero.  

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