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Publicado en INTERNACIONAL Jueves, 12 de abril de 2018 11:00

El enfriamiento temporal en los datos de la Eurozona apoyará la tesis cuidadosa del BCE

Intermoney | La política monetaria continúa siendo el punto central sobre el que giran los mercados. Las actas del BCE darán el relevo a las de la Reserva Federal en un momento en el que las inquietudes de fondo siguen muy presentes en los mercados.

 

Las perspectivas a un año vista empiezan a pesar y, aun sin ser preocupantes, existen indicadores que reflejan el aumento de la probabilidad de recesión a dicho horizonte en países como Estados Unidos.

 

La cuestión es que dicha inquietud es visible no solo en el comportamiento de las bolsas, sino también en la evolución del crédito estadounidense desde los mínimos de enero o el avance del diferencial LIBOR-OIS en dólares, el cual está dando mucho que hablar desde semanas atrás. Por ejemplo, centrándonos en el plazo de tres meses, la brecha parece estabilizarse algo por debajo de los 60 p.b después de haber aumentado en casi 50 p.b desde los mínimos de finales de 2017.

 

En otras ocasiones, este comportamiento habría apuntado una señal de alarma respecto al sistema bancario, pero esta vez el escenario es diferente. Un extremo que no evitará que existan voces que vengan a sumar este indicador a sus argumentos para respaldar las inquietudes de fondo. Ante esta situación, deben tenerse en cuenta varios factores importantes en clave del diferencial LIBOR-OIS en dólares. Por un lado, la puesta en valor de los beneficios inmovilizados en el extranjero por parte de las empresas estadounidenses juega en contra de los recursos disponibles en dólares para prestar a corto plazo. Por otro, los planes para sustituir la referencia LIBOR inyectarán algo de ruido sobre esta referencia. De momento, con este fin, desde la Fed de Nueva York ya se ha puesto en marcha la referencia Secured Overnight Financing Rate (SOFR), calculada en base a las operaciones Repo a 1 día sobre treasuries.

 

Sin embargo, en ocasiones, los motivos para explicar determinadas situaciones pueden perder importancia en detrimento de la convivencia de ciertos factores que pueden dar amparo a un escenario de inquietud. Ayer, asistíamos a un movimiento del mercado que reflejaba la cautela subyacente y encontraba una excusa adicional en el refuerzo de las fricciones entre Estados Unidos y Rusia, amparadas por la cuestión Siria. La experiencia nos recuerda que la relevancia de esta cuestión es más que discutible, pero llega en un momento donde se entremezcla con otras cuestiones y sirve para aflorar ciertos temores.

 

En la anterior línea, el enfriamiento temporal que afrontarán las economías de ambos lados del Atlántico durante el primer trimestre de 2018 no ayudará. Los últimos datos han apuntado en dicha dirección y el Banco de Francia extrapolaba un crecimiento bastante más moderado de la economía gala en base a las encuestas de confianza, situándolo en el 0,3% trim. durante el arranque del presente año. Una situación que podemos extender al conjunto de la UEM, como nos recordará hoy el retroceso de la producción industrial del área en febrero. El mal tiempo se ha conjugado con las huelgas para explicar los malos datos de la industria en Alemania, asistiendo también a retrocesos en Italia, Holanda y Finlandia, entre otros países, lo cual lastrará las cifras del agregado del área euro. No obstante, la tesis del tropiezo será la atesorada por miembros clave del BCE como el presidente del Bundesbank que, seguramente, también aproveche para defender la senda hacia la normalización de la política monetaria en la Eurozona, justo el mismo día que conoceremos las actas del último encuentro de nuestro banco central. En principio, estas han perdido valor debido a las filtraciones conocidas y los mensajes de su economista jefe apuntando al final progresivo de las compras netas de activos durante el último trimestre de 2018 y potenciales subidas de tipos hacia el inicio del verano de 2019. Unas alzas que comenzarían por la facilidad de depósito sobre la que se construye la curva, alineándose este planteamiento con el posicionamiento del presidente del Banco de Austria.

 

Luego, una vez que se ha señalado en la dirección indicada, poco valor tendrá que las actas nos recuerden cuestiones como que en el BCE existen distintas sensibilidades o que en su seno se discute el efecto de la mejora de la capacidad de crecimiento en la UEM sobre las metas de inflación, mientras se apunta que su función de reacción no ha cambiado. En conjunto, estas cuestiones incidirían en la idea de acciones cuidadosas y progresivas que encajarían perfectamente con el escenario propuesto en el párrafo anterior.

 

Desde la perspectiva del mercado, los débiles datos en la Eurozona compensarán los gestos del BCE, sin que desde Estados Unidos se den, a priori, referencias decisivas. Con el permiso de su impredecible presidente, lo más reseñable serán las palabras del siempre laxo responsable de la Fed de Minneapolis y los precios de importación de marzo cuyo avance del 3,8% a. puede dar algo más que hablar. Todo ello, mientras haya quien opte por adoptar una estrategia de “esperar y ver” a la espera del pistoletazo de salida de la temporada de resultados con las cuentas de la banca americana este viernes.  

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