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Publicado en INTERNACIONAL Martes, 24 de abril de 2018 08:00

Reparando el tejado mientras hace sol

José Ramón Díez Guijarro (Bankia Estudios) | Pese a su no excesivamente brillante desempeño a la hora de hacer pronósticos, los informes semestrales del FMI suelen ser un buen termómetro para pulsar el estado de la economía global, además de intentar arrojar algo de luz sobre los debates económicos abiertos.

 

De la abundante información publicada en los últimos días, el primer mensaje del FMI es tranquilizador: la inercia cíclica sincronizada acumulada por la economía internacional en los últimos trimestres confiere una eleva solidez y resistencia a la coyuntura internacional en el corto plazo. No parece que ni la madurez alcanzada por el ciclo en algunas regiones (Estados Unidos), ni el ruido trasmitido por los tambores de guerra comercial o el incremento del riesgo geopolítico vayan a impedir que los ritmos de crecimiento de la actividad global se aproximen al 4% este año y el próximo. De hecho, aún con el aparente aumento de la inestabilidad de los primeros meses del año, no cambian las estimaciones de crecimiento del PIB mundial.

 

En el lado de las mejoras de previsiones destaca España, al elevarse de forma apreciable los pronósticos para 2018 (del 2,4% al 2,8%) y, de forma más moderada para 2019 (del 2,1% al 2,2%), revirtiendo la bajada del pasado otoño y reflejando la dificultad de estimar los efectos potenciales de un “shock” de incertidumbre sobre la actividad. Como curiosidad, el FMI mantiene el crecimiento en la banda del 1,5%/2,0% hasta 2023 y, sin embargo, el organismo ubicado en Washington no ve una mejora apreciable en el déficit público estructural que permanecería por encima del 2,5% a lo largo de todo el período de previsión. También se debe destacar que, en el horizonte de previsión, España mantendría el saldo positivo de la balanza por cuenta corriente y que, por primera vez, la renta per cápita española superaría a la italiana, si utilizamos las paridades de poder adquisitivo para corregir las diferencias en el coste de las cestas de consumo.

 

También para Estados Unidos se revisa al alza en 0,2 p.p. la previsión de 2018 (2,9%) y de 2019 (2,7%), una vez incluidas en el escenario las rebajas impositivas introducidas por Trump y el aumento del gasto aprobado por el Congreso. Sin embargo, el FMI opina que la administración americana está comprando crecimiento a corto plazo a costa de aumentar los desequilibrios, lo que puede terminar ocasionando un coste a partir de 2020. Un ejemplo es que, en medio de los intentos de la administración americana por reducir el saldo comercial negativo por vías poco ortodoxas, el FMI advierte que la política fiscal de la administración Trump añadirá 150.000 millones al desequilibrio externo el próximo año, que tendrá que financiarse externamente. De hecho, según el FMI, la política fiscal procíclica americana más la descontrolada política comercial pueden terminar provocando un endurecimiento mayor de lo esperado en las condiciones monetarias por sus efectos potencialmente negativos en los salarios y precios.

 

Esa incertidumbre sobre el rumbo de la política económica americana y sus efectos sobre la inflación a medio plazo se unen a los riesgos que lleva destacando el FMI en sus últimos informes (elevado endeudamiento global, etc) y, todos ellos, aumentarían la fragilidad en el largo plazo de la economía mundial. En este sentido, el segundo mensaje, que se extrae de todo lo publicado, es que ha empezado la cuenta atrás de este ciclo, pues la probabilidad de un enfriamiento de la actividad a partir de 2020 empieza a ser significativa. Algo que también empiezan a descontar los mercados, como refleja el descenso de la pendiente de la deuda en Estados Unidos hasta 40 puntos básicos (mínimos desde 2007).

 

En este contexto, el FMI considera que es un buen momento para aprovechar la oportunidad y establecer políticas que permitan apuntalar el dinamismo actual hacia un horizonte de más largo plazo. Es decir, la idea más importante de los informes es que no se debería desaprovechar este período de bonanza para realizar las reformas que exigen muchas economías y para recuperar grados de libertad tanto por el lado monetario, como por el lado fiscal. Con las economías desarrolladas creciendo por encima de su potencial, tanto en 2018 (2,5%), como en 2019 (2,2%), el enfoque de la política económica no puede ser el mismo que el de hace dos años. Resumiendo, el FMI pide que: 1) los bancos centrales sigan retirando los estímulos; 2) los reguladores enfrenten las vulnerabilidades del sistema financiero mediante herramientas de política financiera y regulatoria; 3) la política fiscal pierda el carácter procíclico; y 4) los países de baja renta acumulen reservas y colchones fiscales contra los riesgos externos.

 

Es decir, el FMI saca a colación la delgada línea en la que se moverán los bancos centrales a partir de ahora. Por un lado, tienen la necesidad de aproximar, lo máximo posible, los tipos de interés a la zona neutral, ya que las tasas de paro en buena parte de la OCDE se están aproximando a niveles cercanos a los estructurales, lo que terminará arrastrando al alza a la inflación. Teniendo en cuenta, además, que la política monetaria expansiva explicaría, en parte, el aumento de la vulnerabilidad financiera que el FMI traduce en unos niveles alcanzados por la deuda global equivalentes a 164 billones de dólares (225% del PIB, 12 puntos porcentuales más que el máximo de 2009). De esta manera, parece que el FMI pide a los bancos centrales que aprieten, pero no ahoguen, en los 20/24 meses que pueden quedar hasta un posible cambio de tendencia en el ciclo. En el lado de la política fiscal, las recomendaciones son más explícitas. Los gobiernos deberían aprovechar el buen tiempo para intentar cerrar el componente estructural del déficit y acelerar la reducción de la deuda pública acumulada. Las excepciones a esta recomendación general serían Holanda y Alemania, países en los que el FMI percibe margen para realizar una política fiscal expansiva, precisamente, donde las autoridades económicas no parecen muy dispuestas a aprovecharla. En definitiva, para el FMI ha llegado el momento de retirar las políticas económicas de expansión de la demanda, ya que a estas alturas del ciclo son innecesarias. Es tiempo para llenar el granero de cara al invierno. Todos sabemos a quién va dirigido el mensaje, lo que no parece tan claro es que vaya a ser escuchado.  

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