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Publicado en INTERNACIONAL Viernes, 04 de mayo de 2018 08:30

El uso de la capacidad instalada de la Eurozona se sitúa en el 84,4%, respecto al promedio histórico de 80,7%

Intermoney | La moderación de la inflación en la Eurozona no debe llevar a la sobrerreacción. La acumulación de cifras débiles en la zona euro puede llevar a articular discursos erróneamente negativos, pero debemos tener presentes mejoras en algunos ámbitos.

 

Así, los buenos datos del mercado laboral continúan (la CE espera un crecimiento del empleo del 1,3% en 2018), la política monetaria del BCE sigue siendo francamente expansiva, el euro se sitúa en niveles de equilibrio frente al dólar y el uso de la capacidad instalada en el área se sitúa en 84,4% respecto al promedio histórico de 80,7%. Una elevada capacidad instalada que contrasta con el retraso de la inversión en la UEM durante la actual fase expansiva.

 

Luego, existen motivos para esperar un desempeño favorable del consumo y la inversión en la zona euro en el corto plazo, mientras que el euro no estaría lastrando de forma decisiva las exportaciones y el BCE seguiría impulsando la economía al dar amparo a tipos reales negativos en un escenario presidido por una política fiscal neutral. En este contexto, cabe quedarse con el posicionamiento de un persona clave dentro del BCE como es su economista jefe, Peter Praet.

 

Praet considera que el crecimiento de la zona euro sigue siendo sólido y achacaba el freno observado a factores excepcionales que ya hemos tratado en ocasiones anteriores, al tiempo que apreciaba pocos síntomas respecto a que el euro haya pesado en el crecimiento de la UEM durante el último año. Una apreciación, esta última, totalmente correcta ya que debemos incidir en que nuestra divisa ha pasado de unos niveles acordes con la infravaloración a otros equivalentes a la neutralidad.

 

Por lo tanto, del discurso del economista jefe del BCE nos quedábamos con dos frases: “Todavía no podemos declarar 'misión cumplida' en el frente de la inflación, pero hemos logrado un progreso sustancial en el camino hacia un ajuste sostenido de la inflación” y “Si bien (factores excepcionales) es probable que frenen la actividad económica en el corto plazo, la información reciente sigue siendo coherente con una expansión sólida y amplia de la demanda interna”.

 

El discurso expuesto es compatible con la ligera moderación de la economía de la zona euro en 2018, previendo en IM un crecimiento del 2,3% (ajustado del efecto calendario) que coincidiría con las previsiones de la Comisión Europea. La comparativa con la capacidad de crecimiento del área es lo que nos permite calificar el crecimiento como sólido o no, debiendo tener presente que el crecimiento potencial de la zona euro ronda el 1,5% y que, en 2018, la brecha respecto al mismo será positiva.

 

La Comisión Europea en la presentación de la actualización de sus previsiones articulaba un tono similar al de Praet, pues aducía factores puntuales para explicar el freno pasajero de la actividad en la UEM y confiaba en que el área siga creciendo por encima de su potencial. Una visión que ya tendría en cuenta el avance de los riesgos a la baja en forma de unos mercados más sensibles ante el ajuste divisado de las políticas de los grandes bancos centrales o las fricciones comerciales. Sin embargo, respecto al último punto, compartimos con la CE que las tensiones acabarán perdiendo vigor y estabilización del PMI tendrán un impacto limitado.

 

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