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Publicado en INTERNACIONAL Martes, 26 de junio de 2018 00:00

Turquía evita el peor escenario en las últimas elecciones, pero su situación sigue siendo un desafío

Paul Greer (Fidelity) | El paisaje político de Turquía parece que se mantendrá sin cambios después de las elecciones anticipadas del domingo. El presidente Erdogan ganó en la primera ronda con algo más de la mitad de los votos, evitando así una segunda vuelta el 8 de julio.

 

En las elecciones parlamentarias, la actual alianza AKP/MHP retuvo su mayoría en la asamblea de 600 escaños. Tras su victoria en el referéndum sobre la reforma constitucional de abril de 2017 el Presidente Erdogan ha consolidado con éxito su poder político, desechando en la práctica su rol de primer ministro y asumiendo una presidencia que ha pasado de tener un papel básicamente ceremonial a uno que goza de poderes ejecutivos.

 

Muchos de los partidarios de la oposición se han sentido frustrados con la agenda pro-islamista de Erdogan en los últimos años, que se ha visto como un alejamiento del tradicional secularismo religioso de Turquía. La dura represión de Erdogan contra los "Gulenistas" tras el fallido intento de golpe de Estado de julio de 2016 también ha tenido una reacción mixta por parte de la población. Además, el aumento del coste de la vida en los últimos meses ha pesado sobre el apoyo a Erdogan dada la elevada inflación y acusada debilidad de la lira turca. Sin embargo, las políticas de crecimiento y creación de empleo de Erdogan han cosechado beneficios en las urnas una vez más.

 

Numerosos inversores temerán que el resultado de las elecciones reduzca los controles y equilibrios sobre el presidente Erdogan y debilite aún más la fortaleza de las instituciones turcas. Sin embargo, su victoria evita el peor de los escenarios para Turquía, donde los votos presidenciales y parlamentarios se han movido en vías diferentes. Algo que podría haber iniciado un período de profunda inestabilidad, con parálisis política, toma de decisiones ineficaces e incluso la posibilidad de otras elecciones parlamentarias anticipadas. Todos los ojos estarán puestos en el nombramiento de los ministros de Erdogan, y los mercados vigilarán de cerca si se nombran reformistas pragmáticos.

 

Con este resultado, los mercados turcos deberían disfrutar una pequeña recuperación dado que la incertidumbre política se ha eliminado. Sin embargo, el panorama a medio y largo plazo para Turquía sigue siendo un desafío, y es muy poco probable que las profundas reformas estructurales que tanto se necesitan se materialicen pronto. El país sigue luchando contra muchas vulnerabilidades macro, incluidas la inflación persistente de dos dígitos, un gran déficit por cuenta corriente, una tasa de ahorro baja, una política fiscal poco eficaz y una alta necesidad de financiación externa.

 

Aparte de Turquía, las perspectivas a corto plazo para los mercados emergentes siguen siendo un reto ya que la reducción de los balances y retirada de liquidez de la Reserva Federal y el BCE continuarán. Además, creemos que las monedas emergentes probablemente seguirán bajo presión pues el dólar continúa beneficiándose de un diferencial de tipos de interés favorable y de la reforma fiscal de Estados Unidos. Y los mercados emergentes también se enfrentan a los vientos en contra que suponen la desaceleración del crecimiento, el aumento de la inflación y el proteccionismo global.

 

Con todo esto en mente, seguimos siendo neutrales en los mercados locales turcos pero mantenemos una pequeña sobreponderación en el crédito externo turco pues pensamos que tiene un precio atractivo frente a sus pares soberanos de los mercados emergentes.  

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