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Publicado en INTERNACIONAL Lunes, 03 de diciembre de 2018 00:00

La tregua comercial jugará a favor de las bolsa y la estrategia de la Fed alterará la deuda pública

Intermoney | El acercamiento entre Estados Unidos y China en materia comercial jugará a favor de las bolsas en el inicio de la semana, a pesar de estar ante un “alto el fuego” que no garantiza la ausencia de tensiones durante los 90 días que se han dado ambos países para encontrar una solución negociada a sus diferencias.

 

De momento, lo único seguro es que Estados Unidos no endurecerá sus aranceles a los productos chinos el día 1 de enero y que China tampoco dará un paso así. Sin embargo, de no alcanzarse un acuerdo en el plazo señalado de 90 días, automáticamente Estados Unidos aumentará los aranceles a 200 mm. $ en productos chinos del 10% al 25%.

 

A efectos prácticos, se ha conseguido una prórroga de un par de meses de la actual situación, pero todavía queda mucho por hacer. El escenario sólo difiere de la “amable” conversación telefónica de Trump y Xi de principios de noviembre en que ambas partes se han dado un plazo explícito para negociar, mientras que el resto cambia poco. Los estadounidenses y chinos enfatizan el tono cordial, al tiempo que los primeros recalcan un compromiso de los segundos que no es nuevo: el aumento de las importaciones de productos (incluidos los de Estados Unidos) de acuerdo con las necesidades del mercado interno y la población china con el fin de aliviar el desequilibrio comercial. 

 

La anterior promesa ya ha sido realizada por China en el pasado cercano, aunque esta vez parece que los chinos estarían dispuestos a reanudar rápidamente las importaciones de productos energéticos y agrarios desde Estados Unidos. Sin embargo, en nuestra opinión y aunque creemos que Trump acabará por firmar un acuerdo con China en 2019, estamos ante un respiro temporal y el último episodio de tensión a este respecto no se ha escrito aún. La nueva y heterodoxa estrategia negociadora de Estados Unidos garantiza que en los próximos 90 días se volverá a poner el acento en la falta de avances y resurgirá la posibilidad de gravar todos los productos chinos para, a continuación, volver a rebajar las tensiones.

 

Los “cambios estructurales sobre la transferencia forzada de tecnología, la protección de la propiedad intelectual, las barreras comerciales no arancelarias, las intrusiones cibernéticas y el robo cibernético, los servicios y la agricultura” no son cuestiones fáciles, en especial, algunas de ellas porque implican el control del conocimiento en áreas críticas de las que dependerá el liderazgo global y no sólo en lo económico. Así que todavía quedan episodios de fricción que escribir a este respecto, aunque seguramente lleguemos a un acuerdo comercial en 2019 que es necesitado por Trump como aval a su labor, si bien éste supondrá un cierre en falso. La amenaza china es muy real y difícilmente abordable en todos los campos y no sólo en el económico. En cuanto al segundo, una buena prueba de ello residía en que, a mediados de noviembre, el comercio chino ya había superado sus registros del conjunto de 2017 al crecer un 15% y cerrar esta brecha será muy difícil. Mientras tanto, en Europa parece que no queremos afrontar este desafío.

 

Desde el punto de vista de unos mercados cada vez más dominados por el cortoplacismo, los compromisos adquiridos por Estados Unidos y China serán suficientes para afrontar el arranque semanal con un tono más positivo. El comercio dará un respiro temporal, ayudado también por la firma de unnuevo pacto comercial de América del Norte (USMCA) entre Estados Unidos, México y Canadá, pendiente de ser aprobado por los respectivos Parlamentos para que entre en vigor. Asimismo, el compromiso del G-20 para reformar la Organización Mundial del Comercio será bien recibido.

 

No obstante, el protagonismo de Estados Unidos durante la semana irá mucho más allá de las cuestiones comerciales. Por un lado, el techo del gasto volverá a estar presente, aunque el propio presidente estadounidense apunta que podría lograrse fácilmente una prórroga de dos semanas antes de la fecha límite del 7 de diciembre. Otra cuestión es que ocurrirá más allá, dado que Trump es quien utiliza la amenaza de cierre de la administración federal como arma para obtener financiación destinada a algunas de sus medidas migratorias más polémicas.

 

En paralelo, tampoco habrá que dejar de lado el comportamiento de los treasuries. En la última semana, los inversores extrapolaron un tono “dovish” de las palabras de Jerome Powell y las actas del último FOMC; un hecho que sirvió para avalar las dudas hacia el futuro de las subidas de tipos de la Reserva Federal que se reflejaron en un 10 años que coquetea con el 3%. Esta situación, a su vez, contribuye al aplanamiento de la pendiente 2-10 años americana hasta rondar los +20 p.b.; un movimiento que suele alimentar el debate sobre el cambio de ciclo pero que, en esta ocasión, iría en contra del escenario previsto por el mercado para Estados Unidos al ser éste acorde con un crecimiento del 2,6% en 2019.

 

Los mercados estarían apostando en contra de la senda de tipos ofrecida por la Reserva Federal, apoyándose en cuestiones como su intención de vincular las subidas de tipos al comportamiento de los datos. Sin embargo, seguramente, los indicadores macro seguirán jugando a favor de la estrategia de la institución. De hecho, el propio presidente de la Fed ya se mostraba tajante al manifestar: “mis compañeros del FOMC y yo, como también muchos economistas del sector privado, estamos previendo un crecimiento sólido, bajo desempleo y una inflación próxima al 2%”. En consecuencia, podremos asistir a una semana con ruido en la deuda de Estados Unidos, dado que los mercados tratarán de aferrarse a un final próximo de la estrategia de salida de la Fed que no encontrará sustento ni en el discurso de Powell ante el Comité Conjunto del Congreso, ni en el Libro Beige, ni en los datos.

 

Las referencias macroeconómicas serán positivas en Estados Unidos y, únicamente, las órdenes de bienes duraderos y la balanza comercial pondrán la nota discordante, aunque la segunda lo hará como consecuencia del propio buen momento de Estados Unidos al registrar un déficit que rondará los -55 mm. $ en octubre. En cuanto a las órdenes, éstas confirmarán su mal comportamiento en el mes de octubre (-4,4% m.) pero se verán acompañadas de la resistencia de los embarques de bienes de capital sin tener en cuenta partidas volátiles (0,3% m.).

 

Entre los datos positivos, los más importantes se publicarán en la parte final de la semana. En concreto, se dará a conocer un nuevo avance de las nóminas no agrícolas que, en noviembre, rondará la cifra de 200.000. Esto, junto con el mantenimiento del crecimiento de los salarios en tasas no vistas desde el año 2009 (3,1% a.), evidenciará un mercado laboral en pleno empleo y el empuje de las presiones inflacionistas.

 

Luego, las referencias macroeconómicas que conoceremos esta semana continuarán apoyando el endurecimiento gradual de la política monetaria estadounidense, sin olvidar que datos como los del mercado laboral apoyarán el dinamismo de la renta disponible real de los americanos (2,8% a.) y, a su vez, al consumo a corto plazo. El escenario previsto para el futuro económico cercano en Estados Unidos sigue siendo optimista; una cuestión que se verá reforzada por la continuidad del avance de la productividad por hora en 1,3% a. en el 3tr18 y el mantenimiento de los ISM en cifras elevadas en el mes de noviembre, con el de servicios en niveles de 59 puntos.

 

La publicación de indicadores adelantados no se ceñirá únicamente a Estados Unidos, pues en la Eurozona se darán a conocer los PMIs finales de noviembre, si bien éstos no harán más que confirmar las peores perspectivas para la UEM dada la caída del índice compuesto hasta 52,4 puntos (mínimo de cuarenta y siete meses). De hecho, el retroceso de los PMIs, en especial, del manufacturero hasta 51,5 puntos, pone en evidencia el mantenimiento de las dificultades en el sector industrial de la zona euro durante la parte final de 2018. Una circunstancia que será ratificada por los datos publicados en Alemania; mientras las órdenes industriales reflejarán un comportamiento modesto en octubre acorde con sus debilidades de fondo, la producción fabril ofrecerá una imagen también caracterizada por la tendencia a la baja. Sin No obstante, el dato alemán de producción industrial podrá ser engañosamente positivo gracias a la construcción.

 

La realidad del mal segundo semestre del año en Alemania ha llevado a la patronal industrial germana BDI a recortar su previsión de crecimiento para 2018 desde 2% hasta 1,5%. Unas previsiones apoyadas también en el deterioro del consumo privado. El viernes, conocíamos que las ventas minoristas alemanas caían un -0,3% m. y un -0,8% trim. en octubre; unas cifras que no impedirán que la misma serie para el agregado de la Eurozona avance un tímido 0,2% m. apoyándose en los datos de España (0,9% m.) y Francia (0,8% m.).

 

Sin dejar el agregado de la UEM, en los próximos días también se publicará el PIB final del 3tr18, el cual corroborará la desaceleración del crecimiento en el área hasta 0,2% trim.; una cifra que podría repetirse en el último trimestre del año debido a los problemas existentes en países como Italia. El viernes, el PIB italiano del 3tr18 sorprendía a la baja (-0,1% trim.) frente a los primeros cálculos acordes con una situación de estancamiento. La caída del -0,1% trim. del consumo de los hogares y, sobre todo, el retroceso de la inversión en un -1,1% trim. más que compensaban el aporte positivo de la demanda externa, al tiempo que se dibuja un futuro también complicado para la industria transalpina durante el último trimestre de 2018.

 

El economista jefe de la patronal italiana Confindustria no descartaba la posibilidad de que la tercera economía de la UEM entre en recesión, dado que su escenario central acorde con una situación de estancamiento en el 4tr18 está presidido por los riesgos a la baja como apunta el desempeño de los indicadores de confianza. Por lo tanto, el crecimiento real de Italia del 1,5% en 2019 (3,1% en términos nominales) esperado por las autoridades del país se plantea cada vez como más improbable. En IM estimábamos un crecimiento de Italia próximo al 1% en 2019 y, ahora, no descartamos que pueda llegar a situarse por debajo de esa cifra como consecuencia del menor efecto arrastre positivo de 2018. Por lo tanto, las filtraciones apuntando que el primer Ministro y el ministro de Economía de Italia están trabajando en la rebaja del déficit previsto para 2019 desde 2,4% hasta 2% no tiene ningún valor, dado que sus supuestos parten de un escenario macro irreal. 

 

La información política italiana volverá a estar presente a lo largo de la semana y compartirá protagonismo con la británica, pues en el Parlamento de Reino Unido se discutirá la propuesta del “Brexit” firmada con la UE antes de su votación el próximo día 11 de diciembre. De momento, el posicionamiento del Partido Laborista viene a enturbiar aún más dicha cita, pues adelanta que planteará una moción de censura si May pierde esa votación.

 

En consecuencia, el ruido político seguirá presente en los mercados y convivirá con los movimientos de los treasuries. La primera parte de la semana estará marcada por el aplanamiento de la curva estadounidense, mientras que, el viernes, podemos asistir a un ajuste brusco del 10 años americano después de los buenos datos de empleo en Estados Unidos. Unos datos que chocarán con las expectativas de los inversores que ponen en duda las subidas de tipos de la Fed.

 

En el ámbito emergente, los datos más relevantes los encontraremos en las reservas internacionales y los PMIs de China, aunque la atención se postrará también sobre Brasil. Unos días después de publicarse que el PIB brasileño repuntaba un 0,8% trim. en el 3tr18, conoceremos que la inflación se situó en 4,2% a. en octubre y dentro del rango objetivo del Banco Central de Brasil.

 

Finalmente, tampoco habrá que perder de vista al crudo, pues la OPEP se reunirá este jueves en Viena y, seguramente, acuerde una reducción de la producción del cártel. En palabras del presidente de la organización: “Soy optimista, creo que lograremos un buen acuerdo para hacer ajustes de la producción a la baja”. Un paso clave, si se quiere equilibrar un mercado golpeado por la mayor producción de Estados Unidos y la permisividad hacia Irán que dan respaldo a unos precios del WTI cercanos a 61$/barril.  

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