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Publicado en INTERNACIONAL Viernes, 15 de marzo de 2019 00:00

La generosidad del BoJ nos seguirá acompañando y corre el riesgo de tener que ser reforzada

Intermoney | El final de la semana ha estado marcado por la última reunión de política monetaria del BoJ, la cual no aportaba novedades al ratificar la predisposición de la entidad para reforzar las medidas de apoyo ante el escenario que desaceleración global que latraría a la economía nipona.

 

 

 

De momento, los últimos datos en Japón apuntan que la balanza se inclina hacia el lado de mayores estímulos, dado el desempeño desfavorable de algunos indicadores clave. Un buen ejemplo de ello eran las órdenes de maquinaria excluidos barcos y equipo destinado al sector eléctrico, pues éstas caían un -5,4% m. y -13,5% trim. a. en enero mientras que las condiciones económicas percibidas por las grandes empresas niponas sufren un destacado deterioro que resulta más acusado en el caso de las compañías manufactureras.

 

Las cifras de exportaciones y producción industrial de principios de 2019 también han sido desfavorables en Japón, dado que las exportaciones en enero descendían un -8,4% a. (-20,8% a. destinadas a China) y la caída del -3,7% m. de la actividad fabril en el mismo mes dejaba su tasa interanual en 0%. No obstante, el aspecto que más tienen en cuenta en el BoJ es la evolución de los indicadores de precios y ésta resulta mejorable. El IPC nipón excluidos alimentos frescos se sitúa en 0,8% a. y los precios de producción de febrero también igualaban la cifra de 0,8% a.

 

En este contexto, las perspectivas hacia los salarios en Japón parecen resquebrajarse. El próximo 1 de abril empezará el nuevo año fiscal nipón y, en estos momentos, empresas y sindicatos negocian distintas cuestiones laborales, poniéndose el acento en la dispersión de los salarios, la productividad y la conciliación. Las anteriores prioridades explican la menor beligerancia para demandar alzas salariales; situación reforzada por la menor agresividad de los sindicatos japoneses a la hora de negociar como consecuencia de la mayor importancia que asignan a la seguridad laboral.

 

La situación descrita se conjuga con el aumento de los trabajadores a tiempo parcial y eventuales hasta sumar el 40% del total en Japón y estos no se encuentran sindicalizados. De forma que el poder de negociación de los sindicatos japoneses también se ha visto erosionado. Sin embargo, a efectos prácticos, lo importante es que las empresas japonesas han puesto el acento en la reducción de las diferencias retributivas entre los trabajadores fijos a tiempo completo y aquellos empleados tiempo parcial o los eventuales. A cambio, las subidas de salarios a los empleados a tiempo completo serán menores en Japón, planteándose que éstas pueden alcanzar el 2,15% frente al 2,26% del año anterior aunque no deben descartarse cifras menores. La incertidumbre hacia el futuro y el efecto de cuestiones como el alza del IVA en octubre hacen que las empresas se muestren reacias a aumentar sus costes fijos. Por el contrario, la combinación de alzas salariales contenidas con el incremento del IVA puede ser contraproducente para unas tasas de inflación ya de por sí débiles.

 

Mientras tanto, las compañías en Japón también prefieren dedicar sus recursos a recomprar acciones y mejorar la retribución a sus accionistas antes que a incrementar los pagos a sus trabajadores. De forma que la estrategia del primer Ministro, Shinzo Abe, consistente en forzar a las empresas a subir salarios de forma apreciable y así potenciar el avance del consumo, arrastrando al alza a los precios, no está funcionando. En enero, la actualización de las previsiones del BoJ ya parecía adelantar esta situación al rebajarse el IPC esperado para 2019 (ex alimentos frescos) desde 1,6% hasta 1,1%. Una cifra que se quedaría en 0,9%, una vez descontado el efecto del alza del IVA en octubre y de ciertas políticas vinculadas con el sector educativo.

 

En conjunto, la generosidad del BoJ nos seguirá acompañando y corre el riesgo de tener que ser reforzada y no solo por cuestiones nacionales, pues el freno de China y sus ramificaciones también pesará. La industria china avanzaba un 5,3% a. en el arranque del año y cosechaba su peor cifra desde 2009, viéndose arrastrada por el mal desempeño de la producción de automóviles (-15,1% a.). No obstante, preferíamos quedarnos con el freno de la producción eléctrica (+2,9% a.) que reafirma la desaceleración del gigante asiático. En la misma línea, asistíamos a un paso más en la moderación de las ventas minoristas en China, lo cual volvía a generar gestos por parte de las autoridades chinas garantizando nuevos estímulos y la lucha contra los desequilibrios.

 

En este contexto, la autoridad estadística china se ha apresurado a adelantar la mejora del consumo en marzo y la estabilidad del crecimiento. Un gesto que sirve de poco al igual que el compromiso del PBoCh para mantener la estabilidad financiera y evitar que golpeen al país “rinocerontes grises”, es decir, riesgos altamente obvios pero ignorados. El principal “rinoceronte gris” en China sería la deuda, pero otro importante son los excesos inmobiliarios y los últimos datos generan inquietud. La inversión inmobiliaria volvía a acelerar hasta crecer un 11,6% a. en febrero, lo cual implicaba el mayor rimo desde otoño de 2014. Un dato que nos preocupa, dado que las autoridades chinas podrían estar siendo más permisivas en determinados ámbitos caracterizados por los desequilibrios con el fin de evitar un freno mayor de la economía.

 

La realidad es que China empieza a necesitar un revulsivo que vaya más allá de los estímulos articulados por sus autoridades y resulta cada vez más improbable que éste sea la rúbrica de un acuerdo comercial con Estados Unidos. La parte positiva de este hecho ya está descontada, pudiendo pesar más los detalles del mismo al antojarse que jugarán en contra de los intereses chinos e, indirectamente, de otros países. Además, Trump vuelve a hacer gala de su estrategia negociadora poco heterodoxa y abre la puerta a que se dilaten los tiempos, apuntándose ya que el encuentro entre él y Xi Jinping puede llegar tan pronto como en abril.

 

Alemania es uno de los países que, indirectamente, puede verse más afectado por las condiciones de un potencial acuerdo comercial Estados Unidos-China, pero también por la prolongación del ruido comercial. En esta línea, el instituto IFO ponía el acento en las disrupciones que afectan a la demanda externa germana para justificar el recorte de su previsión para 2019 desde 1,1% hasta 0,6%. Entre los grandes exportadores se encuentra el sector del automóvil que suma cerca del 20% de las ventas al exterior de bienes de Alemania y desde el instituto IFO se apuntaba directamente que podría no sumar al PIB en el presente año. De forma que el instituto germano convertía al previsto avance del gasto público en un 2,6% en 2019 en el principal puntal del PIB alemán. Un apunte positivo que se sumaba a su previsión de crecimiento de 1,8% para Alemania en 2020, la cual se antoja cuanto menos optimista.

 

De momento, el viernes a primera hora, conocíamos que el deterioro de las matriculaciones en la UE volvía a frenarse al situarse en -1% a. en febrero, confirmando las señales de estabilización si observamos las tasas mensuales ajustadas de estacionalidad. La anterior señal, si tomamos perspectiva, es positiva para Alemania, pero insuficiente para borrar el modesto inicio de año por parte de su PIB. En esta línea, el ministro de Economía de Alemania ya alertaba de la debilidad de la industria y del avance sólo moderado de la actividad en el 1tr19. Ante este trasfondo, se justifican las cesiones del bando duro del BCE y la nueva guía de tipos de la entidad que no se verá puesta en entredicho por el dato final de IPC de la UEM de febrero (+1,4% a.). Así, tornarán más interesantes las órdenes industriales de Italia al recordar las debilidades del país y las declaraciones del presidenciable (BCE) Olli Rehn.

 

 

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