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Lunes, 18 de diciembre de 2017
Publicado en OPINION Viernes, 06 de octubre de 2017 00:00

Pendientes de la independencia unilateral

Fernando G. Urbaneja | El gobierno catalán y su mayoría parlamentaria han hecho todo el recorrido hasta su objetivo final: una declaración unilateral de independencia que coloque de rodillas al gobierno español para que la acepte lo que piden con condiciones muy favorables para construir ese nuevo estado, como sea. Aspiran a una rendición más que a un acuerdo, aunque no cejan en pretender un diálogo, una mediación; eso sí, sin renuncia a sus objetivos.

 

 

Pocos imaginaban hace pocas semanas que el golpe secesionista pudiera llegar tan lejos. El gobierno de Rajoy insistía en público (y en privado) que tenía controlada la situación, que pararían en seco el proceso independentista. Han fracasado, los sediciosos tenían estrategia y táctica, abundantes recursos, base social, capacidad de movilización y una gestión muy hábil y profesional del marketing político y de las redes sociales.

 

Han construido una doble legalidad: la propia, emanada de su Parlamento, superadora de la Constitución Española, que queda arrincona, sin vigencia, calificada de opresora e injusta. La legalidad constitucional no sirve salvo que interese a sus objetivos. Han construido el YO del leal pueblo catalán, justo, pacífico, de gente buena; frente al OTRO, español, que ni siquiera es nación, que es casposo (CASPAÑA), que es violento, opresor, fascista.

 

Han utilizado a niños y mayores frente a unos policías a los que se encomendó una misión imposible. Han contado mentiras sin cuento ni rubor, más gordas incluso que las que caracterizaron la campaña del Brexit o la elección de Trump.

 

La crónica de este mes que asombró a catalanes, españoles y europeos; un mes que va desde las sesiones del Parlamento catalán a principios de septiembre para anular la Constitución, hasta el simulacro de referéndum plagado de irregularidades que obligan a negar el carácter de consulta homologable y a la próxima sesión del Parlamento catalán que debe sacar las consecuencias del falso referéndum en forma de declaración unilateral de independencia.

 

La severa intervención del rey de España el martes colocó el problema en una dimensión de gravedad y urgencia que no admite apaño; el rey pidió restaurar la legalidad constitucional y la democracia efectiva. Y a partir de ese momento la situación ha empezado a equilibrarse y los sediciosos pierden terreno y guion. La salida inmediata de varias empresas de cabecera de Cataluña para llevar su sede social a otras ciudades españolas ha significa un cambio de plano al proceso con una prueba fehaciente de que sus consecuencias no son tan amables y felices como prometían.

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