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Jueves, 14 de diciembre de 2017
Publicado en OPINION Martes, 10 de octubre de 2017 00:00

¿Descarrila la independencia unilateral?

Fernando G. Urbaneja | Hace pocos días, una semana, la declaración unilateral, y sediciosa, de independencia de Cataluña parecía un acontecimiento previsible, casi inevitable. También crecían las dudas sobre la efectividad de semejante decisión ya que a la declaración puede seguir el vacío, el no reconocimiento y el limbo.

 

Lo evidente es que la democracia española quedaba herida y el prestigio de la transición dañado. El ejemplar proceso constitucional español, con cuarenta años de feliz desempeño tropieza con un serio interrogante, ya que la secesión de una parte del territorio y la ciudadanía supondría fracaso colectivo, democracia fallida con consecuencias de difícil evaluación, pero claramente negativas. Un juego de pérdida para todos.

 

Mañana el presidente del gobierno catalán se propone explicar ante el Parlamento de Barcelona el alcance y los efectos del pseudo-referéndum del pasado 1 de octubre, que nadie ha querido avalar. Buena parte de sus compañeros de coalición quieren que el Parlamento proclame, a las bravas, la independencia, mientras que otros consideran que lo recorrido es mucho y que es momento de consolidar posiciones y de aplazar una decisión que lleve al fracaso.

 

Mientras tanto el gobierno de España con Rajoy al frente se mantiene flemático, paciente, resistente, como dando oportunidad a los sediciosos para que vuelvan al orden constitucional y abran nuevas oportunidades a una hipotética negociación. ¿Acierta Rajoy entregándose a la templanza mientras algunos de sus antecesores, Felipe González y José María Aznar, advierten de que ellos ya habrían suspendido la autonomía (como Blair hizo en Irlanda)?

 

El discurso del Rey Felipe VI el martes, que tiene una aprobación próxima al 70% entre los españoles, la decisión de decenas de empresas de cabecera de trasladar sus sedes sociales fuera de Cataluña y las masivas manifestaciones en Barcelona y otras ciudades, de españoles y catalanes contra la independencia, han cambiado el paso y proporcionan otra dinámica al proceso.

 

Además los procedimientos judiciales abiertos contra los independentistas por haber desbordado la Constitución con actos manifiestamente ilegales que están contemplados en los códigos y castigados con penas severas, abre otra dimensión a lo que pueda pasar durante los próximos días. Por un lado los sediciosos tratarán de alejarse de un Estado que puede llevarles a prisión, pero por otro les empuja a una negociación que les evite riesgos nada confortables.

 

La sociedad catalana está fracturada y la española entre irritada y desconcertada. Recomponer la estabilidad y el proyecto nacional va a requerir tiempo y despliegue de políticas inteligentes. El proceso pasará, antes o después, por unas elecciones en Cataluña y en España que alumbren otro mapa parlamentario que refleje la realidad de las preferencias electorales que, muy probablemente, darán un cuadro distinto del salido de los últimos comicios de 2015/16.  

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