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Publicado en OPINION Lunes, 22 de octubre de 2018 08:00

Los tipos subirán, los bancos ganarán dinero y las bolsas europeas recuperarán la rentabilidad perdida

Ofelia Marín-Lozano (1962 Capital SICAV) | En los últimos años, uno de los comentarios más repetidos cuando se recomienda invertir en Bolsa europea suele ser el siguiente: ¿Por qué razón deberíamos invertir en Bolsa europea si la americana, año tras año, produce mayores rendimientos?

 

Vamos a intentar resumir, en unos pocos gráficos, cuál ha sido realmente el comportamiento diferencial entre ambas bolsas, tomando una perspectiva histórica suficientemente amplia. Cuando hablamos de Bolsa europea (o más concretamente de la zona euro) o de Bolsa americana, en general, solemos referirnos a los índices bursátiles más representativos: el Euro Stoxx 50 en el caso de la zona euro, o el S&P 500 en el caso de Estados Unidos. La comparación más fácil, inmediata, es la que proviene de recordar la cotización, en puntos, de ambos índices.

 

 

En el gráfico anterior podemos ver cuál ha sido la evolución, en puntos de índice, tomando como base 100 en ambos casos, su cotización en enero de 1997, hasta la fecha. Casi 22 años de historia (que coinciden con el nacimiento del índice Euro Stoxx 50), en los que podemos observar, a grandes rasgos, que en los 14 primeros, el S&P 500 y el Euro Stoxx 50 discurrían de forma casi paralela (con la excepción de un comportamiento claramente mejor del europeo en el período 1999-2002). Solo a partir de 2011, y hasta el momento presente, se observa un comportamiento sostenido claramente mejor del S&P 500.

 

 

Comparar ambos índices, en puntos, no nos da, sin embargo, una correcta visión de cuál ha sido su rentabilidad para un inversor. Un europeo que compra Bolsa americana y europea, compara su rentabilidad en una única divisa (el euro). El americano hace el mismo juicio en dólares. Y la oscilación en tipo de cambio en las dos últimas décadas ha sido más que notable. Desde 1997 hasta 2002 el euro se depreció muy notablemente frente al dólar. Y entre 2005 y 2011 se apreció de forma muy significativa. Ajustando los índices a una misma divisa (el euro), e incorporando la rentabilidad por dividendo ofrecida por ambos, podemos observar cuál ha sido el auténtico retorno para el accionista en euros.

 

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