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Domingo, 26 de mayo de 2019
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Publicado en OPINION Martes, 26 de febrero de 2019 00:00

Pon que sí hasta que el test te deje invertir

Manuel Moreno Capa | La Comisión Nacional del Mercado de Valores ha lanzado una seria advertencia a quienes distribuyen fondos de inversión: durante 2019, el regulador va a poner la lupa sobre los llamados test de idoneidad. Ya saben, esa batería de preguntas que le hacen a usted cuando va a invertir en cualquier producto financiero que no sea un simple depósito bancario.

 

Ánimo, CNMV: seguro que sus inspectores descubren que un taxista jubilado, o un ingeniero de caminos sin apenas conocimientos financieros, o un informático que lo sabe todo sobre la nube pero nada sobre la prima de riesgo, tiene claro lo que es un warrant o una PUT, conoce en profundidad los riesgos de los valores de renta variable y está dispuesto a asumir considerables minusvalías en un simple fondo de renta fija mixta que ha querido suscribir… Estoy totalmente de acuerdo con las inquietudes del regulador, porque en muchos de esos test se sigue la norma de “tú pon que sí hasta que el sistema te deje invertir en ese fondo…”. Porque si los inversores contestaran con sinceridad absoluta a esos test, pocos podrían invertir fuera de un simple fondo monetario (y eso que también estos tienen riesgos).

 

Yo creo que quien tiene que hacer el test de idoneidad es quien asesora sobre fondos, pero, sobre todo, quien se limita a vender fondos como si fueran calcetines o incluso supuestos trajes a medida. Es él quien debe responder de lo que le está colocando al inversor y de que este inversor (a menudo simple ahorrador que busca algo más del 0,0 por ciento que ofrecen los productos bancarios tradicionales, eso sin descontar la inflación) sabe a lo que se expone. Lo contrario es suponer que la cultura financiera del español medio está a un nivel que aún tardará años en alcanzar. Pero seguro que si el asesor (que sí lo suele hacer) o el simple distribuidor (que apenas lo intenta) se esmera por conocer a su cliente, podría responder de lo que le está ofreciendo e incluso cubrirse las espaldas: no hay rentabilidad sin riesgo, y cualquier inversor que hoy día pida al menos batir a la inflación (no digamos ya a un índice de cualquier mercado, algo que muy pocos fondos consiguen), debe asumir que tiene un cierto riesgo de pérdida, al menos en plazos cortos.

 

Y que nadie se confunda: no es lo mismo colocar un fondo de inversión con más o menos riesgo a corto plazo, que engañar con auténticos productos tóxicos como las pésimamente vendidas preferentes, por ejemplo.

 

Formemos, por tanto, al asesor y al distribuidor. No hagamos recaer la carga de la prueba sobre un supuesto inversor bien formado que se ve obligado a decir que sabe de casi todo para poder invertir en cualquier fondo medianito… Un mero mecanismo burocrático que permite a la entidad cubrirse las espaldas con un papelito lleno de “síes” que igual podría rellenar un chimpancé con un lápiz.

 

¿No sería más fácil que la entidad, tras estudiar de verdad el perfil del potencial inversor, le mostrara claramente las prestaciones del fondo durante los últimos años, si ha batido o no a su índice de referencia, los fondos con que se puede comparar, sus comisiones…? Pero que lo hiciera con un esquema simple y fácil de entender, en un par de folios bien escritos e ilustrados, no con un documento interminable y en letra pequeña que casi nadie se lee (y si lo leyera, daría igual, porque casi nadie lo entendería) y arropado además por un test de idoneidad sólo al alcance de iniciados.  

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