Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Domingo, 26 de mayo de 2019
Pulse en el valor para ver ratios >
Publicado en OPINION Lunes, 04 de marzo de 2019 00:00

El año en que hasta Buffett lo pasó mal

Manuel Moreno Capa | ¿Lograr un beneficio neto atribuible de 3.542 millones de euros es tener un mal año? La respuesta es sí, aunque sólo si te llamas Warren Buffett y esos 3.542 millones logrados en 2018 suponen un batacazo del 91% frente a lo que ganaste en el ejercicio anterior. Con estos “mediocres” resultados de su buque insignia de inversión, Berkshire Hathaway, Buffett no debe estar muy satisfecho.

 

 

 

No hay remedio. El ejercicio pasado fue así: hasta el llamado Oráculo de Omaha tuvo un año malo o, por lo menos, tirando a flojo. Pero incluso el mismísimo Oráculo de Delfos lo hubiera tenido complicado, pese a contar con el apoyo de todos los dioses del Olimpo de la inversión. Otra cosa muy diferente es hacerlo muchísimo peor que el mercado, con o sin oráculo.

 

¿Qué decirle al inversor de a pie, el mismo que ha visto cómo prácticamente todos los fondos de su cartera cerraron el año en negativo o, en el mejor de los casos, con resultados mediocres, incapaces de batir a los índices de referencia o, siquiera, a la inflación? “¡Que por lo menos no me cobren la comisión de gestión, sobre todo si estoy pagando para que me gestionen profesionalmente una cartera!”, clamarán muchos. Y con razón.

 

Entre mis aspiraciones vitales hay una que seguramente jamás conseguiré: pagar 1.000 o 2.000 millones de euros anuales en impuestos (y hacerlo, por supuesto, desde una playa paradisíaca en las Islas Cíes y sin inmutarme). Pero también aspiro a pagar merecidísimas comisiones, del 10% o más, sobre los resultados de mis productos de inversión colectiva, siempre y cuando esos resultados lo justifiquen: si el gestor logra un 1% en los mercados, ¿con qué cara me va a cobrar después el 10% de ese 1%? Aun así, resultaría aceptable si, además, la comisión de gestión fuera bajísima y si los resultados históricos del producto fueran consistentes y compensaran de sobra un año mediocre o malo, como 2018.

 

Lo ideal sería, desde luego, contar con lo que algunas gestoras llaman marca de agua: sólo si la rentabilidad del fondo supera esa marca, establecida normalmente como una media anual, el gestor cobra esa merecida comisión de éxito. Pero si el resultado no supera la marca de agua, o es directamente negativo, la gestora debe conformarse con la comisión mínima, que ya es bastante después de que la inundación de pérdidas haya ahogado al inversor… o incluso salpicado al mismísimo Oráculo de Omaha.  

Aviso:  Acceda al contenido completo de Consenso del Mercado sumándose a nuestra Zona premium.