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Publicado en OPINION Viernes, 08 de marzo de 2019 09:00

La carta (no de amor, pero algo es algo) que me escribe una gestora

Manuel Moreno Capa | Acabo de recibir el informe mensual de un fondo gestionado por una entidad pequeña, pero muy cualificada, a la vista de sus profesionales y de sus resultados en los últimos años. En realidad, recibí primero, por correo electrónico, el aviso de que podía acceder a ese texto rápidamente, con un solo click, como se dice ahora. Así que hice click y leí la epístola que me dirigía esa gestora con la que hace muy poco decidí entablar relaciones.

 

En estos tiempos en que ya no recibimos cartas de amor, ni de amigos, ni de casi nadie, sorprende descubrir que también en el epistolario financiero on-line se pueden leer textos gratificantes como éste. Lo primero, porque el fondo en cuestión va estupendamente (y no sólo en el último mes). Pero lo segundo, porque el informe es breve, directo, sin tecnicismos, ordenado y, además, está bien editado y presentado.

 

Comienza con un buen titular: directamente, sin rodeos, te dice lo que ha ganado el fondo en el mes de febrero y, además, te lo compara nada menos que con cinco índices bursátiles ampliamente seguidos. Aunque solo bate a uno de ellos, no sale mal parado en la comparación con los otros cuatro. Repaso, en la web de la entidad, informes de meses anteriores y compruebo que el estilo es el mismo: lo primero, lo que más interesa al inversor, el resultado del fondo y su comparación con los índices, salga como salga. Lo cierto es que siempre sale bien, suba o baje el mercado: no bate a todos los índices, pero sí a algunos, o se queda muy cerca.

 

Cuando el titular es bueno, ya casi no hace falta leer la noticia, porque ya sé lo que ha hecho mi fondo el mes pasado frente a cinco índices. No uno, ni dos, ni tres: ¡cinco! Pero el texto que sigue al titular anima a la lectura. Es breve, apenas un par de folios, y está escrito razonablemente bien –tampoco pidamos a los gestores alardes literarios, simplemente rigor y claridad–. Es de agradecer que utilice un cuerpo de letra bastante grande, con amplios espacios e interlineados, con frases en negrita (ya saben, esta misma letra que acaban de leer aquí, un poco más gorda para que destaque sobre el resto) y coloreadas en azul para resaltarlas aún más. El resultado es que la epístola de la gestora se lee en un momento y se entiende sin problemas.

 

No olvidemos que al escribir –y eso debería saberlo cualquiera que tenga que hacerlo para clientes, jefes, proveedores… o para los lectores de su medio de comunicación–, el fondo es tan importante como la forma. Y en esta última no debemos caer en el descuido de usar la maldita y denostada “letra pequeña” de cuerpos diminutos y en líneas abigarradas. Es sólo uno de los numerosos vicios de una edición descuidada. Si maltratar la edición ya es grave incluso en la mejor literatura, hacerlo en textos que encima son horribles, interminables y poco claros parece un deliberado intento de desanimar, o incluso cabrear, al sufrido lector.

 

Eso fue lo que consiguió, primero desanimarme y después cabrearme, un farragoso informe que también en estos días me ha enviado una gran gestora. Para comenzar, no había ni siquiera un titular claro. Pero ya lo comentaré otro día, porque ahora hasta me aburre recordarlo. 

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