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Publicado en INTERNACIONAL Jueves, 27 de junio de 2019 00:00

Un armisticio EEUU-China eliminaría riesgos en corto, pero no acabaría con la incertidumbre que lastra la actividad real

Intermoney | El final de la semana se acerca y las cuestiones comerciales supondrán el gran punto de interés al estar ya puestas todas las miradas en el próximo G-20.

 

 

La esperada reunión entre Xi Jinping y Donald Trump está cada vez más cerca y, con ella, el resurgimiento del ruido. Ayer, los comentarios del secretario del Tesoro de Estados Unidos apuntando que el acuerdo entre Estados Unidos y China estaba cerrado al 90%, cuando las negociaciones se rompieron, fue recibido con cierta esperanza por los inversores, si bien debe tenerse en cuenta que el 10% restante del camino es el más difícil.

 

El próximo sábado no se resolverán las diferencias entre ambas partes, pero sí puede darse un armisticio. Los costes del choque comercial entre Estados Unidos y China evolucionan al alza y esto hará que ninguna de las dos partes quiera “romper la cuerda”, aunque los chinos sí podrían optar por tensarla un poco más durante la potencial reedición de las negociaciones. Las peticiones de los estadounidenses resultan muy razonables ya que, como bien apuntaba el secretario de Comercio Wilbur Ross, Estados Unidos busca “un acuerdo sensato que aborde los problemas legítimos que tenemos”.

 

El planteamiento de los estadounidenses acorde con la finalización de ciertas prácticas inapropiadas por parte de los chinos y el cierre parcial del desequilibrio comercial resulta lógico, si bien el problema es que esto supone poner fin a un sistema que ha sido muy beneficioso para China. Esta situación, junto a algunas consideraciones políticas, seguramente lleve a China a tensar un poco más la cuerda durante un potencial armisticio con el fin de ceder lo mínimo posible, a pesar de las amenazas de nuevos aranceles por parte de Trump. Además, para complicar un poco más la situación, no todo en el choque entre Estados Unidos y China son cuestiones económicas y, de hecho, las autoridades del gigante asiático sólo aceptarán un acuerdo sin perdedores y que pueda interpretarse en clave de acercamiento entre iguales.

 

En otras palabras, un armisticio eliminaría el escenario de riesgo del corto plazo y esto sería bien recibido por el mercado, pero no permitiría acabar con la incertidumbre que está lastrando a la actividad real y que se encuentra vinculada con el hecho de que muchas empresas no darán ciertos pasos hasta conocerse las nuevas “reglas de juego”. Esta situación, como hemos apuntado en múltiples ocasiones, lastra la inversión y, con ello, a la industria de bienes de capital, lo cual representa una de las causas que explicará la debilidad de la confianza industrial en la UEM durante el mes de junio y que conoceremos hoy. Un dato calculado por la Comisión Europea y que se verá acompañado por la confirmación del paso atrás de la confianza de los consumidores de la Eurozona (-7,2), contrastando con el mejor tono de la confianza en los servicios.

 

Finalmente, saliéndonos de las cuestiones habituales y ante la cercanía del 1 de julio, cabe recordar las tensiones existentes entre la UE y Suiza como consecuencia de la resistencia de los suizos a ratificar un acuerdo que supondría cimentar su acceso al mercado único de la UE a cambio de ciertas cesiones. Las elecciones parlamentarias del 20 de octubre en el país helvético están complicando la situación y las primeras medidas de presión de Bruselas para desbloquearla pasarán factura a los mercados de renta variable. A partir del mencionado 1 de julio, la UE no reconocerá como equivalentes a las suyas las reglas suizas del mercado de valores. Un hecho que ha llevado al gobierno suizo a responder con un nuevo sistema, también aplicable desde el 1 de julio, según el cual se requerirá a las bolsas de valores extranjeras la obtención de un permiso de Suiza para realizar operaciones con acciones suizas. En otras palabras, en unos días podemos encontrarnos ante un nuevo punto de distorsión en los mercados.  

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