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Publicado en Noticias Premium Viernes, 09 de marzo de 2018 08:00

Involución en la Casa Blanca

Juan Pedro Marín Arrese | Era cuestión de tiempo. Con un ideario tan cercano a la Edad de Piedra, no cabía esperar otra cosa. El anuncio de aranceles del 25% en acero y 10% en aluminio sigue esta lógica tan irracional como perversa. Tras una campaña electoral cimentada en el más rancio proteccionismo, Trump demoraba en demasía iniciar su particular cruzada en este terreno.

 

Apuntó ya maneras al desbaratar de un manotazo la paciente labor emprendida por su predecesor para tejer una amplia alianza en el Pacífico, más destinada a poner coto al expansionismo chino que a establecer una zona de librecambio en sentido propio. El tiro, como sucede en estos casos, se proyectó por la culata forzando a sus desencantados socios a olvidar pasados desencuentros con el gigante asiático, unidos como están por estrechos lazos comerciales. Simultáneamente, enterró toda esperanza de un amplio acuerdo con Europa, que hubiera significado un potencial mutuo de prosperidad adicional. Para completar su obra de destrucción, aplicó la piqueta al NAFTA obligando a una renegociación bajo la coacción de dinamitar un arreglo vital para las economías de Canadá y México.

 

Ahora inicia este nuevo frente de combate, con un pretexto tan fútil como desconcertante. Cierra una investigación sobre prácticas desleales de China, desencadenando hostilidades urbi et orbi. Lo paradójico es que el país supuestamente infractor solo representa un 2% de las compras estadounidenses y resultará de los menos afectados. Para mayor inri, la medida se adopta bajo el paraguas de la excepción por razones de seguridad nacional, una cláusula inédita en la OMC y carente de nítida definición. Si en su día se concibió como salvaguardia última en supuestos extremos de contienda abierta o de serio peligro para la defensa y la seguridad nacionales, su utilización fraudulenta corre el riesgo de abrir una auténtica caja de Pandora. Si otros se apuntan a idéntica excusa, podría significar el fin de toda disciplina multilateral, digna de tal nombre. Solo en el pasado Suecia jugueteó con esta arma, a cuenta de unas botas para su ejército, desistiendo rápidamente de tan insensato intento por las letales consecuencias que comportaba. No está en el ánimo de Trump, ni de su temeraria administración, arrugarse por tan poco. No cabe descartar que de verse desautorizado por la OMC, decida retirar a su país de este acuerdo esencial para el buen orden mundial, instaurando en su lugar la jungla.

 

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