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Jueves, 18 de julio de 2019

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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Martes, 23 de octubre de 2018 08:00

La posición externa de Italia es sólida pero esto no evitará el choque con la Comisión Europea

Intermoney | La escasez de referencias durante la jornada del martes hará que la atención de los mercados continúe centrada en puntos de sobra conocidos. De hecho, la moderación de los precios de producción en Alemania, la balanza comercial de España o el ajuste del índice manufacturero de Richmond en Estados Unidos no se presentan como decisivos desde el punto de vista del mercado, pudiendo causar un impacto algo mayor el nuevo deterioro de la confianza de los consumidores de la zona euro en octubre aunque sin ser de gran calado.

 

De forma que la atención de los inversores seguirá estando depositada en cuestiones que han sido recurrentes en las últimas semanas. En el apartado europeo, las intervenciones del economista jefe del BoE (Andy Haldane) y su presidente (Mark Carney) sobre los desafíos vinculados a la innovación económica, aprendizaje automatizado e inteligencia artificial en el contexto de los mercados, a priori, no darán margen para generar titulares sobre las grandes cuestiones que preocupan en clave británica.

 

Entre dichas cuestiones, se sitúa el omnipresente Brexit que explica la estrategia de “esperar y ver” del BoE a la espera del desarrollo de los acontecimientos, apuntando movimientos más que progresivos de los tipos en los próximos dos años en el Reino Unido como pone en valor el propio mercado. Por ejemplo, el contrato de futuros de diciembre de 2019 sobre los tipos de interés a 3 meses en libras arroja un tipo implícito de 1,39%.

 

La próxima fecha límite para lograr el acuerdo con la UE se situaría en diciembre de este año. Sin embargo, debemos trabajar bajo la hipótesis de que si existe avance hacia un acuerdo pero no en las fechas estipuladas, podría prorrogarse brevemente la permanencia del Reino Unido en la UE aunque evitando que esta situación se prorrogue hasta las elecciones europeas del 26 de mayo. En este contexto, se impone quedarse con que May ensalza los puntos en los que existe sintonía y no se cierra a prolongar la fase de transición en un año.

 

En paralelo, las cuestiones presupuestarias seguirán muy presentes con la mirada puesta en el pulso de Italia con la Comisión Europea, después de que el efecto de la perspectiva “estable” de Moody´s para la nota del país empezase a bajar cual soufflé. A pesar del recorte de su nota hasta “Baa3”, este hecho diluye los temores hacia un nuevo deterioro de su calificación en el futuro próximo, aunque todavía queda por despejarse la opinión de S&P (el viernes) que suele ser más ácida y puede deparar algo más que la rebaja de su nota hasta situarla al borde de bono basura.

 

No obstante, el riesgo del deterioro de la perspectiva de S&P hasta “negativo” se ve acotado por los puntos fuertes de Italia: su superávit por cuenta corriente ascenderá al 2,5% del PIB en 2018 y 2019, la capacidad de financiación de la economía italiana asciende al 2,7% del PIB, la deuda externa equivale al 123% del PIB, la posición de inversión internacional neta revela un déficit ligeramente superior al 10% del PIB y la deuda de los hogares y empresas es baja. En términos brutos, la primera supera ligeramente el 40% del PIB y, la segunda, el 70%.

 

En conjunto, como bien apuntaba Moody´s, la posición externa de Italia es sólida pero esto no evitará que el choque con Bruselas siga menoscabando la confianza de los inversores debido a la realidad acorde con la falta de compromiso hacia el saneamiento de las cuentas públicas y la implementación de reformas de gran calado. La respuesta de Italia implica la nula predisposición para corregir la “obvia y significativa” desviación respecto a las recomendaciones realizadas desde las instancias europeas. El déficit estructural aumentará un 0,8% respecto al PIB frente a la mejora del 0,6% propuesta (brecha respecto al objetivo de casi 1,5 p.p) y, además, el cuadro macroeconómico en el que se apoya el gobierno transalpino es más que discutible.

 

Las explicaciones italianas, seguramente, serán insuficientes para la Comisión al reconocerse la desviación a corto plazo y ofrecer una verdadera senda de ajuste sólo en el largo plazo, mientras que sobrevaloran el impacto positivo sobre la actividad de su política fiscal expansiva. Por ejemplo, se antoja optimista el supuesto de que con el plan de inversión pública y mejora de infraestructuras se logre sumar 0,2 p.p al PIB en 2019 y 0,3 p.p en 2020, al tiempo que la confianza depositada en la agenda de reformas legislativas y la mejora de la eficiencia de la administración pública choca con la experiencia reciente en el pasado próximo, y no tan próximo, de Italia.

 

El conjunto de explicaciones que no convencerán a la Comisión se completa con la confianza en que la prima exigida por el mercado acabe corrigiéndose, una vez que el dibujo completo de los presupuestos haga cambiar de opinión a los inversores. Un auténtico “brindis al sol” por parte de las autoridades italianas que, sin embargo, puede todavía encontrarse con la predisposición al diálogo por parte de Bruselas. El comisario Moscovici insiste en que no quiere una crisis con Italia y esto llevaría a intentar el diálogo antes de la fecha límite del 29 de octubre para que la Comisión diese el NO al borrador presupuestario italiano.

 

Por desgracia, en el mejor de los casos, el NO puede ser cuestión de días y sigue representando el escenario central. Una situación que se daría por primera vez en la UE desde que, en 2013, la Comisión obtuvo poderes reforzados sobre los planes presupuestarios de los estados miembros. Así, sería una situación inédita que se demandase un presupuesto revisado, proceso para el cual Italia tendría un plazo de tres semanas desde que se comunique el rechazo oficial a sus planes. En otras palabras, el enfrentamiento institucional todavía puede durar semanas y, mientras tanto, la presión seguirá presente sobre los activos italianos con la mirada puesta en la banca que atesora el 28,3% de la deuda de Italia. En este último caso, además de los títulos del tesoro, hay que tener en cuenta los préstamos concedidos.

 

En España, la banca seguirá en el centro de atención con la mirada puesta en el pleno del Tribunal Supremo del 5 noviembre en el que no se revisará la sentencia sobre el impuesto de Actos Jurídicos Documentados, sino la opinión sobre quién deberá hacerse cargo del mismo. Todo ello en un momento en el que no debe descartarse ruido adicional en lo que a las cuestiones presupuestarias se refiere. La falta de detalles de las medidas remitidas a Bruselas es real y el ajuste del déficit estructural es de solo el 0,4% del PIB frente al 0,65% demandado. No obstante, la situación es mucho mejor que la italiana aunque todavía estamos pendientes de conocer el presupuesto definitivo (presentado en el Parlamento) y que puede arrojar alguna desviación adicional. Así, tampoco debemos descartar cierta volatilidad en los activos españoles.

 

Finalmente, en clave estadounidense, la estabilidad del T-Note a 10 años será el punto decisivo que, hoy, encontrará apoyo en las palabras del siempre laxo presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, aunque también estaremos atentos a las comparecencias de Robert Kaplan y Raphael Bostic. Además, los inversores centrarán su atención en los resultados de la jornada: Biogen, Caterpillar, McDonald’s, 3M, Texas Instrument, United Tech Corp y Verizon.