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Publicado en GESTORES Viernes, 13 de septiembre de 2019 07:00

El camino para una política más flexible ya está trazado, y se seguirá durante algún tiempo

Azad Zangana (Schroders) | En un esfuerzo por estimular la economía de la zona euro, el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido recortar el tipo de interés de los depósitos del -0,40% al -0,50%, además de reiniciar su programa de expansión cuantitativa (quantitative easing,QE) con 20.000 millones de euros de compras al mes, ligeramente inferior a las expectativas del consenso.

 

 

Sin embargo, la promesa de mantener las compras hasta que los tipos de interés vuelvan a subir (en lugar de tener un plazo fijo) es más generosa de lo que los mercados esperaban. De acuerdo con las expectativas de los mercados monetarios para la próxima subida de los tipos de interés, esto significaría una mejora de la calidad hasta 2026.

 

A pesar de ello, parece que los mercados se han sentido decepcionados con las medidas adoptadas. El rendimiento de la deuda pública alemana es más alto que antes de la reunión (los precios han bajado), mientras que el euro ha subido frente al dólar estadounidense y la libra esterlina en comparación con el cierre del miércoles.

 

En su última reunión sobre política monetaria, el presidente del BCE, Mario Draghi, citó las rebajas en las previsiones del organismo de crecimiento e inflación como la razón principal para volver a poner en marcha un QE , tan sólo nueve meses después de la finalización del anterior programa.

 

Draghi ha hecho referencia a un mayor riesgo geopolítico y a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Esto supone un problema, ya que el uso de los tipos de interés y la mejora de la calidad no pueden afectar el resultado de las conversaciones comerciales entre ambas potencias. Una política monetaria más flexible podría fortalecer la demanda interna para compensar la debilidad de la demanda externa, pero con el crecimiento de la economía nacional en línea con la tendencia, las medidas adoptadas este jueves por el BCE tendrán, en el mejor de los casos, un pequeño impacto positivo.

 

Draghi se ha quejado con razón de que la falta de flexibilidad fiscal por parte de los gobiernos ha llevado la situación al límite. Pero habría que preguntarse si el beneficio marginal que se puede conseguir con las medidas anunciadas hoy, merece la pena teniendo en cuenta el daño causado al sector bancario y el sistema de pensiones.

 

El cambio de orientación del BCE también es significativo. Los tipos de interés se mantendrán en su nivel actual o a un nivel inferior hasta que la inflación vuelva a acercarse, de forma sostenible, al objetivo del 2% marcado por el BCE, pero por debajo de éste. Esto sugiere que es muy posible que se produzca un nuevo recorte, tal y como indicamos en nuestra previsión. Esperamos que el BCE reduzca de nuevo el tipo de interés de los depósitos hasta el -0,60% en diciembre.

 

Además, Draghi se ha mostrado evasivo durante la conferencia cuando se le preguntó sobre la naturaleza del Programa de compras QE. Esto supone que aún tienen que decidir cómo pueden entregar con éxito 20.000 millones de euros al mes sin quedarse sin activos. Además, el carácter abierto del último programa QE podría tener efectos profundos. Draghi confía en que el programa devolverá la inflación al nivel objetivo, pero no antes de 2021.

 

Draghi será recordado para siempre por hacer "lo que sea necesario para salvar al euro" durante la crisis de la deuda soberana. Y la introducción de una política monetaria atípica en el BCE, que la mayoría pensaba que no sería políticamente tolerada. Sin embargo, también será recordado por los inversores y ahorradores por no subir los tipos de interés durante su mandato.

 

Veremos si a la nueva presidenta Christine Lagarde le va mejor, pero una cosa es segura: el camino para una política más flexible ya está trazado, y se seguirá durante algún tiempo.