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Lunes, 21 de octubre de 2019

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Publicado en GESTORES Jueves, 03 de octubre de 2019 00:00

¿Podemos monitorizar el estado de salud de la economía estadounidense?

Ambrose Crofton (J. P. Morgan) | Como inversores, sabemos el daño que puede causar una recesión, ya que las contracciones en el PIB real tienden a coincidir con bajadas en los beneficios corporativos. 

 

Si repasamos la historia, vemos que los periodos recesivos suelen concurrir con épocas de gran agitación en los mercados. Las últimas tres recesiones vividas en Estados Unidos (que comenzaron en 1990, 2001 y 2007) desembocaron en tendencias de mercado bajistas (caídas del 20% o más) en el S&P 500 y contracciones en las expectativas de beneficios futuros de los analistas.

 

 

 

 

 

En cambio, se trata de un fenómeno extremadamente difícil de predecir. De hecho, ni los mercados ni los economistas han tenido demasiado éxito al tratar de pronosticar los plazos exactos o el alcance de las recesiones futuras. En el caso de los primeros, en dos de las últimas tendencias de mercado bajistas, la bolsa alcanzó su máximo apenas meses antes de comenzar la recesión. Pero parece que a los economistas tampoco se les da excesivamente bien anticipar este fenómeno, y de las 153 recesiones vividas en 63 países entre 1992 y 2014, solo cinco de ellas fueron predichas por un consenso de economistas del sector privado en abril del ejercicio previo.

 

Sin embargo, teniendo en cuenta que solo Bloomberg dispone de más de 100.000 series de datos sobre la economía estadounidense, determinar qué indicadores deben analizarse para prever la dirección de la economía ya constituye un problema en sí mismo. En este artículo tratamos de abordar estos retos y proporcionar a los inversores una herramienta con la que monitorizar el estado de salud de la economía estadounidense y los posibles riesgos que podrían atisbarse en el horizonte.

 

Tomar el pulso a la economía estadounidense

 

Comenzaremos con una serie de indicadores sintomáticos que permiten tomar el pulso a nuestro «paciente» –la economía estadounidense– y determinar de inmediato si goza de buena salud o si, por el contrario, empieza a renquear. Los indicadores que hemos elegido abarcan a la economía en su conjunto, desde los sectores del consumo y los servicios, pasando por la industria, hasta el mercado laboral.

 

Tras evaluar cientos de series de datos mediante análisis de regresión lineal, determinamos que los indicadores elegidos eran los que mejor satisfacían tres criterios deseables: en primer lugar, el indicador debe ofrecer un buen nivel de capacidad explicativa (coeficiente de determinación) sobre el crecimiento del PIB real estadounidense; en segundo lugar, el indicador debe proporcionar señales adecuadas acerca de la eventual llegada de la posible recesión sin desencadenar un número excesivo de falsas alarmas; y, en tercer lugar, el indicador debería proporcionar un cierto margen de tiempo con respecto a la recesión en cuestión para alertar sobre la debilidad que se avecina.

 

El Gráfico 2 muestra un resumen de los indicadores sintomáticos y representa gráficamente los percentiles de sus últimas lecturas con respecto a puntos de datos históricos que se remontan a 1990. El hecho de que el punto más reciente se encuentre más cerca de la zona roja del gráfico quiere decir que el indicador está más próximo al extremo inferior de su rango de valores histórico y sugiere un mayor riesgo de recesión, y viceversa.

 

 

El gráfico incluye también un marcador de «riesgo de recesión elevado» que nos indicará cuándo los datos más recientes son coherentes con un valor que ha sido observado al comienzo de cualquiera de las tres últimas recesiones en EE. UU. Desde un punto de vista histórico, estos sugieren que la probabilidad de recesión es mayor. Por ejemplo, el Gráfico 3 muestra que cuando el Conference Board Leading Economic Index se ha reducido en más de un 1,0% interanual a lo largo de la historia, dicha reducción ha coincidido con una recesión. El libro de gráficos titulado «Análisis del estado de salud de la economía estadounidense» contiene más información sobre los indicadores utilizados.

 

 

Al analizar los indicadores sintomáticos más recientes, estos nos indican que el estado de la economía estadounidense ha empeorado notablemente durante los últimos seis meses y que esta debilidad es generalizada. No obstante, al examinarlos en conjunto, los indicadores no sugieren aún que la recesión sea inminente.  

 

PUEDE LEER EL INFORME COMPLETO DE J. P. MORGAN AQUÍ