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Publicado en Noticias Premium Martes, 20 de octubre de 2020 00:00

Alemania: credibilidad y transparencia; y dinero

Lidia Conde (Fráncfort) | Alemania confía. Las ayudas están funcionando y el Gobierno ha evitado el colapso. La caída del PIB no será este año del 10 sino del 6% y Merkel ha gobernado esta crisis según su estilo, con transparencia y credibilidad.

 

Medio año después, Alemania todavía confía. “Alemania solo puede ir bien si Europa va bien”, dijo en abril la canciller en una declaración gubernamental en la que reconocía que el país estaba ante el mayor reto desde la II Guerra Mundial. Hacía solo un mes que España había declarado el Estado de Alarma y Angela Merkel advertía que estaba en juego la vida de los ciudadanos y el consenso y la solidaridad en Europa. Desde entonces la canciller ha gobernado con transparencia y credibilidad. Quizás ese sea el secreto del éxito de Alemania en la gestión de la crisis. Quizás sea también algo de suerte, como han comunicado muchos virólogos del país. Pero el consenso político ha sido probablemente uno de los grandes factores de la calma social con la que afronta este país la situación de emergencia sanitaria provocada por el virus. Incluso sorprende que siendo Alemania un país trascedentalmente pesimista se permita ahora el optimismo. Los investigadores de los institutos económicos pronostican ahora para 2020 una caída del PIB del 6% en lugar del 10% pronosticado (España caerá en torno al 11%). Pero se prevé que en 2021 recupere lo perdido. Así que Alemania confía. En general, los ciudadanos confían en la política. Es que cuando se desconfía, “domina la política del rechazo y la ira”, dice el filósofo estadounidense Michael Sandel, quien en una entrevista en Süddeutsche Zeitung apunta que la meritocracia, arrogante y soberbia, así como la desigualdad social. son los problemas cruciales de nuestro tiempo. “El objetivo de ese rechazo es siempre la élite, también la élite académica y científica”.

 

A qué se llama bienestar

 

En lo que no confía Alemania es en un futuro prometedor a cuenta de la creciente rivalidad EE UU-China. “Trump podría implementar un régimen de apartheid”, llega a decir Josef Braml, uno de los expertos políticos más reclamados por los medios alemanes para explicar las convulsiones que puede provocar Trump durante y después de las elecciones, y avisa que la economía mundial solo se podrá recuperar del golpe provocado por la pandemia mediante la cooperación global. Pero la crisis provocada por el Corona está reforzando las rivalidades geoeconómicas entre EEUU y China. Y Alemania, cuya economía tanto depende del exterior, se pregunta cómo debería responder Europa a esa pugna, teniendo en cuenta que la rivalidad geoeconómica perjudica a los organismos multilaterales y a los intereses de Alemania y Europa.

 

El filósofo político de Harvard, Michael Sandel no se cree el mensaje de que en esta pandemia estemos todos en el mismo bote. “La pandemia ha puesto en evidencia la división entre ganadores y perdedores. Algunos de nosotros pueden trabajar desde casa, mientras que otros deben exponerse cada día al virus por razones laborales, la mayoría de ellos en actividades peor remuneradas. Antes de intentar convencer a los escépticos de los riesgos del cambio climático o de los beneficios de la mascarilla, nos tenemos que ocupar de la desconfianza mutua”. Para eso se necesita una política que defina el bienestar incluyendo a los que se sienten excluidos, concluye Sandel, quien obtuvo en 2018 el Premio Princesa de Asturias.

 

En el mismo sentido se expresa Josef Braml, jefe de los estudios sobre EE UU de la DGAP, la sociedad alemana para política exterior. La América de Trump implica la puesta en venta de su democracia, con consecuencias para Europa. Según Braml, tras el coronavirus, China consolida su liderazgo, mientras EEUU se está hundiendo en la división interna y externa, “una división que expresa sus problemas internos, graves“, los mismos que llevaron a Trump al poder y que el presidente ha atizado en los últimos años. Para Braml, Trump ganó porque parte de la población quería recuperar la confianza perdida en el sueño americano. “Pero cuidado, aquí en Alemania también se registra algo similar, también hay decepcionados y olvidados. En lugar de mirar tanto el móvil, los políticos tendrían que hablar más con el taxista e interesarse por cómo le va”.

 

En abril Merkel ya era consciente de que “la cuestión de cómo evitar que el virus colapse el sistema y se cobre muchas vidas será el debate central de la política futura en Alemania y en Europa”. Y señalaba que para ello era fundamental la confianza mutua “para gestionar esta dramática crisis como sociedad y proteger lo que nuestra Ley Fundamental prioriza: la vida y la dignidad de cada uno de nosotros”.

 

Alemania confía. A pesar del final del boom industrial, a pesar del Corona. La industria alemana elimina puestos de trabajo. No solo por la crisis sanitaria sino también por el cambio estructural de gran parte de la economía y por los conflictos comerciales internacionales. Pero las ayudas están funcionando. El Gobierno ha evitado el colapso. Por supuesto los expertos se preguntan si la deuda acabará en inflación y más impuestos. Para 2020 la deuda autorizada a Finanzas es de 458.000 millones de euros, pero hasta septiembre se han consumido “solo“ 218.000 millones. También la deuda soberana está controlada, pasando del 60 al casi 80 por ciento del PIB; es decir por debajo de la crisis financiera de 2008. “No creo que se dispare la inflacción; ni tampoco veo razones para preocuparnos“, dice Achim Truger, del consejo de expertos que asesora al Gobierno de Merkel. Truger no está tampoco de acuerdo en apretarse de nuevo el cinturón para cumplir con el freno de la deuda para 2022. Su colega en el consejo, Lars Feld, es de otra opinión.

 

También sorprende que a pesar de la crisis provocada por el virus, uno de los padres del euro, Klaus Regling, descarte completamente la posibilidad de que una fuerte crisis se lleve por delante la moneda. El alemán Regling esbozó el pacto de estabilidad y crecimiento en los noventa y después negoció el tratado de Maastricht. Hoy dirige el Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede), el mecanismo de rescate. Según Regling, el euro es estable a pesar del dramatismo de la situación actual. Los pilares de su optimismo son la política del BCE, el plan del ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, y el Mede. “Los mercados confían más en el euro hoy que en los últimos diez años”. Regling es optimista. “Soy un europeo convencido; sobre todo tras comprobar cómo va el mundo y cómo funcionan Asia, África o EE UU, un país este último sin justicia social“. Para Regling, el euro es la mayor instancia integradora en la UE.

 

Un paquete razonable

 

El punto de vista alemán es positivo porque como dice el periodista Alexander Hagelüken la situación de Alemania es sensacional. La recuperación de la economía tras el descalabro por el Corona ha llegado al mercado laboral y está cayendo el paro. Tampoco es casualidad. Por un lado, muchas empresas ofrecen regulaciones temporales de empleo en lugar de despedir. La idea es tener personal cualificado cuando la economía despegue. Para el año 2020 el Gobierno tenía previsto dedicar 250 millones de euros a regulaciones de empleo. Al final esta fórmula le costará al Estado alemán 80 veces más. Luego están las ayudas a las empresas. Detrás, elogia Hagelüken, está el Gobierno de coalición en torno a Merkel. Y la misma Merkel, al final de su carrera política.

 

Alemania ha evitado la madre de todas las recesiones”, según el economista Gabriel Felbermayr. ¿Cómo? Inyectando dinero en las empresas (sobre todo a la industria, al sector del metal y del automóvil, seguido de la construcción y de la hostelería), apoyando las medidas de reducción del tiempo de trabajo (permitiendo a los empleadores ajustar las horas de trabajo a la demanda real) y un programa coyuntural por 353.300 millones de euros. Para financiarlo el Estado se endeudará por 156.000 millones de euros. Se trata de dar un futuro a las próximas generaciones, dice Merkel. En total se movilizará 1,3 billones de euros. El PIB español. Ya en junio Clemens Fuest, presidente del instituto de investigación Ifo, aseguró que el paquete es equilibrado y tiene sentido. El riesgo no está pues tanto en Alemania como fuera de ella. Es una de la razones de su postura solidaria.