Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Imprimir esta página
Publicado en Noticias Premium Lunes, 11 de mayo de 2020 00:00

Ante la peor crisis, gobierno en minoría

Joan Tapia (Barcelona) | Los bancos centrales y los estados de todo el mundo se han lanzado a una carrera (sana) para inyectar dinero a la economía, dar liquidez a las empresas y sostener los ingresos de los trabajadores, arrojados al desempleo o amparados por los ertes (o similares). Pero los indicadores y las perspectivas que se van conociendo sólo tienen un punto positivo: las consecuencias económicas y sociales del coronavirus habrían sido mucho peores sin esta rápida y unánime conversión al keynesianismo.

 

Sólo las bolsas parecen confiar en que la crisis no será larga y que las economías rebotarán a corto en forma de V. De hecho, Wall Street recuperó en abril gran parte de las perdidas de marzo y en el momento de escribir esta crónica (domingo 10 de mayo) el Nasdaq, el índice de las tecnológicas americanas, se ha recuperado totalmente. Pero fuera de las bolsas -The Economist se pregunta esta semana por el gap entre los mercados y la economía real- sólo hay llanto y crujir de dientes.

 

Todos los informes sobre los próximos meses son muy negativos, aunque es cierto que muchos también vaticinan -quizás con voluntarismo- una recuperación de menor intensidad en el 2021. Sin ir mas lejos -la recopilación de análisis pesimistas ocuparía todo el espacio- la Comisión de Bruselas vaticina que el PIB de la zona euro caerá este año más del 7% y que en España (e Italia) será superior al 9%. El PIB no volverá a los niveles del año pasado hasta el 2023.

 

El descalabro del PIB hará que el paro suba del 14% de primeros de año al 20% aunque Funcas -sumando al paro los trabajadores protegidos por los ertes- cree que el desempleo alcanzaría el 34% este mismo trimestre. El déficit público -que ahora nadie criticará porque hará de pegamento social- se disparará del 2,8% con el que cerramos el 2019 a mas del 10% del PIB, un mínimo de 100.000 millones de euros que hace temblar. Y la deuda pública -el talón de Aquiles de nuestra economía- saltará del 95% del PIB del 2019 a más del 115%.

 

No es sólo España. Recordemos dos datos del resto del mundo: el Banco de Inglaterra prevé la peor recesión en 300 años y el paro americano ha saltado del 3% en febrero al 14,7% en abril.

 

Ante este panorama, lo razonable sería que España -con unas finanzas públicas mucho más endebles que otros países europeos y que sólo se podrán sostener gracias al BCE- cerrara filas con unos pactos lo más amplios posibles que abarcaran a los partidos del Gobierno, los de la oposición, el empresariado, los sindicatos y las comunidades autónomas. Sin una acción pactada y coordinada de las administraciones públicas y los interlocutores sociales la gobernanza y las penalidades de la crisis superarán con mucho a las inevitables.

 

Pues nada de nada. Tras el pleno del Congreso de los Diputados del 6 de mayo, parece imposible que los dos grandes partidos de la cámara -el PSOE con 120 diputados y el PP con 89- puedan pactar ningún acuerdo frente a la crisis ya que Pedro Sánchez y Pablo Casado se enfrentaron con gran hostilidad incluso en algo tan básico como la prórroga del estado de alarma, lo que hace posible el confinamiento al coartar la libertad de circulación y de reunión.

 

Más allá de la falta total de sintonía entre ambos líderes -de la que nadie gana nada, sino que todos perdemos- la realidad es que España afronta su momento más comprometido desde 1939 con un gobierno en minoría (145 escaños, a 31 de la mayoría absoluta) y sin posibilidad de inteligentes pactos transversales.

 

No es lo óptimo, ni lo mejor, ni lo razonable. Pero es así. Y con estos bueyes tendremos que arar. El primero es que el gobierno Sánchez tiene muchos defectos, pero dispone con Nadia Calviño y José Luís Escrivá (que no siempre coinciden) de dos muy competentes economistas bien conectados con Europa. Sabe que no puede hacer disparates. El segundo es que Sánchez tiene oficio. Supo ganar las primarias del PSOE frente al aparato del partido. Desde fuera del parlamento hizo aprobar la primera moción de censura de la democracia española y el año pasado ganó dos elecciones generales.

 

En un clima político de hondo enfrentamiento -en el que tiene su cuota-parte de responsabilidad- logró la investidura sin mayoría absoluta (gracias a la abstención de ERC) y antes de la sesión del Congreso del miércoles 6, cuando se vio amenazado por la conjunción de ERC (consumada) y del PP (no consumada) en el voto negativo a la prórroga del estado de alarma, supo rehacer los averiados pactos con el PNV y Coalición Canaria y tejer otro con Inés Arrimadas. Esta capacidad de pacto o maniobra -indispensable en una España tan fraccionada como la de hoy- es lo que le ha permitido sobrevivir con 178 votos a favor, mayoría absoluta, superior a la que tuvo en su investidura.

 

¿El oficio de Pedro Sánchez -saber gobernar con un gobierno en minoría y mayorías escasas pero variables- será sostenible durante mucho tiempo? ¿Es posible la coexistencia en una mayoría de Podemos y C´s? Parece difícil. ¿Cuál será el papel futuro de ERC? Nadie lo sabe y seguramente ella tampoco porque parece dividida entre un instinto de racionalidad -la independencia es imposible con sólo el 47% de los votos catalanes- y la puja por el voto maximalista con Puigdemont y JpC. Máxime cuando las próximas elecciones catalanas pueden ser antes de fin de año.

 

Gobernar en minoría es siempre difícil. Hacerlo además con Podemos -que está en un extremo del arco político- es aún más complicado. Y hacerlo en medio de la crisis sanitaria y económica mas grave parece imposible. Pero es lo que hay. Pedro Sánchez tiene quizás parte de culpa. Pero la irresponsabilidad de Albert Rivera tras las elecciones de abril del 2019 es mucho más grave. Bien lo ha visto Inés Arrimadas al decir que C´s es el partido que más ha pagado sus errores (perdió en noviembre más del 80% de sus escaños). Y las últimas actitudes de Pablo Casado indican que se inclina más hacia el soberbio aznarismo de Cayetana Alvarez de Toledo que por el pragmatismo de Nuñez Feijóo. No digamos ya por la voluntad de tejer acuerdos de la democristiana Angela Merkel.

 

Tenemos otro activo. El empresariado y los sindicatos, aunque no modélicos, si son muy conscientes de la gravedad del momento. Y de que la crisis no es el escenario adecuado ni para reivindicaciones patronales ni para debilitar a las empresas. La CEOE, el Foment catalán, la UGT y CC.OO saben que la concertación social es obligada e indispensable.

 

Por eso, mientras no se ha logrado el pacto político, el Gobierno si ha conseguido un relevante pacto social con la CEOE y los sindicatos para prolongar los ertes hasta el 30 de junio. Acuerdo que no ha sido fácil para la patronal pero que prevé la posibilidad de adaptarlos a las nuevas circunstancias e incluso de prorrogarlos.

 

Así estamos. Sin pactos políticos amplios y con un gobierno de izquierdas en minoría, aunque bien conectado con Europa. Y con una derecha económica, la CEOE, que no brilla pero que muestra más cintura que la derecha política. ¿Dónde está el Guindos del PP de hoy?

 

No es una situación óptima. Ni de lejos. Es lo que hay y con lo que vamos a (intentar) sobrevivir.