Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Sábado, 04 de abril de 2020

Pulse en el valor para ver ratios >

Publicado en Noticias Premium Sábado, 25 de enero de 2020 00:00

EEUU: los máximos de una Bolsa menguante

Pablo Pardo (Washington) | Una de las consecuencias del mundo de liquidez interminable en el que vivimos parece ser el hecho de que cada vez hay menos empresas que cotizan en bolsa. Evidentemente, no es algo que se deba solo a la posibilidad de financiarse sin recurrir a mercados públicos. También hay elementos regulatorios. Y dinámicas del propio mercado. Pero esa santísima trinidad está reduciendo poco a poco la renta variable. Al mismo tiempo, el hecho de que las bolsas sean cada día menos atractivas está haciendo que cambien, empezando por las OPVs, que hasta hace poco eran poco menos que la entrada en la mayoría de edad de las empresas y ahora están empezando a convertirse casi en un capricho. Un capricho para el que los directivos no siempre están preparados, como dejó claro el desastre de WeWork.

 

En los países anglosajones, donde los mercados financieros –tanto de renta fija como de renta variable– han tenido históricamente más importancia que en los de ‘capitalismo continental europeo’, la tendencia es evidente. En Estados Unidos, el número de empresas cotizadas ha caído a la mitad en las últimas dos décadas. En el segundo mayor mercado de renta variable del mundo, Londres, 28 empresas cotizadas fueron adquiridas en 2019 por fondos de private equity que pagaron un total de 21.100 millones de libras (casi 25.000 millones de euros) por ellas. En 2018, solo habían sido 20 empresas, por valor de 9.900 millones de libras. Y nadie duda de que la tendencia va a continuar, con o sin Brexit, con o sin Trump (en ese último apartado, aquí va una apuesta para el futuro: dentro de un año estaremos hablando de la segunda ceremonia de jura del cargo del presidente de Estados Unidos).

 

En un mundo en el que sobra liquidez, no hay ninguna razón para tener que cumplir todos los trámites burocráticos que implica cotizar en bolsa, por no hablar de la angustia existencial de tener que proveer de resultados trimestrales a un mercado que mira con lupa hasta la última letra de cada comunicado, y en el que cualquier fondo activista puede amargar la vida de un consejo de administración.

 

PUEDE LEER EL ARTÍCULO COMPLETO EN LA ZONA PREMIUM