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Lunes, 28 de septiembre de 2020

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Publicado en GESTORES Viernes, 22 de mayo de 2020 08:00

El peaje del miedo

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Imagínese que le entra el pánico y desea reembolsar de golpe una gran suma, digamos 100.000 o 200.000 euros, colocada en un fondo de inversión. Lo primero que tendrá que hacer es dar un preaviso a la gestora, de una semana o incluso quince días. Lógico, ya que, especialmente en estos tiempos de mercados revueltos, el gestor puede necesitar tiempo para vender activos suficientes para atender a su reembolso.

 

Lo siguiente que puede ocurrirle es que, cuando haya recuperado su dinero, se dé cuenta de que le han aplicado un valor liquidativo especial, más bajo de lo que se esperaba. Es el peaje que pagará por sus ansias de obtener de inmediato mucha liquidez.

 

Ese es, grosso modo, el efecto del llamado “swing pricing”: un precio especial, más bajo que el que correspondería en ese momento, aplicado por la gestora a un inversor que hace un movimiento demasiado brusco y voluminoso que puede afectar negativamente al resto de partícipes que se quedan en el fondo.

 

Ya comentamos aquí en su momento el Real Decreto, en vigor desde el 2 de abril, que daba margen a las gestoras para pedir un preaviso a los partícipes que quieran vender participaciones de sus fondos. La medida pretende proteger tanto a las entidades como a los inversores. Las primeras ganan tiempo con el preaviso para reorganizar sus posiciones y satisfacer sin problema las súbitas demandas de liquidez. Y el inversor gana garantías de que se van a valorar correctamente sus participaciones, sin ventas aceleradas de activos por parte de las gestoras a precios poco adecuados.

 

Casi todos los especialistas coincidieron en que esta medida era básicamente preventiva, pero no necesaria. De hecho, los fondos de inversión deben tener suficiente liquidez para poder responder a cualquier reembolso que exija un inversor, siempre dentro de unos límites razonables. Pero ni siquiera en los momentos de mayor agitación de los mercados por culpa de la pandemia hubo retiradas masivas de dinero: los reembolsos netos en las tres primeras semanas de marzo fueron de 5.100 millones de euros, según datos de Inverco, una cifra perfectamente asumible por los fondos de inversión comercializados en España.

 

En cualquier caso, en situaciones muy críticas los fondos pueden verse imposibilitados para dar liquidez a sus partícipes, sobre todo si son fondos inmobiliarios, ya saben, los que invierten en ladrillos. Es muy difícil vender con rapidez, y a precio razonable, un inmueble cuando todos los mercados se tuercen. Varias gestoras del Reino Unido bloquearon en marzo la liquidez en grandes fondos inmobiliarios británicos, por lo que los inversores no pueden recuperar desde entonces ni un penique de los 10.900 millones de libras (11.828 millones de euros) invertidos en estos productos. Y es de suponer que este bloqueo durará hasta que se normalice el mercado inmobiliario de la Menguante Bretaña, afectado ya no sólo por el virus, sino también por un Brexit que, si se materializa en su versión más dura, sin duda provocará nuevos desplomes en los precios de los ladrillos británicos.

 

Pero lo de recurrir al mecanismo del “swing pricing” es una novedad. El boletín trimestral de la CNMV instó a las gestoras a utilizar esta fórmula para ayudar a valorar mejor las carteras ante la posible elevada volatilidad de los flujos de dinero, máxime en el agitado entorno provocado por la pandemia. Siguiendo esa recomendación, una conocida gestora española decidió el pasado 18 de mayo –y lo comunicó a la CNMV como hecho relevante– realizar ajustes en el valor liquidativo mediante el “swing pricing”. Una medida que podrían aplicarse a sus cuatro fondos de renta fija y mixtos.

 

El objetivo es, en teoría, evitar que una gran salida de dinero –si un inversor da una importante orden de reembolso– afecte en exceso al resto de partícipes que permanecen en el fondo. Como comenta Marcos Pérez Mesas, experto en gestión y analista de la revista GESTORES, establecer mediante este mecanismo “un liquidativo especial para los que se van tiene su lado positivo: es una manera de proteger, en teoría, a los que se quedan. Los que se van se llevan un liquidativo peor”. En cierto modo, es el peaje que pagan por afectar al fondo con una fuerte orden de reembolso, que obligará a la gestora a buscar liquidez, quizás mediante la venta de activos a precios más bajos de los que hubiera conseguido de haber mantenido esos activos en cartera hasta que pasen las actuales turbulencias víricas.

 

Pero, como subraya Marcos Pérez, “el diablo está en los detalles: aunque al que se va le den un precio más bajo, el fondo tiene que vender activos, en este caso de renta fija, y va a generar una variación artificial en el liquidativo… Además, las ventas pueden afectar también a los precios de otros bonos. Si se va un gran inversor con una venta millonaria, lo que produce es que ese día el liquidativo del fondo caiga. Una caída artificial y puntual que, en sentido contrario, beneficiaría al que comprara participaciones ese mismo día”.

 

Estos movimientos, incluso “podrían provocar situaciones de información privilegiada... si quien quiere entrar en un fondo sabe que un gran inversor va a desembolsar una importante cantidad”. Hay, por tanto, un cierto problema de transparencia: “¿A partir de qué nivel de reembolsos aplicas el `swing pricing’? ¿Y qué activos vendes?”.

 

Otra pregunta importante sería: ¿qué lleva a una gestora a anunciar esta medida? ¿Está recibiendo masivas órdenes de reembolsos que pueden poner en riesgo la liquidez de sus fondos mixtos y de renta fija? Precisamente el Banco de España acaba de advertir sobre los riesgos de ciertos fondos, especialmente por sus posiciones en deuda corporativa de baja calidad. Pero de esto hablaremos otro día.