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Martes, 26 de mayo de 2020

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Publicado en Noticias Premium Martes, 05 de mayo de 2020 00:00

Ian Bremmer: "El problema puede ser más serio si Europa no es capaz de encontrar una política común"

Pablo Pardo (Washington) | ¿Cómo definir a Ian Bremmer? Aquí va una idea: “Un niño prodigio de la ‘clase comentadora’ global de Estados Unidos”. Así lo calificó John Lloyd en ‘Financial Times’ en 2012 cuando publicó un libro de título premonitorio: ‘Cada nación por su cuenta’ (‘Every Nation for Itself’). Pero Bremmer ha hecho muchas más cosas que comentar. Es doctor el Políticas por la Universidad de Stanford, y, sobre todo, es el fundador y presidente de Eurasia Group, una empresa que creó él solo en 1998. En 22 años, Eurasia ha pasado de un empleado a más de 600, y se ha convertido la mayor empresa mundial de análisis del riesgo político.

 

Entretanto, con la crisis del coronavirus, y sin la posibilidad de viajar o de ir a trabajar, la figura de Bremmer comentando la situación desde su casa en Nueva York —y frecuentemente criticando a partes iguales a Estados Unidos, a China y a la UE, aunque por motivos diferentes— le ha convertido en uno de los rostros más ubicuos de la televisión de Estados Unidos.

 

¿Cuál es el impacto geopolítico de esta crisis?

Enorme. Es el mayor cambio geopolítico desde la Segunda Guerra Mundial. No sabemos qué va a pasar todavía pero, por de pronto, está claro que el hecho de que China haya sido aparentemente capaz de contener la pandemia mejor que Estados Unidos o que gran parte de la UE va a reforzar considerablemente el atractivo político de ese país y su capacidad de influencia. Por de pronto, el perdedor es Occidente. El daño económico era inevitable. Pero el daño político, por ejemplo en Estados Unidos, por la falta de preparación y la escasa atención prestada a los expertos, podría haber sido mucho menor.

 

A finales de cada año, Eurasia Group hace una lista de los principales riesgos geopolíticos para el año siguiente. Uno de los criterios que tiene en consideración a la hora de decidir qué entra en la lista es el impacto de cada riesgo en el mercado. ¿Cuál va a ser el impacto real de esta crisis en el mercado?

La pandemia está cerrando la oferta y la demanda, y, encima no lo está haciendo de manera simultánea, sino escalonada. Empieza en China, y, después, cuando China se empieza a reactivar, al resto del mundo. Es un shock masivo, brutal, al sistema. Observe solo el segundo paquete de estímulo fiscal de Estados Unidos fue de 2,2 billones de dólares [2 billones de euros], o sea, de casi el 10% del PIB, y ya cuando lo aprobaron una cosa estaba clara: no iba a ser suficiente. Ahora, comparemos eso con la anterior crisis. En 2008 y 2009, todo el estímulo fiscal fue del 5% del PIB.

 

Pero ya se ha aprobado el tercer paquete y se está negociando el cuarto, aunque éstos son más pequeños. 

Exacto. Los ciudadanos van a necesitar más cheques de ayuda, porque la economía solo va a recuperarse de manera gradual. Servicios básicos como Correos en EEUU está al borde de la insolvencia, y ése no es solo el caso de Estados Unidos. Europa, Japón, y el resto del mundo están viéndose igualmente afectados. Eso sin contar con los mercados emergentes, que ya están usando masivamente el apoyo del Fondo Monetario Internacional y van a necesitar más.

 

Todo ello requeriría una respuesta coordinada. 

Eso está claro. Igual que está claro que no la va a haber. Pero, al menos, hay algunas noticias positivas: los países ricos están respondiendo rápidamente con una política fiscal y monetaria adecuadas. La coordinación podría ser mucho más grande, y es posible que ése se convierta en un problema serio más adelante, si la tensión entre Estados Unidos y China sigue en aumento, o si la Unión Europea no es capaz de encontrar una política común. De hecho, no está claro que el mundo rico vaya a continuar reaccionando tan bien como lo está haciendo.

 

Quien peor lo está pasando es de quien menos se está hablando: el mundo en desarrollo.

Desde luego. Los países emergentes no tienen capacidad fiscal o monetaria para lanzar programas de estímulo. Las instituciones multilaterales les están ayudando y les están condonando deuda. Pero eso no ca a ser, ni mucho menos, suficiente.

 

Uno de los mayores misterios del mundo es la llamada ‘trampa de los ingresos medios’, es decir, el hecho de que es más fácil para los países salir de la extrema pobreza y quedar en un nivel intermedio de renta que pasar de ese nivel al de las economías avanzadas. Esta crisis ¿va a agravar ese problema?

No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que hay un potencial de grandes crisis en los mercados emergentes en los próximos tres meses, cuatro meses, al estilo de lo que hemos visto en Argentina. Simplemente, ésos países no tienen capital disponible. El golpe en el mundo en desarrollo va a durar mucho más tiempo que en el mundo industrializado.

 

El coronavirus ha llegado al mundo desarrollado en un momento mediocre, con una expansión larga pero con bajo crecimiento y poca —o ninguna— subida de la renta real media. Es lo que usted y el economista de la Universidad de Nueva York Nouriel Rubini han llamado “la nueva anormalidad”.

Sí, la recuperación no ha sido intensa, pero aún así ha ha ido recuperación desde la última crisis. Estados Unidos no llega a esta crisis con fundamentales malos, lo mismo que Japón. Alemania se ha topado con la crisis con una deuda a la baja en comparación con 2008. Entre los mercados emergentes, la cosa más reseñable es que China está en buena forma, aunque acaso habría que considerar a esa economía más como un país de ingresos medios que como un mercado emergente. Eso, al menos, nos da un cierto margen, aunque las dimensiones del problema son apabullantes.

 

Volvamos a la primera pregunta. O, mejor, a su primera repuesta. Hay quienes creen, como el filósofo de Harvard Steven Pinker, que el coronavirus acabará con la idea de que el conocimiento no es importante y de que los expertos “se equivocan siempre”, como dijo Donald Trump en la Asamblea General de la ONU en 2018.

Es evidente que vivimos en un mundo complejo en el que hay problemas como el cambio climático que requieren la participación de especialistas. Y es evidente que en los últimos años se ha rechazado a los especialistas. Eso también es comprensible: el fiasco de Irak, o la crisis financiera de 2008 y del euro en la UE se produjeron pese a que muchos expertos —aunque no todos— habían defendido las políticas que llevaron a esos desastres. Ahora el coronavirus es una especie de vindicación de la idea del conocimiento.