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Publicado en Noticias Premium Miércoles, 13 de mayo de 2020 00:00

Jonás Fernández: "Mientras el BCE compre deuda, no parece necesario que España acuda al MEDE"

Alexandre Mato (Bruselas) | "Si no existe una mutualización a través de la política fiscal, la va a haber de facto con la política monetaria. Es un debate que no se vislumbra en la mesa del consejo entre los países del norte y del sur, pero hay que visualizarlo" señala Jonás Fernández, coordinador del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo. "Si en términos fiscales los países del norte siguen reticentes a la creación de un instrumento que asuma los costes y distribuya la financiación vía transferencias, y no vía crédito, al final lo que seguiremos viendo es una mutualización de los riesgos en el balance del BCE. Y eso no es muy recomendable".

 

La pandemia del Covid19 ha provocado una crisis económica histórica, con contracciones más rápidas que las de 2009. El PIB de la eurozona puede caer al -7,5% y el de España al -8%. La presidente del BCE, Christine Lagarde, adelantó a los líderes europeos que el desplome de la economía podría ser mayor, hasta del 15% en la eurozona. ¿Desde el Parlamento Europeo cómo ven esas previsiones?

Es obvio que las economías de toda Europa –y a nivel global también– van a sufrir mucho por los confinamientos de la población, necesarios, por otra parte, para controlar la pandemia pero que están generando unos costes económicos muy notables. Parece que la economía de la eurozona podría caer en el entorno del 10%, pero son previsiones muy preliminares, no sabemos cuánto van a durar las medidas de confinamiento o si habrá nuevos rebrotes en otoño. Tomando las previsiones con cautela, también parece que en ausencia de una política de inversión común la recuperación sería lenta y tardaríamos varios años en recuperar la renta per cápita del pasado 2019.

 

Entonces, ¿usted no espera una recuperación en V sino más bien en L, es decir, con una estancamiento o ligero crecimiento durante bastante tiempo?

A mí me cuesta hacer previsiones a 18 meses, pero recojo las del Fondo Monetario Internacional, del Banco Central Europeo o del Banco de España, que apuntan a una recuperación con símbolo de Nike, con una caída pronunciada y una recuperación lenta. Esa evolución y las previsiones actuales se hacen desde un principio de ceteris paribus de las políticas públicas, por tanto, la incertidumbre no sólo es sobre el escenario base. Desde la política hay que trabajar para que la recuperación no sea lenta y sí algo más rápida. Se necesita una respuesta de política económica.

 

Las instituciones europeas aseguran que su respuesta es más rápida que en la pasada crisis. Y citan la triple red de liquidez de 540.000 millones de euros aprobada por el Eurogrupo: en lo laboral por la Comisión Europea; para los Estados con préstamos del MEDE para gasto sanitario y con créditos y garantías del BEI a las empresas. Hay críticas de que este diseño se basa en replicar el funcionamiento del Plan Juncker…

Sí creo que Europa está actuando más rápido y con más celeridad que en la última crisis. Los primeros acuerdos del Eurogrupo fueron para intentar que la hibernación de la economía generase los menos costes posibles, evitando la destrucción del tejido productivo. Ahí los ministros acordaron dos grandes líneas, lanzando un programa de avales y garantías a las empresas que hasta entonces era nacional, para permitir que pudiesen sobrevivir. Y, por otra parte, impulsos discrecionales a los déficits públicos que casi todos los gobiernos han acometido con programas especiales en sus propios seguros de desempleo. El acuerdo posterior continuó las dos líneas previas, pero con un grado de corresponsabilidad a nivel europeo al asumir el BEI una parte sustancial de los avales y garantías de los Estados, como en España del ICO, y también gracias al programa SURE de la Comisión, que permitirá que Europa sea corresponsable de una parte de la financiación de los seguros temporales. Creo que estas medidas son positivas y el problema no son ellas mismas, sino que cuando pase la hibernación la economía europea necesitará una inversión y ahí los Estados ya no podrán, o no todos, hacer frente a ese reto en la medida en que sus pasivos acumulados, sea por los estabilizadores automáticos o por medidas discrecionales, aún con ese respaldo europeo, alcanzarán niveles de deuda pública suficiente como para tener problemas a la hora de diseñar programas de inversión… Probablemente, el debate sobre los problemas de apalancamiento del diseño del Plan Juncker tengan más que ver con el programa de inversiones que con las medidas anteriores.

 

Con el Programa SURE la Comisión Europea tomó la iniciativa en un momento de estancamiento o enfrentamiento político en el Eurogrupo y en el Consejo. Un seguro para el empleó así, desde Bruselas, era novedoso. ¿Cree que países como España realmente se beneficiarán?

Sí claro, el objetivo es que lo haga. Creo que es una medida en la línea del European Financial Stabilisation Mechanism –EFSM, precedente del MEDE, primer fondo de rescate europeo creado en mayo de 2010)– que la Comisión puso en marcha en la crisis pasada. Se emitirá deuda mutualizada, con ella proveerá de liquidez a los Estados y si alguno no puede afrontar su devolución, el resto responde de manera solidaria. Es un ejemplo a nivel europeo de emisión de deuda mutualizada. Pese a las dudas iniciales de socios como Países Bajos, ahora sí se da el consenso político para estas medidas y que sean visibles antes del uno de junio. No sé lo que hará el gobierno español, pero es una instrumento que estará ahí, para usar y obtener una financiación más barata que la del mercado. Y está ahí para usarse. Sobre su uso o no, no creo que debamos replicar el debate como con el MEDE, que tiene otras connotaciones, no sé si decir, hasta históricas.

 

¿Y podría llegar a usar España los fondos del MEDE para el gasto sanitario o médico?

Bueno… habrá que ver las necesidades. A corto plazo no parece que sea necesario mientras el BCE siga comprando deuda como lo ha venido haciendo. Y su propia presidenta también ha dicho que podría revisar las cantidades de compra, el periodo temporal… No lo sé. En principio parece que la actuación del BCE en el mercado secundario está siendo suficiente como para mantener bajas las primas y no asumir el riesgo reputacional de acudir al MEDE. Pero habrá que ir viendo la situación según avance.

 

La polémica sobre el uso o no del MEDE y la creación de los coronabonos ha dado paso a otra sobre la financiación de los programas de inversión en los Estados mediante transferencias comunitarias o préstamos. ¿Cómo debería ser el equilibrio entre ambas en el Fondo de Recuperación?

Es importante justificar la necesidad de una respuesta europea a esta crisis, hacer ese esfuerzo intelectual. Y esa justificación parte de que la respuesta individual de cada uno de los Estados provoca un aumento de las deudas públicas. Vamos a ver el caso italiano, que terminará el año con unos niveles de deuda lo suficientemente altos como para impedir un posterior programa de impulso fiscal. Por eso debe haber una respuesta europea, hay un papel que jugar porque los Estados no lo van a poder hacer. Y si el argumento de los niveles de deuda pública encuentra justificación, entonces el Fondo de Recuperación debería basarse en transferencias y no créditos, porque más créditos sería empeorar más la situación de las cuentas públicas en algunos Estados. Creo que el programa de recuperación que financie la Comisión tiene que ser vía transferencias, como ocurre con los fondos estructurales o de cohesión. A veces parece que abrimos debates que algunos consideran nuevos, pero los fondos de cohesión son transferencias directas que llevan con nosotros treinta años, los inventó Felipe González.

 

¿Y con un crecimiento importante de los Presupuestos Plurianuales de la UE, como pedían desde el Parlamento Europeo?

Bueno, aquí hay dos debates al respecto. Está el de cuánto puede incrementarse el margen entre el límite de recursos propios y el de gastos comprometidos en los primeros años del marco presupuestario 2021-2027, para así permitir un apalancamiento con ese margen de garantía. Pero ampliar ese margen no significa que el presupuesto vaya a ser incrementado en gastos reales, depende también de si ese Fondo trasmite la financiación a fondo perdido o a crédito. En cualquier caso, veremos un incremento muy importante del presupuesto y también de los recursos propios, que al final son la garantía con la cual la Comisión va a poder apalancar ese presupuesto.

 

¿Con nuevos recursos vía impuestos para la Unión Europea como pueden ser, por ejemplo, una Tasa Financiera o a las emisiones de CO2?

Sí. Pensemos que, por ejemplo, la Comisión ya había introducido en su propuesta el impuesto a los plásticos. Y el debate no sólo está ahora en ampliar nuevos recursos sino también en la participación europea de los impuestos compartidos. En aduanas o en la recaudación del IVA hay un espacio muy grande para ampliar la participación europea. Al debatir sobre solidaridad en la UE hay que alimentar el presupuesto. Quien más tiene pues tiene que poner más, sea con sus contribuciones nacionales, con una reducción de su participación en presupuestos compartidos, o aceptando que parte de la recaudación de recursos propios vaya a la UE y no a él. Hay distintas opciones, pero obviamente todas pasan por incrementar la base de recaudación de la UE.

 

Ante esta crisis que, se puede convertir, principalmente, en una crisis de demanda, usted ha manifestado ciertas dudas sobre inundar de liquidez los mercados por parte de los bancos centrales. ¿Considera apropiados los 750.000 millones de euros anunciados por el BCE en compras de deuda pública?

Sí, creo que son convenientes. Yo he dicho que había que analizar los riesgos a la estabilidad financiera en caso de revisar los tipos de interés, pero a la vista del colapso de la demanda durante el confinamiento, la expansión cuantitativa es bienvenida y especialmente en la financiación de los déficits públicos de los Estados. Es cierto que las operaciones son a través del mercado secundario, pero tienen una incidencia directa sobre los tipos de interés en el mercado primario. Está bien la decisión del BCE en las cantidades en que lo ha hecho, y además abierto a revisar las cantidades, la distribución según el capital de los países, con Grecia incorporada en el paquete y con una revisión de la calidad crediticia en los colaterales. También creo que la actividad del BCE nos está situando, o lo hace con algunos, ante la disyuntiva real en la que nos encontramos y es que esta crisis exige mutualizar los costes en la medida en que compartimos moneda única. Si no existe una mutualización de los costes a través de la política fiscal, la va a haber de facto con la política monetaria. Porque la propia institución monetaria es quien asume el riesgo en el caso de un posible impago de los activos de deuda que está comprando. Es un debate que no se vislumbra en la mesa del Consejo entre los países del norte y del sur, pero hay que visualizarlo porque si no creará problemas. Si en términos fiscales los países del norte siguen reticentes a la creación de un instrumento que asuma los costes y distribuya la financiación vía transferencias y no vía crédito, al final lo que seguiremos viendo es una mutualización de los riesgos en el balance del BCE. Y eso no es muy recomendable.