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Jueves, 23 de enero de 2020

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Publicado en GESTORES Viernes, 10 de enero de 2020 00:00

La primera guerra petrolera de los años veinte

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Por si se nos había olvidado, el petróleo existe. Y ya en los primeros compases de estos nuevos felices años veinte, el choque frontal entre dos extremismos, el de Trump y el iraní, abre una nueva guerra petrolera.

 

 

Los fondos de renta variable ya han sufrido el impacto momentáneo de un crudo por encima de los 70 dólares barril (cuando las previsiones hablan de que se mantendrán por debajo de los 60 durante 2020). Al calor de las bombas, las Bolsas también han vuelto a temblar, aunque, por ahora, menos que en anteriores conflictos.

 

¿Será porque la auténtica nueva guerra petrolera no ha comenzado todavía? Mi opinión es que sí ha comenzado, aunque probablemente será volátil y de intensidad muy variable. Asistimos a una nueva versión, aún a pequeña escala, de los múltiples conflictos petroleros que vivimos en el siglo XX –desde aquel del Yom Kippur de 1973– y en estos principios del XXI. Y comprobamos cómo, pese al auge de las renovables, pese a las exigencias de frenar el cambio climático, pocas cosas siguen siendo tan influyentes en la economía mundial como el oro negro.

 

El irresponsable e inmaduro Donald Trump no sólo ha asesinado al general iraní Soleimani (responsable también de múltiples felonías), sino que amenaza nada menos que a 52 potenciales objetivos iraníes, aunque se conformara con anunciar nuevas sanciones económicas tras la primera respuesta del régimen persa: el inofensivo lanzamiento de misiles, el pasado 7 de enero, sobre bases iraquíes en las que hay tropas americanas.

 

Como no se han producido víctimas, no parece que ni Washington ni Teherán quieran una guerra y, además, ambos liderazgos han exhibido ya sus plumas propagandísticas ante sus respectivos pueblos, los mercados se han relajado. Pero no hay que olvidar ni el carácter imprevisible de Trump, ya en campaña electoral, ni que, en el otro extremo del radicalismo, los líderes de la República Islámica tienen mucho donde elegir si quieren hacer daño: los inestables escenarios de Siria, Irak, Líbano, Afganistán, Yemen, Israel y, por supuesto, ese Golfo Pérsico que no en vano lleva el antiguo nombre del país que ocupa una de sus dos orillas. Durante las continuas guerras en la zona (desde la irano-iraquí de los ochenta), la cotización del crudo ha oscilado tanto como el vuelo de los misiles sobre esas aguas, el ataque a los petroleros y las amenazas de cierre del estratégico estrecho de Ormuz, por donde aún transita el 20 por ciento de la oferta mundial de crudo.

 

Pero no hay que irse tantos años atrás para recordar guerras del petróleo. Desde esta misma tribuna alertábamos, a finales de septiembre, de que una de las asignaturas pendientes para el nuevo curso era precisamente el eterno conflicto en Oriente Medio y su impacto sobre el mercado del crudo. Nos lo recordó la crisis desatada cuando un enjambre de drones, y siete supuestos misiles de crucero, atacaron el pasado 14 de septiembre la instalación de la petrolera saudí Aramco en Abqaiq. Que la mayor planta de procesamiento de crudo de todo el mundo sufriera una seria interrupción de sus operaciones (por ella pasan dos tercios de los diez millones de barriles diarios que produce Aramco) ya dio mucho que pensar a los gestores de fondos que invierten en el sector. En ese momento, el precio del crudo subió de golpe un 20 por ciento, para desinflarse con rapidez. En esta última crisis, tras el asesinato de Soleimani, la subida fue de sólo un cinco por ciento.

 

En septiembre ya se habló de que tras el ataque de los “terminators” volantes estaba la larga mano del régimen iraní. No sería sorprendente que asistiéramos en estos tiempos a episodios parecidos, mientras que el Congreso norteamericano –dominado por los demócratas– se esforzará para que la respuesta de Trump, cegado por su incompetencia y sus ansias electorales, no sea tan “desproporcionada” como él mismo anunció tras el ataque de drones contra el general iraní.

 

Y a todo esto, con el pernicioso régimen saudí interesado en dañar a su gran enemigo en la zona, Irán, pero sin duda satisfecho con un petróleo al alza que refuerza aún más la posición de su gigante petrolero, Aramco, convertido ya en la compañía cotizada más grande de la Historia: su valor bursátil supera ya los dos billones de dólares, una cifra incluso mayor que la suma de las capitalizaciones de Apple y Alphabet (la matriz de Google).

 

Lo cual suscita otra reflexión sobre lo importante que sigue siendo en petróleo para los mercados y la economía mundial: ¿qué ocurriría si, por ejemplo, quebrara Apple y dejara de producir sus ordenadores y sus móviles? ¿Una crisis mundial? No creo. Pero, ¿qué pasaría si, aunque sólo fuera durante unos días, la mayor petrolera del mundo dejara de bombear sus diez millones de barriles diarios de crudo? Teniendo en cuenta que sólo Rusia y Estados Unidos pueden producir tanto en un solo día, cualquier nueva animalada bélica en el Pérsico será, sin duda, una mala noticia para los mercados y la economía global: el FMI espera un crecimiento del 3,4 por ciento en el PIB mundial durante 2020, pero con el precio del Brent en torno a los 58 dólares/barril.

 

Pero cualquier enfriamiento económico sería nocivo para el propio Trump y su año electoral, ya que afectaría también a la economía estadounidense. Quizás sea eso lo que, al final, enfríe la tensión en una zona en la que todas las guerras se pierden, sin importar quién se anota la victoria teórica. El único que siempre gana es, por supuesto, el precio del oro negro… o el régimen político que venda mejor el conflicto para consumo interno, ya sea para ganar unas elecciones, ya sea, como en el caso del régimen iraní, para acallar los descontentos sociales provocados por su mala gestión y por las sanciones internacionales.

 

Mientras, los fondos de renta variable internacional parecen haber sufrido un impacto moderado. Pero sus gestores vuelven a girar la vista hacia Oriente, y no precisamente esperando que una estrella traiga otros Reyes Magos, sino temiendo que el vuelo de otro dron traiga nuevas subidas del barril de crudo.