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Publicado en GESTORES Viernes, 24 de enero de 2020 08:00

Los fondos huyen del carbón… pero no de Trump

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | En el universo de la inversión colectiva, pocas cosas tienen el futuro más negro que el carbón. Señalada como una de las responsables de la emergencia climática, la energía generada por este mineral está sentenciada. El fondo de inversión más grande del mundo, Blackrock, pretende deshacerse de cualquier mancha negra en sus carteras y es probable que más gestoras sigan pronto esta tendencia.

 

 

¿Se desprenderá también la gran gestora americana de las empresas que se beneficien de la relajación legislativa impulsada por el negacionismo climático de Donald Trump, recién exhibido incluso en la cubre de Davos?

 

La carta anual del presidente de Blackrock, Larry Fink, es una especie de epístola de San Pablo a los inversores creyentes en la mayor gestora planetaria. Y últimamente esta misiva viene cargada de buenos propósitos éticos y casi morales. El año pasado, Fink arremetió contra los desmanes del capitalismo, como contamos en el número uno de la revista GESTORES, publicado en abril de 2019: además de buscar el beneficio, las compañías deben tener “un propósito”, señalaba la carta, para puntualizar a continuación que esto “no es un simple eslogan o una campaña de marketing, sino que es la razón de ser fundamental de las empresas: lo que hacen para generar valor para sus partes interesadas”. Una auténtica filípica contra los desmanes del capitalismo.

 

En su carta de este año, publicada hace un par de semanas, Larry Fink amenaza con votar en contra de los equipos directivos de las empresas que no se comprometan en la lucha contra el cambio climático. De hecho, afirma que Blackrock liquidara sus posiciones en compañías que generen más del 25 por ciento de sus ventas en la producción de carbón térmico. Y recuerda que durante 2019, el gran fondo votó en contra, o al menos se abstuvo, en la elección de 4.800 consejeros de 2.700 empresas por su escaso compromiso con la sostenibilidad.

 

La respuesta de las compañías sólo puede ser reconvertirse, para bajar de ese fatídico 25 por ciento que implicaría el veto de Blackrock. Y aquí también tienen responsabilidades los líderes políticos y sus medidas para facilitar esta transición ecológica (por utilizar el término “ministerial” de moda). Europa va a la cabeza, como lo prueba la última decisión de Bruselas en este ámbito: movilizar 100.000 millones de euros en inversiones destinadas a las regiones europeas más afectadas por la descarbonización de la economía.

 

Porque es aquí, en el ámbito de la política, donde aparece el verdadero problema. Aunque la Unión Europea se esfuerce, los mayores contaminadores del planeta, China y Estados Unidos, siguen mirando para otro lado en la lucha contra la emergencia climática. No estaría de más saber qué opina Fink del negacionismo climático de Trump y de sus medidas para que los controles ambientales sean cada vez menores en Estados Unidos. ¿Qué pasaría si el mayor fondo de inversión del planeta amenazara con retirar sus inversiones no sólo del carbón, sino de cualquier compañía que se aprovechara de la relajación en las normativas medioambientales americanas?

 

Ánimo, señor Fink. Está muy bien arremeter contra uno de los malos de la película, el carbón. Pero no estaría de más que recordara, quizás en una nueva misiva antes de que acabe este año electoral norteamericano, que hay otros malos con las manos mucho más negras y más largas. ¿O va a seguir invirtiendo tranquilamente la gestora Blackrock en compañías que aplauden las normas dictadas desde esta Casa Blanca tan contaminante que pronto habría que llamarla Black House?

 

Por cierto que, visto su rechazo al negro carbón, la gran gestora americana podría aprovechar también para cambiar de nombre y llamarse, por ejemplo, Whiterock o Greenrock. Si les gusta la idea, acuérdense al menos de citar a quién se la propuso.