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Martes, 31 de marzo de 2020

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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Martes, 11 de febrero de 2020 08:30

Powell se tendrá que enfrentar al dilema fiscal de EEUU: no hay margen para recortar impuestos; la deuda pasaría del 78% al 144% del PIB en 2049

Intermoney | Las intervenciones de los máximos responsables de la Fed, el BCE y el BoE ante el Congreso de Estados Unidos, el Parlamento Europeo y la Cámara de los Lores, respectivamente, evitarán que el monopolio de la atención recaiga en el coronavirus ya que la agenda de indicadores no se presenta especialmente vibrante.

 

En la Eurozona no se publicará ningún dato reseñable, mientras que en Estados Unidos el repunte de los empleos vacantes (JOLTS) hasta cotas de 7 millones pasará desapercibido y la encuesta de la confianza de las pequeñas y medianas empresas (NFIB), aunque relevante, no es uno de los indicadores estadounidenses que podemos tildar de decisivos. No obstante, éste esperamos que mejore en enero hasta 103; circunstancia que debemos achacar a la demanda eminentemente nacional de estas empresas y al hecho de que puedan percibir los problemas en un competidor del calibre de China como una oportunidad.

 

Por su parte, en Reino Unido se conocerá un mayor número de indicadores y, además, relevantes, pero básicamente desde la perspectiva de la economía británica ya que ésta a escala global no tiene la fuerza de arrastre suficiente para dar forma a un movimiento en los mercados mundiales. Además, los indicadores británicos que se darán a conocer se corresponderán con la parte final de 2019; periodo que muchos considerarán que todavía estaba especialmente influenciado por la incertidumbre y esto llevará a que se relativice su importancia. Un buen ejemplo de ello será el estancamiento del PIB del 4tr19; dato que se verá salvado por el avance de las exportaciones y el gasto público.

 

En paralelo, la producción manufacturera británica de diciembre se recuperará de su mal comportamiento en noviembre que estuvo vinculado con algunos ajustes preventivos de producción con la vista en un proceso del Brexit que en aquel entonces todavía se antojaba más incierto. Por su parte, el gasto en construcción en el Reino Unido durante el último mes de 2019 cederá posiciones, aunque sin inquietar, y la balanza comercial de diciembre resultará secundaria, una vez conocido el comportamiento de la demanda externa en el 4tr19 gracias al PIB.

 

De vuelta a las intervenciones de los presidentes de los grandes bancos centrales, todos los ojos estarán puestos en Powell que durante la tarde pondrá de relieve la buena salud de la economía estadounidense y su capacidad para seguir creciendo por encima del potencial. La pérdida de vigor de los dos grandes riesgos que nos atenazaron en 2019, conflicto comercial y brexit, sustentarán su visión positiva, mientras que los actuales acontecimientos en China representarán una fuente de incertidumbre ante la que no sobrerreaccionará.

 

El citado posicionamiento no supondrá ninguna novedad y esto hará que se preste mayor atención a lo que diga el presidente de la Fed sobre las tensiones en el mercado monetario estadounidense después del verano y el encaje de políticas fiscales expansivas en el futuro de Estados Unidos. Respecto al primer punto, los demócratas del Senado ya han registrado una serie de preguntas y resulta bastante probable que también se trate hoy en el Congreso. En un principio, se defenderá el éxito de los pasos llevados a cabo para incrementar el exceso de reservas bancarias, no sólo mediante el aumento del balance de la Fed, también por medio de la mejora de su retribución. No obstante, el riesgo de que se repitan las tensiones del pasado seguirá vivo mientras la Fed no instaure un sistema permanente para gestionar la liquidez al estilo del BCE.

 

En segundo lugar, la política fiscal en Estados Unidos, seguramente, sea otra cuestión que centre las preguntas de las autoridades políticas a Powell, sobre todo, después de que el presupuesto presidencial de 4,8 billones de dólares para 2021 fuera recibido fríamente en el Congreso. Los recortes del gasto en ayuda exterior y programas vinculados a la seguridad social que incorporan los planes de Trump no gustan a la mayoría demócrata, si bien más relevante será el debate respecto a si Estados Unidos tiene margen para recortar los impuestos. Una cuestión que ganará importancia en un año electoral como el actual, pero respecto a la cual la respuesta es clara: No hay margen. El déficit público de Estados Unidos se situó en el 4,7% del PIB en 2019 frente a las cifras de -3,1% alcanzadas en 2016 y la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO por sus siglas en inglés) estima que promedie un -4,3% del PIB en la próxima década y un -7,9% en la década de los años 40 de este siglo. De forma que la deuda estadounidense pasaría del 78% del PIB en 2019 al 144% en 2049, según el CBO.

 

En último lugar, Powell también hablará de la revisión estratégica que está llevando a cabo la institución desde comienzos de 2019. En este apartado incidirá en el concepto de simetría del objetivo de inflación y su cumplimiento en plazos relativamente largos, al tiempo que dejará entrever que la Reserva Federal trabaja en otros planteamientos para la vertiente de las acciones heterodoxas. De hecho, algunos documentos de la Fed apuntan que se están investigando opciones como el establecimiento de un control de la curva al estilo japonés.

 

Por su parte, Lagarde en su presentación del Informe Anual del BCE en el Parlamento Europeo exhibirá sus dotes políticas, evidenciando cambios en el liderazgo de nuestro banco central respecto a la era Draghi que servirán para mejorar la gobernanza de la entidad. En esta línea, se filtraba un encuentro a finales de noviembre con el bando díscolo del BCE en el que se dejaba claro que las medidas acordadas el pasado septiembre no estaban en entredicho, pero también que en el seno de la entidad se daría margen un mayor grado de debate. De momento, las discusiones empiezan horas antes y se da margen a una participación razonable, al tiempo que los consejeros cuentan con las propuestas días antes de la reunión.

 

El hecho de que las disensiones en el BCE pierdan intensidad es una cuestión clave de cara a la toma de decisiones en un futuro, si bien a corto plazo lo importante es que hoy Lagarde seguirá transmitiendo confianza en la estabilización de la economía de la UEM (aunque sea más costosa) y la posterior aceleración. En paralelo, recordará que la revisión estratégica que lleva a cabo la entidad será completa y se tratará de finalizar antes de acabar 2020, al tiempo que enfatizará que estamos ante un proceso abierto a todos y esto gustará mucho en la cámara de Estrasburgo.

 

En tercer lugar, Carney como presidente saliente de BoE se caracterizará por su prudencia, realizando un discurso plano al recordar los desafíos todavía existentes vinculados a la nueva fase del Brexit que afrontamos. Una situación que le llevará a dejar claro que resulta clave salvaguardar el margen de acción de política monetaria británica con la vista puesta en los riesgos todavía existentes.

 

Las cuestiones expuestas no implicarán grandes cambios en el escenario económico y permitirán evadirnos puntualmente de la avalancha de informaciones sobre el coronavirus. En este sentido, lo más importante es cómo marcha el intento del gigante asiático por normalizar la actividad; un ejercicio que resultará costoso. En principio, el día de ayer marcó oficialmente la vuelta a la actividad, si bien la casuística resulta de lo más variopinta. En algunos casos, las propias empresas han optado por extender el cierre o prolongar el teletrabajo, mientras que algunas compañías industriales sufren la escasez de trabajadores que se han incorporado a sus puestos y otras como Foxconn, el fabricante del iPhone, todavía esperan el permiso gubernamental para reabrir sus factorías.

 

Por el contrario, entre los fabricantes de automóviles, Ford, Daimler y Tesla reabrían sus fábricas, aunque esto no evita que continúen las especulaciones sobre la capacidad del sector automovilístico para llevar a cabo su actividad con normalidad. Un hecho potenciado por el reconocimiento por parte de Nissan de los problemas para mantener una parte de su producción en Japón como consecuencia de las disrupciones en la cadena de suministros.

 

De momento, los problemas que se están viviendo en China deben considerarse puntuales, al tiempo que debe tenerse presente que las autoridades chinas harán todo lo posible para que la economía salga en “V” en cuanto remita la enfermedad. En 2019, el gasto público en el gigante asiático aumentó un 8,1%, los recortes impositivos fueron protagonistas y se dio mayor margen a los gobiernos locales para emitir deuda destinada a financiar infraestructuras. Una apuesta por los estímulos fiscales que se reforzará en 2020 y se verá reforzada por el apoyo del banco central. Desde la institución ya se dejan vislumbrar recortes de la ratio de reservas y de los tipos.

 

El anterior escenario parece ser el manejado en países como Malasia, donde se confía en que la economía acelere ligeramente en 2020 hasta crecer un 4,8%. Una visión que parecía entrar en contradicción con el comportamiento a la baja del crudo, aunque éste se debe más a dinámicas de oferta y demanda a corto plazo y la posición de Rusia en la OPEP+ que a cuestiones de medio plazo.

 

En suma, los grandes bancos centrales nos servirán para airear la mente del coronavirus, a pesar de no generar novedades decisivas, mientras que los datos sólo generarán algo de interés en Reino Unido y, en España, conoceremos la senda de estabilidad y el cuadro macro del gobierno. Todo ello en un día en el que tampoco debemos perder de vista los resultados empresariales en Europa: Randstad, TUI, Daimler y Hotchief.