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Miércoles, 08 de abril de 2020

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Publicado en CONSENSO Martes, 08 de noviembre de 2016 00:00

Francia se interpone en los proyectos energéticos de España en Europa

Fernando Barciela | España lleva varios años tratando de impulsar dos proyectos sumamente importantes para su sector energético: la venta de gas y de electricidad (básicamente de origen renovable) a la UE.

 

Sin prácticamente resultados positivos hasta la fecha. Pese a que ya en el 2012 se llegó a un acuerdo con Francia y Bruselas para aumentar las interconexiones eléctricas y gasísticas con Europa por los Pirineos y el dinero está ya disponible para acometer esas inversiones, estas tardan en materializarse más de la cuenta. Unos retrasos que empiezan a provocar indignación en nuestro país.

 

Recientemente, un alto cargo de Red Eléctrica recordó que ese compromiso, del 2012, fijaba que entre España y Europa debería haber en el 2020 una tasa de interconexión similar al 10% de la demanda peninsular, unos 10.000 Mw. Algo que, cuatro años después, está lejísimo de conseguirse. Ahora mismo solo hay 3.000 Mw, una capacidad insuficiente para que empiece a funcionar un verdadero mercado único energético.

 

¿De quién es la culpa? De Francia, sin duda. Este país, han acusado ya los responsables de los sectores energético e industrial, no tiene el menor interés en facilitar la entrada de electricidad de origen renovable a través de su país: la razón es evidente. Su gran negocio consiste en vender su energía nuclear, muy barata, y hacerlo sin competencia adicional.

 

Pero, España tiene sus propios intereses, tan legítimos como los de su poderoso vecino: básicamente que tenemos una de las mayores infraestructuras de renovables de Europa, especialmente en eólica por lo que disponemos de capacidad para producir mucho más energía eléctrica de este origen de la que se puede consumir, sobre todo por las noches. Esa electricidad, muy barata, podría ser vendida a Europa si hubiera suficiente capacidad de interconexión eléctrica en los Pirineos.

 

Ahora mismo hay varios proyectos en marcha para materializar esas posibilidades de exportación (y también, claro, de importación) de electricidad, dos en el país Vasco y uno en Aragón. Se duda que vayan a estar completados en una fecha adecuada para los intereses españoles. Francia no muestra ninguna disposición.

 

Algo similar pasa con el proyecto de enviar gas desde España a la Europa del Norte, una iniciativa lógica teniendo en cuenta que en esa zona tienen una dependencia altísima del gas de Rusia y la propia UE lleva años buscando el modo de reducirla. España podría contribuir a reducir esa dependencia ya que no solo recibimos gas a través de varios gasoductos sino que tenemos siete plantas de gas licuado, que reciben gas por barco de 10 países suministradores diferentes. Nada de dependencia, pues. Mientras Europa en su conjunto recibe el 86% del gas por tuberías, básicamente de Rusia, en España solo el 53% viene por gasoducto: el 47%, restante nos llega por vía marítima en forma de GNL.

 

También aquí la solución pasa por enviar ese gas a través de gasoductos a Europa. Una solución para Europa, que reduciría su dependencia, y para España, que ahora, debido a las renovables, consume muy poco gas lo que ha llevado a que esas siete instalaciones estén lamentablemente subutilizadas. Hacerlo parece, sin embargo, imposible ya que tampoco existe suficiente capacidad de transporte de gas con Europa a través de Francia. La frontera franco-española cuenta hoy, en ambos sentidos, con capacidad para conectar cerca de 7 bcm cuando haría falta al menos triplicar esa cifra.

 

También aquí España sigue enfrentándose a la falta de voluntad de Francia para permitir el despliegue de estas infraestructuras. Pese a que el gasoducto Midcat permitiría llegar a los 15,1 bcm (miles de millones de metros cúbicos) nadie sabe cuando estará construido y en funcionamiento. De entrar en funcionamiento España podría sustituir, a través de sus gasoductos marinos y puertos, hasta el 12% del gas que hoy llega del Este.

 

De poco parecen haber servido las constantes reuniones, la última hace unos meses cuando los ministros de Francia, Portugal y España se reunieron en París para discutir la viabilidad del proyecto, un plan sustentado en un pacto firmado a principios de año por España, Portugal, Francia y la Comisión Europea. Ante los retrasos, los representantes de la industria consumidora de gas, que esperan que el gasoducto sirva también para abaratar los precios de este combustible no han dudado en acusar a los del ‘otro lado’ de ‘no querer los gasoductos transfronterizos’, lo que condena a España, en plena UE, a seguir siendo una isla energética en Europa.  

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