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Jueves, 22 de agosto de 2019

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Publicado en CONSENSO Martes, 16 de octubre de 2018 08:00

España se acerca a la madurez del ciclo: urge corregir los desequilibrios y debilidades existentes

Francisco Vidal (Intermoney) | España no creció al 3 y al 2,7% apuntados en los dos primeros trimestres del año, lo hizo al 2,8 y al 2,5%; y cambian de signo, a la baja, las revisiones sobre el crecimiento esperado para este y el próximo año, así que se impone aprovechar el crecimiento para hacer las reformas y los ajustes fiscales pendientes.

 

El inicio del nuevo curso trae consigo la actualización de las proyecciones macroeconómicas por parte de los servicios de análisis y determinadas instituciones. En esta ocasión, dicha circunstancia está generando mayor interés en nuestro país debido al ajuste generalizado a la baja de las previsiones de crecimiento para la economía española que coincide con un complicado escenario político.

 

El Panel de previsiones de la economía española realizado por Funcas, la gran referencia respecto a qué se espera de la economía de España dentro de nuestras propias fronteras, evidencia perfectamente lo apuntado. La encuesta de septiembre arrojaba el recorte de una décima del consenso de crecimiento para 2018 y 2019 respecto a las respuestas recogidas en julio, situándose la media de los 18 servicios de estudios participantes en 2,7% y 2,3% para sendos años.

 

Los ajustes a la baja de las previsiones, a buen seguro, hubieran sido ligeramente mayores en el caso de haberse realizado después de conocerse los datos finales del PIB del segundo trimestre de 2018. Estos se veían afectados por la revisión ordinaria de los datos de los años más recientes, si bien llamaba la atención que los destacados cambios observados en las tasas de variación trimestral de componentes importantes conviviesen con ajustes de menor calado en las cifras agregadas de crecimiento. Un hecho que genera cierta cautela, pero que no esconde la realidad acorde con un crecimiento inferior a lo inicialmente estimado para la primera mitad de 2018.

 

En términos interanuales, España no creció durante los dos primeros trimestres del año el 3,0% y 2,7% apuntado inicialmente, sino que lo hizo en un 2,8% y 2,5%. De forma que las cifras de crecimiento empiezan a señalar cierta moderación y hacen visible la madurez del ciclo económico; circunstancia que no debe sobredimensionarse pero tampoco despreciarse al recordarnos la caducidad de todas las fases expansivas. De hecho, estamos ante un momento clave para dar un paso al frente y prepararnos para la próxima recesión, que siempre llegará, y esto implica abordar los importantes deberes pendientes en el ámbito de las cuentas públicas y las reformas estructurales.

 

En la nueva fase que afrontamos, se impone asumir que las tasas de crecimiento del 3% quedaron atrás y, en el mejor de los escenarios, se caminará de forma progresiva hacia nuestro potencial que podemos situar en el 1,5%, si bien el FMI lo eleva hasta 1,75% y la Comisión Europea lo reduce al 1,2%. De cara al futuro, el consumo de los hogares, que representa el corazón del PIB de España, consolidará su moderación ante unas familias que todavía pueden poner en valor la renovación del parque automovilístico (empujada por el peor trato a la tecnología diésel) o la necesidad de nuevo equipamiento para la vivienda que suele acompañar a la reactivación del mercado inmobiliario, pero poco más. La moderación de la creación de empleo, la contención de los salarios, el agotamiento de la demanda embalsada o el encarecimiento de la vivienda en los grandes centros de consumo, juegan a favor de un futuro caracterizado por un gasto de las familias menos dinámico.

 

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