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Lunes, 14 de octubre de 2019

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Publicado en GESTORES Viernes, 28 de junio de 2019 00:00

Fondo verde, que te quiero verde…

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Lo de Green MiFID llevarán escuchándolo al menos desde 2018. Es el conjunto de normas que pretenden hacer más verde la famosa MiFID II, la normativa europea que lleva ya dos años transformando los mercados y productos de inversión. Y decimos verde en un sentido amplio: el objetivo, particularmente en el mundo de los fondos, es que el inversor tenga claro si los productos que elige responden a las también famosas normas ASG (ambientales, sociales y de buen gobierno). 

 

 

Ya he hablado en esta columna de que la sigla ASG ha llegado para quedarse y de que muchos fondos y gestoras la han convertido en bandera, incluso comercial. Precisamente uno de los temores de los reguladores europeos es el llamado efecto washing green, es decir, que todos afirmen ser ASG, vender productos con etiqueta ASG, operar con criterios ASG, ser más verdes que nadie, pero, en realidad, muy pocos lo sean.

 

La Unión Europea aprobó en 2018 una serie de medidas para que este “verde que te quiero verde” sea de verdad y no un mero estandarte de venta. Y la Comisión acaba de publicar un sistema de clasificación dinámica para que inversores y empresas identifiquen qué actividades económicas son de verdad sostenibles desde el punto de vista ambiental. Se trata de una suerte de taxonomía que determina lo que es y lo que no es verde.

 

Ya desde las recomendaciones aprobadas hace un año, al margen de exigir diversos criterios de selección de inversiones verdaderamente verdes (o ASG en general), el regulador europeo vuelve a cargar buena parte de la responsabilidad final sobre las entidades y, por supuesto, sobre los inversores. ¿Cómo? Pues exigiendo a quienes comercializan fondos que pregunten al inversor si prefiere o no apostar por una inversión sostenible.

 

¿Quién va a ser tan malvado como para a decir que no, aunque tampoco tengamos aún del todo claro qué es y qué no es ASG? Nadie en su sano juicio respondería con un sí a la pregunta: ¿le importaría comer gatitos adorables, de esos que tanto se ven en YouTube? Pero, ¿y si le están dando gato por liebre? Por más que digamos que no queremos invertir en fondos que no sean ASG, ¿es eso suficiente? En sus planes de hacer más verde la MiFID, el siguiente paso de la Unión Europea fue el dado hace unos días, al definir qué es inversión sostenible y qué factores determinan que esa inversión responde sin dudas a los criterios ambientales.

 

Ya comenté hace semanas en esta misma columna que grandes gestoras como Allianz Global Investors reconocían que en ocasiones no era fácil determinar si una empresa sigue de verdad los criterios ASG. Al final, en caso de dudas, no le queda al analista más remedio que visitar la compañía y entrevistarse con sus directivos, para indagar, en vivo y en directo, si es cierto que respeta todo lo relacionado con la ASG y si, por tanto, pasa todos los filtros para entrar en la cartera de un fondo que se venda como ASG. La semana pasada comentábamos aquí que el Fondo de Pensiones de Noruega (el fondo soberano más grande del mundo) ha decidido desinvertir masivamente en petroleras y apostar fuerte por las renovables, para potenciar así criterios ASG que sigue hace años, como no invertir en empresas de armamento, contaminantes o que atenten contra los derechos de los trabajadores. Para ello, cuenta con un potente comité ético que analiza y vigila a las nada menos que 9.000 compañías de las que este fondo tiene acciones.

 

No es fácil que lo verde sea verde de verdad y no un mero tinte superficial. De momento, cuando por exigencias de la Green MiFID, le pregunten si quiere usted que sus fondos tengan criterios ASG, de entrada puede responder que sí, cómo no. Pero, mientras tanto, no deje de fijarse también en un par de factores que son tan de buen gobierno y tan sociales como los que llevan la etiqueta ASG. ¿Cuáles son esos dos factores? Primero, que el fondo no le abrase en comisiones y, segundo, que por lo menos logre una rentabilidad capaz de batir a la inflación y/o a sus índices de referencia. Porque si además de no tener claro que su fondo es ASG, resulta ser tan anti-buen gobierno y anti-social que está ganando dinero sólo para la entidad y no para el inversor, se va a poner usted verde, pero de ira.  

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