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Publicado en CONSENSO Lunes, 10 de octubre de 2016 00:00

Los retos de Brasil

Intermoney | Brasil, la economía más pudiente de Latinoamérica, tiene ante sí un problema notorio: hacer frente a un escenario de crisis e incertidumbre tanto política como económica.

 

A la destitución de la antigua presidenta, Dilma Rousseff, a tenor de la mala gestión salpicada por los casos de corrupción y la llegada al poder del nuevo presidente Michel Temer; se le unen los problemas de una economía en profunda recesión con problemas estructurales y con la necesidad de recobrar la confianza de los ciudadanos e inversores. Los retos a los que se enfrenta Temer, para lavar la cara de un país con una imagen muy deteriorada, son complejos.

 

Parte de la causa en la evolución negativa de la economía brasileña reside en factores externos. A la ralentización del crecimiento global, más concretamente de China, hay que sumarle la caída de los precios de las materias primas y las turbulencias financieras.

 

La evolución de la economía china ha sido un factor muy a tener en cuenta en la recesión Brasil si tenemos en cuenta que un 18,6% de las exportaciones en 2015 iban destinadas al gigante asiático. Sin embargo, los riesgos sistémicos causados por eventos idiosincráticos o desbarajustes en los intermediarios financieros suelen escaparse al control de la política interna. De manera interna, el primer punto en el que la nueva administración consiste en recobrar la confianza de los ciudadanos en pos de una recuperación de la credibilidad en las instituciones sociales y políticas. El caso de corrupción que azotó a la estatal brasileña Petrobras y que mancilló al gobierno anterior, llevándose por delante a muchos altos cargos políticos, ha minado la confianza del pueblo brasileño hacía sus políticos. La misma imagen de Temer está en entredicho y, según una encuesta de Datafolha en junio, sólo un 14% de los brasileños tiene una visión favorable del gobierno.

 

Para la normalización de la situación política es necesaria una imagen de credibilidad y seriedad que depare una mejora de la percepción externa. En el año 2015, la inversión se contraía un -14,1%, mientras que para 2016 se espera que caiga un -11,1%. En esta línea, la pérdida del grado de inversión por parte de las agencias de rating agravó los problemas de financiación del país. En la actualidad, la calificación de la deuda soberana brasileña por parte de las tres principales agencias se encuentra fuera del límite que marca el grado de inversión (Moody’s Baa2, S&P BB y Fitch BB) y, en todos los casos, con perspectiva negativa.

 

Luego, la generación de confianza se hace primordial para reducir la incertidumbre y dar estabilidad. A nivel interno, el nombramiento de Temer ya supone un paso adelante en la medida que disipa las dudas con respecto a quién tomará las riendas del país. Aun así y como comentamos con anterioridad, la confianza hacia el gobierno continúa en niveles bajos por lo Gobierno debe de tomar una actitud proactiva.

 

Temer parece que ha decidido centrarse en dar una solución al déficit fiscal, uno de los mayores problemas estructurales. Éste es producto de la concesión desmedida de beneficios públicos incompatibles con el ingreso nacional y la caída de los ingresos públicos como consecuencia del freno de la demanda interna. El actual Gobierno se ha visto obligado a remodelar su cálculo y establecer un objetivo de déficit fiscal que ronda los 47 mil millones de dólares para este año, lo cual fue aprobado por el Parlamento.

 

El nuevo objetivo de las cuentas públicas contempla, asimismo, un déficit fiscal primario o antes del pago de intereses de -2,75% sobre el PIB para este año (en julio se situaba en -2,5%) y del -2,2% para 2017. A su vez, se estima que el déficit nominal, incluyendo el pago de la deuda, ascienda hasta -8,96% del PIB (-10,08% actualmente), mientras que la deuda pública, que alcanza en este momento el 69,5% del PIB, escale al 43,9%. En este punto, el Ejecutivo ha propuesto mantener el gasto público en términos reales constante durante los próximos veinte años, aunque un escenario de así no garantiza una estabilidad de la deuda, pero sí que conlleva la utilización de medidas impopulares como un aumento de los impuestos.

 

 

Otro foco de interés para la administración de Temer pasa por la estimulación del consumo. El repunte del consumo interno a partir del aumento de los salarios, las exenciones impositivas y los subsidios a sectores como el fabril fueron algunas de las causas del crecimiento, aunque la expansión del consumo unido al aumento del gasto fiscal vía precios administrados se tradujo en una presión sobre los precios y la posterior inflación que socavó, asimismo, la propia capacidad adquisitiva de los consumidores.

 

No obstante, los menores ajustes en los precios regulados, gracias a la menor caída de los precios de las materias primas, así como la desaceleración de la demanda interna y la moderación de los salarios ha provocado una reducción de la inflación que ha pasado de 10,7% a. a principios del años al 8,7% a. alcanzado en julio. El alivio del IPC (5,5% estimado para 2017) y su mayor convergencia con los objetivos del Banco Central de Brasil, podrían hacer que la autoridad monetaria aplicase una política menos restrictiva y baje el tipo Selic (actualmente en 14,25%), lo cual se espera que suceda en 2017.

 

Parece seguro que, en el corto plazo, el mercado laboral continuará deteriorándose, lo que evitará la recuperación del consumo privado. A medio plazo, la hoja de ruta pasa por la implementación de reformas económicas que den solución a los problemas fiscales, aunque eso suponga crecimientos bajos. Para éste año, el Banco Central de Brasil estima una contracción de -3,14%, mientras que para el año que viene se espera un crecimiento de 1,30%.

 

Desde el Gobierno ya se ha anunciado una reforma del sistema de previsión social, un congelamiento por veinte años de los presupuestos para la Salud y la Educación, la flexibilización de la jornada laboral o la aplicación de un plan de privatización de infraestructuras con el que se espera recaudar entre 5 y 8 mil millones de dólares.

 

Así que Temer deberá de batallar con un Congreso, que todavía no es sólido, a la vez que recobra la confianza y el apoyo popular de un pueblo brasileño cada vez más receloso.  

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