Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Sábado, 22 de febrero de 2020

Pulse en el valor para ver ratios >

Publicado en GESTORES Viernes, 17 de enero de 2020 08:00

Algo –además del Brexit acelerado– huele mal en la City

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Nada más arrasar en las elecciones generales del pasado 12 de diciembre, Boris Johnson tomó dos decisiones que extienden cierto mal olor sobre la City de Londres: la primera, empeñarse en reducir a un año el periodo transitorio del Brexit (pobre ingenuo si piensa que esto va a suavizar las posiciones ya adoptadas por Bruselas); la segunda, nombrar un nuevo gobernador para el Banco de Inglaterra que no ha gustado nada a los mercados.

 

La libra, de nuevo bajo presión; las empresas británicas, otra vez amenazadas por unas prisas negociadoras que pueden comprometer sus intercambios comerciales con Europa; las entidades financieras, aún preocupadas por lo mucho que puede perder Londres como capital del dinero, no sólo por la fuga de firmas que ya se ha producido (como grandes gestoras de fondos británicas que han trasladado sedes y activos a las comunitarias plazas de Dublín o Luxemburgo), sino también por la reducción de efectivos que, en general, los bancos europeos e internacionales han efectuado ya en Londres, cuyo mercado inmobiliario, por cierto, comienza a sufrir los efectos bajistas de esta migración de talento hacia la otra orilla del Canal de la Mancha… Demasiados frentes abiertos para este nuevo año.

 

Tras ganar las elecciones de diciembre con nuevas mentiras (¡ya está bien de llamarlas “fake news”!) y frente a una oposición laborista absolutamente inoperante, el cómico y ególatra Boris se piensa que ya tiene todo el trabajo hecho para culminar el Brexit. Pero le esperan meses muy duros en los que, además, estará bajo un intenso escrutinio por parte de la City de Londres. De entrada, ya preocupa en la plaza londinense que Johnson haya puesto al frente del Banco de Inglaterra a Andrew Bailey, un personaje cuestionado por “tragarse” varios escándalos financieros durante los cuatro años en que presidió la autoridad reguladora de los mercados, la famosa FCA (el organismo equivalente a la CNMV española).

 

El nombramiento del polémico Bailey llegó justo después de saberse que las ruedas de prensa del anterior gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, habían sido pirateadas para que sacaran ventaja algunos fondos de inversión especializados en la operativa de alta frecuencia (“higth frecuency trading”). Para estos fondos ultra rápidos, que mueven importantes sumas a gran velocidad, tener las declaraciones del gobernador unos segundos antes que el resto de los mortales supone extraordinarios beneficios. No sorprende que pagaran entre 2.500 y 5.000 libras por cada rueda de prensa que obtenían antes que sus competidores. Un nuevo escándalo que vuelve propagar el mal olor sobre la City y sus recurrentes malas prácticas. ¿Se acuerdan, por ejemplo, de los bancos británicos sancionados por manipular el tipo interbancario de Londres?

 

Todas estas malas noticias llegan cuando la City espera perder aproximadamente un billón de euros en negocio por culpa del Brexit. Y la mayor parte de este negocio está volando a Europa: a la vecina Dublín, Fráncfort y otras bolsas continentales y, por supuesto, Luxemburgo, convertido ya en el segundo centro mundial de gestión de fondos de inversión (cuatro billones de dólares gestionados), por detrás de Estados Unidos. En paralelo, mientras se enfría el mercado inmobiliario londinense, se calienta el del Gran Ducado, donde se mudan cada vez más profesionales financieros procedentes de la City.

 

Cierto: Londres sigue siendo una plaza poderosa, alimentada además por la abundante red de paraísos fiscales que operan bajo pabellón británico, como las Islas Vírgenes, Bermuda, Cayman y, por más que se empeñe en lavar su imagen, el propio Gibraltar. En la misma City londinenses hay registradas miles de propiedades a nombre de compañías offshore… Todo un paraíso para el tráfico de dinero negro, el procedente de evasores fiscales y también el de otro tipo de delincuentes y traficantes de las peores especies, con cierto predominio de las oligarquías y mafias rusas: vuelvan a ver la película “Promesas del Este” y recuerden que la abundante colonia de compatriotas de Putin, más de 150.000, afincados en la capital británica provoca que reciba el nombre de “Londongrado” y se haya convertido en una de las capitales más inquietantes –y en ocasiones peligrosas– de Europa.

 

Todo este mal olor –del que no se puede desprender la City pese a su “prestigio” como plaza financiera– se extenderá aún más a medida que el Brexit se haga una realidad. No sorprende que cada vez más gestores de fondos prefieran evitar Londres y buscar plazas menos contaminadas y, sobre todo, plenamente europeas. 

Aviso:  Acceda al contenido completo de Consenso del Mercado sumándose a nuestra Zona premium.