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Sábado, 24 de octubre de 2020

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Publicado en GESTORES Viernes, 25 de septiembre de 2020 08:00

Atentos a las oportunidades de la K de “oktubre”

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Octubre es el mes con peor reputación bursátil, y eso que no resulta siempre el más bajista, aunque sí suele ser el más volátil. Los octubres negros han hecho historia en los mercados: si los más famosos son los de 1987 y 1929, no olvidemos que hasta la primera gran burbuja bursátil que estalló, la de los tulipanes en 1636, también fue en octubre.

 

Y en este atípico 2020, vuelven a soplar tormentas y huracanes de cara al octubre que ahora comienza, sobre todo porque muchos análisis pronostican que las locomotoras del mercado en este año-covid, los valores tecnológicos, van a sufrir de lo suyo. Pero quizás el mes sea como los más recientes augurios sobre la recuperación económica y tengamos que escribirlo con K.

 

¿Qué puede hacer el inversor en fondos? Pues lo que recomendamos siempre en momentos turbulentos: si su cartera de inversión ya está bien diversificada pero se quedó con ganas de incorporar algo más de bolsa rebajada o incluso algo más de tecnología, octubre puede ser el mes adecuado para aprovechar los recortes en los valores liquidativos de los fondos de renta variable. Porque los recortes, llegarán, seguro. Igual que está llegando la segunda ola de la pandemia. De ahí que la recomendación sea la misma que cuando azotaba con fuerza la primera y desde esta misma semana aconsejamos, el 3 de abril, salir a la caza de gangas víricas, como estaban haciendo en esos momentos los gestores de fondos más activos.

 

Cierto que unos pocos meses no deben influir demasiado en el rendimiento a medio y largo plazo de una cartera de fondos (quien busque en la inversión colectiva rendimientos a corto es mejor que se dedique a los ETFs o fondos cotizados). Pero a nadie le amarga pillar alguna rebajilla: entrar en liquidativos bajos, como los que se vieron en las rebajas de marzo y abril y como los que se verán de nuevo en las próximas semanas, siempre es mejor que entrar cuando los máximos históricos reinan en los índices (como ocurría hace escasas sesiones por el calentón tecnológico).

 

Es precisamente la tecnología lo que más preocupa ahora. Los valores tecnológicos, dopados por los efectos de la pandemia (teletrabajo, compras on-line, etc.) y convertidos en los más alcistas de las bolsas, ya mostraron en septiembre sus primeros síntomas de agotamiento. Nada puede subir indefinidamente. Aunque grandes inversores hayan apostado masivamente por estos valores –entre otras cosas porque no se atrevían a poner el dinero en sectores más tradicionales y más directamente afectados por el frenazo económico global–, esos mismos inversores ven ahora la oportunidad de hacer caja con las plusvalías acumuladas.

 

Un movimiento que, por lo demás, coincide con el fin del periodo de mayor actividad en los mercados, que estadísticamente suele comenzar en junio y terminar justo en octubre. De ahí que muchos inversores quieran escapar de esta agitación febril, normalmente sinónimo de volatilidad, y sigan recordando el viejo dicho de “sell in may and go away”. Pero este año quizás no vendieron en mayo, porque las cosas han sido un poco diferentes: tras los mínimos víricos de marzo y abril, el espectacular repunte bursátil liderado por la tecnología y por los índices norteamericanos ha generado unos meses brillantes.

 

Pero, antes o después, el verano se acaba, lo que, además, es necesario para hacer caja de cara al duro invierno. El otoño bursátil, como el meteorológico, acaba de comenzar, y no perdamos de vista los vientos fríos que llegan durante los próximos meses.

 

El primero de estos temporales es lo que ya parece una recuperación económica que no va a ser en V, como esperaban los optimistas, ni en U, como pronosticaban los moderados, ni en L, como se temían los pesimistas. Nada de eso. La idea que se impone ahora es que la recuperación será en forma de K, es decir, que irá por barrios (como las absurdas nuevas medidas anti-covid de la presidenta Ayuso en Madrid). Lo cual significa que habrá países que despegarán y países que seguirán bajando (algo que no anima mucho a invertir, por ejemplo, en la renta variable española). E implica también que habrá sectores que continuarán siendo alcistas (entre ellos los tecnológicos, aunque ahora hagan una pausa), mientras que otros (como el turístico) no van a levantar el vuelo hasta que, quizás dentro de un año o más, las vacunas salvadoras frenen por fin al virus.

 

La segunda tormenta, casi huracán, sopla a la vez a ambas orillas del Atlántico, agitada por dos personajes a cual más patético, inoperante y mentiroso: Boris Johnson sigue empeñado en despeñar a la Menguante Bretaña por el abismo de un Brexit duro, mientras su amiguito de ultramar, Donald Trump, se empeña en emponzoñar desde ya el resultado de las elecciones presidenciales de noviembre. Nótese que el gobierno de Londres no ha publicado estimación oficial alguna sobre el impacto del Brexit desde que Johnson llegó a Downing Street. La última previsión, del ejecutivo de Theresa May, hablaba de un impacto del 7,7 por ciento en el PIB británico si no se lograba un acuerdo con Europa. Pero entonces no había pandemia, que también llega en una fuerte segunda ola a las islas y hará muchísimo más aguda la depresión económica. Y en Estados Unidos, la evidencia de que la Reserva Federal seguirá con tipos planos todo el tiempo que haga falta, unida a la incertidumbre de unas elecciones complejas que ya están a un mes vista, no anima precisamente invertir con alegría. Trump ha recuperado algunos puntos merced al incendio racial que se empeña en avivar y hay quien afirma que hasta podría ganar. Y si pierde, hará todo lo posible por deslegitimar el resultado. Y cuando digo “todo lo posible”, me temo que surja lo peor de este espécimen, pues tiene claro que él y sus compinches lo pueden pasar muy mal (incluso penalmente) si es expulsado de la Casa antes Blanca pero ahora salpicada de barro.

 

¿Octubre negro? Quizás no excesivamente negro después de un año con tantos claroscuros. Pero tormentoso, seguro. Y con oportunidades para quienes se atrevan a seguir apostando a largo plazo por los fondos de renta variable, sin olvidar que lleven el adjetivo “internacional”… por aquello de la K, ya saben.  

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