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Publicado en CONSENSO Domingo, 25 de octubre de 2020 00:00

El tropiezo de la recuperación será real: el crecimiento del PIB de la Eurozona en la parte final de 2020 se situará bastante por debajo del 2%t

Intermoney | Las medidas para poner coto al resurgir del Covid-19 toman fuerza a lo largo de Europa y, desgraciadamente, al igual que ocurre en nuestro país, resulta muy complicado apuntar qué acciones de control se han acordado en cada lugar, dado que estamos ante un auténtico crisol de medidas de distinta índole.

 

Así, las dos únicas cuestiones que se pueden apuntar con cierta certeza es que se pondrá el máximo esfuerzo para evitar confinamientos a gran escala y, sobre todo, que cuando éstos se pongan en marcha afecten al menor territorio posible y no sean excesivamente duros. Una realidad que conocemos bien en España, si bien esto no evitará que las medidas tomadas tengan su peaje económico.

 

De nuevo, estaremos ante una situación en la que importará poco la predisposición del consumidor a gastar o del empresariado a mantener su capacidad productiva, dado que, si las normas implican ciertas restricciones horarias o en el aforo de los negocios, se pondrán obstáculos al gasto y no se necesitará la misma fuerza laboral. En este último punto, la clave no se encontrará tanto en la evolución del número de ocupados, sino en el número de horas trabajadas. Por ejemplo, en España, si nos remitimos a los datos del 2tr20 de la contabilidad nacional, éstos informaron que el número de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo descendieron un -18,4% a. en dicho periodo frente al -24,9% a. de las horas trabajadas.

 

En paralelo, las restricciones a la movilidad también sabemos que limitan el gasto, aunque existe otra cuestión que supone un lastre también importante y que suele pasar desapercibida como es el rápido auge del teletrabajo en relación al pasado reciente. Por ejemplo, en España, el 3,7% de los trabajadores teletrabajaban en 2010 y esa cifra aumentaba sólo hasta el 4,8% en 2019. En el corto plazo, el abrupto avance del citado teletrabajo tendrá su peaje económico, sobre todo, porque debido a la pervivencia de la incertidumbre buena parte de los recursos que las familias pueden liberar, gracias a esta forma de trabajar, irán destinados al ahorro y no serán puestos en valor. Otra cuestión es desde la perspectiva del medio y largo plazo en un escenario caracterizado por un menor nivel de incertidumbre, dado que los ciudadanos acabarán por dedicar a otros fines los recursos que se liberen y, por lo tanto, el impacto será casi neutro ya que el gasto no caerá, sino que se transformará.

 

Sin embargo, en el corto plazo, la realidad es que ir a trabajar implica el consumo de distintos bienes y servicios desde los propiamente vinculados con el transporte hasta los ligados a la restauración, pasando incluso por un mayor gasto en bienes textiles al salir más de casa. En la práctica, cuando se trabaja desde casa también se consume, pero menos y concentrando el gasto en ámbitos vinculados con un valor añadido más reducido. Una realidad que no debemos olvidar, pues el escenario de riesgo vinculado al Covid-19 llevará a que más de una empresa en Europa dé marcha atrás al retorno escalonado de su plantilla a los centros de trabajo.

 

Desde una perspectiva de corto plazo, el ejemplo del teletrabajo sólo viene a evidenciar que los costes del resurgir del Covid-19 van más allá de los visibles, pero también nos sirve para aproximar qué países en Europa se pueden ver más afectados por el rebrote de la enfermedad. En conjunto, se estima que el 37% de los trabajos de la UE pueden realizarse de forma remota; porcentaje que oscila entre el máximo del 54% de Luxemburgo y el mínimo del 27% en Rumanía. En total, en dos terceras partes de los países de la UE el citado porcentaje se sitúa entre el 35% y el 41% y, desgraciadamente, España se encuentra en el grupo de cola ya que sólo cerca del 35% de los puestos de trabajo pueden desempeñarse completamente de forma remota mientras que en Francia y Alemania esa cifra se acerca al 40%. Esta realidad nos lleva, indirectamente, a que la estructura productiva de cada país de la UE será clave para explicar la intensidad del freno del proceso de recuperación en la parte final de 2020.

 

 

En conjunto, el peso de las actividades con una elevada interacción social marcará la diferencia y esto hará que, casi con independencia de la capacidad para controlar la enfermedad y las medidas que se tomen para este fin, naciones como Francia o Alemania se vean menos afectadas que otras como España. En primer lugar, no sólo porque casi el 40% de los puestos de trabajo en estos países pueden realizarse de forma remota, también porque la industria tiene un elevado peso en el caso germano y su actividad puede realizarse con menores disrupciones.

 

En concreto, en Alemania, los datos agregados de 4 trimestres revelan que las actividades de comercio, transporte y hostelería suman un 16% del PIB y la industria un 23,5% (manufacturera 20,4%). Unas cifras que contrastan con las de España, dado que en nuestro país el comercio, el transporte y la hostelería explican un 21,7% del PIB y la industria sólo un 15,9%, valor que se reduce al 12,0% cuando contabilizamos únicamente la actividad manufacturera. Luego, resulta sencillo encontrar grandes diferencias en la estructura económica de los países europeos.

 

 

De nuevo, el impacto económico del resurgir del Covid-19 distará de ser homogéneo a lo largo de Europa y, a pesar de las noticias esperanzadoras respecto a algunas vacunas, lo cierto es que deberán revisarse a la baja y de forma acusada las previsiones de PIB del 4tr20. Unas semanas atrás, el escenario central era acorde con un lógico y destacado freno de la recuperación económica en la parte final del año, después del fortísimo rebote del 3tr20, y no sólo en Europa. En primer lugar, debido a que no se compara con un periodo catastrófico como el 2tr20 y, además, a medida que avanza la normalización, salen a la luz las heridas económicas que tardarán más en sanar. En segundo, se incorporaba a los escenarios un rebrote comedido del Covid-19. Sin embargo, el rebrote amenaza con ser bastante más intenso de lo previsto y, además, las medidas para controlarlo resultarán menos quirúrgicas de lo estimado y eso pasará factura al proceso de recuperación.

 

En las últimas semanas, hemos incidido en el ejemplo de Francia donde sus autoridades estadísticas (INSEE) y el Banco de Francia ya vaticinan el freno en seco de la recuperación gala en el 4tr20, contrastando con las estimaciones del mercado acordes con un avance del PIB francés del 1,5% trim. en dicho periodo. Una cifra que se ha ido corrigiendo a la baja a medida que las previsiones del 3tr20 se tornaban más optimistas, si bien en las próximas semanas cabe esperar el empeoramiento de las previsiones de PIB para el presente trimestre sin que haya contraprestación en forma de unas cifras mejores de lo previsto en el citado 3tr20.

 

 

En principio, la desaceleración económica de final de año será un hecho pasajero en Europa y otros lugares del mundo, si las noticias esperanzadoras de las vacunas de Pfizer y Moderna se confirman y en noviembre empieza su proceso de autorización en EEUU. En el caso de ser así, los permisos para su comercialización podrían llegar tan pronto como en diciembre. Un hito que alimentaría las expectativas acordes con que las primeras vacunaciones masivas del Covid-19 se produzcan hacia la primavera y esto, junto a las esperanzas depositadas en la mejora de los tratamientos para hacer frente a la enfermedad, harán que los mercados relativicen el potencial tropiezo económico del 4tr20, sobre todo, cuando seguirán confiando en la aplicación de más estímulos fiscales y el apoyo de los bancos centrales. Sin embargo, esto no evitará que el enfriamiento de la recuperación tome fuerza durante el 4tr20 en lugares como el Viejo Continente y esto alimentará la brecha entre la economía real y la financiera, al tiempo que alargará un poco más el periodo de normalización de la actividad.

 

Por lo tanto, aunque los mercados relativicen el posible tropiezo de los PIB europeos, éste no se encuentra exento de interés y lo primero que debemos plantearnos es a qué punto nos retrotraen las medidas tomadas para frenar el Covid-19 en Europa. La re-escalada de las medidas de control del Covid-19 nos retrotrae en algunos países al proceso de desescalada que se produjo en la parte final de mayo y el mes de junio, pues se combinan las restricciones con cierta flexibilidad para realizar distintas actividades. Una realidad que puede identificarse con lo que ocurre en España y Francia, lo cual cobra su importancia debido a que, desde abril, tanto el INSEE como el Banco de Francia han ido detallando cuál ha sido el comportamiento de la economía gala y esto facilita mucho la labor de predecir qué podemos esperar de la economía francesa y, por extensión, de otros países europeos en el corto plazo.

 

Durante la crisis del Covid-19, las cifras del comportamiento de la economía gala proporcionadas por el INSEE y el Banco de Francia han sido muy similares y por este motivo, además de por el deseo de simplificar el ejercicio, nos centraremos en lo apuntado por el INSEE. En dicho caso, a finales de marzo, sus cálculos informaron de que la actividad en Francia se encontraba un 35% por debajo de lo que podía considerarse un comportamiento normal; cifra que a principios de abril empeoró ligeramente hasta el -36% para, a partir de ese momento, tomar forma una senda de constante mejora, tal y como podemos observar en el gráfico adjunto. La citada mejora se tradujo en que, en promedio, la actividad de Francia se situó un -8,4% por debajo de lo normal en junio para, posteriormente, reducirse esa diferencia hasta -4,2% en septiembre. Una senda de mejora que se ha topado con el rebrote del Covid-19 y, de hecho, el pasado 6 de octubre, el citado INSEE, ya proyectaba el deterioro del proceso de recuperación en Francia durante el 4tr20 al adelantar que las restricciones a la actividad cobrarían fuerza, si bien el trasfondo de sus estimaciones apunta que se adelantó una dureza algo menor de las medidas.

 

 

El INSEE ya descuenta que en octubre la economía en Francia funcionará al 94,5% en relación con sus niveles normales y apunta el estancamiento del PIB en el 4tr20. Por desgracia, el escenario ha empeorado rápidamente y éste será algo más complicado de lo previsto por el INSEE. En promedio, el organismo proyectó que la actividad francesa pasaría de evolucionar a casi el 96% en septiembre a hacerlo al 94,8% en el 4tr20, descontando que la hostelería y la actividad hotelera pasase de funcionar al 78% en el 3tr20 a hacerlo al 69% en el presente trimestre. Sin embargo, en los citados ámbitos, cabe plantearse una situación a medio camino entre las cifras de finales de mayo y la vivida, en promedio, en junio y esto se traduce en su funcionamiento al 60%. Un hecho que, no obstante, tampoco sería decisivo ya que, en Francia, las actividades de alojamiento y restauración sólo representan un 3% del PIB, a pesar de estar ante un gran destino turístico.

 

Por lo tanto, en nuestro vecino del norte, la clave radicará en el comportamiento del sector minorista con un peso cercano al 10% en su PIB y que, prácticamente, había vuelto a la normalidad. En este momento, al igual que ocurrió en la primavera, la clave no está en los fundamentales del consumo o la predisposición a gastar de los hogares, sino en que las medidas implantadas dificultarán que los ciudadanos gasten y, en particular, en sectores concretos como los expuestos. De hecho, desde el lado de la demanda, el INSEE descuenta que el PIB galo sufrirá en el 4tr20 el retroceso del -1% trim. del consumo de los hogares. Una circunstancia que no causa sorpresa, pero sí que en las previsiones de este organismo se tape dicha debilidad con una aportación de la misma cuantía de la demanda externa que resulta decisiva para dar forma al estancamiento del PIB francés en el 4tr20. Esta cuestión, cuanto menos, resulta dudosa ya que los exportadores franceses tendrán que hacer frente al enfriamiento de la actividad en Europa y, además, parece demasiado oportuno que, en el momento actual, se proyecte la primera aportación reseñable de la demanda externa francesa en dos años.

 

En conjunto, no puede descartarse que la economía francesa retroceda ligeramente en el 4tr20, pero también debemos prepararnos para que las cifras de PIB se queden lejos de lo previsto inicialmente en la Eurozona o países como España. En lo referente al conjunto de la zona euro, el consenso de mercado apunta un crecimiento del 2% trim. en el 4tr20, cuando a finales de septiembre se esperaban tasas del 2,4% trim. y resulta llamativo que las previsiones más recientes apunten crecimientos trimestrales de entre el 1% y el 1,5% trim. Unas cifras que son susceptibles de empeorar, dado que las actividades de comercio, transporte y hostelería representan casi el 18% del PIB de la UEM (promedio 4 trimestres) y están sufriendo la proliferación de medidas que condicionan su normal devenir.

 

En paralelo, debe tenerse en cuenta que las actividades de ocio y recreativas, junto a otros ámbitos menores, suman algo más del 3% del PIB de la Eurozona. Luego, en estos momentos, podemos apuntar que más de una quinta parte del PIB de la zona euro va a comportarse en octubre y, por lo menos, algunas semanas de noviembre peor que durante la parte final de verano. Además, el repunte de la incertidumbre y las propias restricciones al movimiento de las personas pasarán factura en otros ámbitos, reforzando el hecho de que asistiremos a un freno destacado de la recuperación en Europa durante la parte final del 4tr20.

 

La economía de España debido a las peculiaridades de nuestra estructura productiva será más sensible al deterioro del escenario. El capítulo de actividades de comercio, transporte y hostelería, junto a las artísticas, recreativas, reparación de bienes para el hogar y otros servicios, representan casi el 26% del valor añadido bruto de nuestro PIB. En este punto, en un país donde resulta clave el turismo internacional, las noticias no son buenas.

 

En agosto, la caída de turistas internacionales alcanzó el -75,9% a. y la situación ha empeorado en septiembre y lo ha hecho, aún más, en octubre. Los datos de pasajeros de la red de aeropuertos de Aena así lo avalan, dado que su caída ha pasado del -69,6% a. en agosto a -79,9% a. en septiembre; deterioro en el que ha tenido un papel importante el descenso de los viajeros internacionales ya que su caída se ha agravado desde el -80,7% a. de agosto a -89,8% a. de septiembre. En el corto plazo, las perspectivas no son buenas ya que Ryanair, de momento, planea operar al 40% durante la temporada invernal que se extiende hasta marzo y, en 2019, esta compañía fue el principal transportista aéreo en España al sumar cerca del 19% del total de pasajeros, lo cual equivalió a casi 53 millones.

 

 

En paralelo, el acusado freno de la recuperación en España no sólo vendrá del lado de los sectores citados, también de otros ámbitos como las actividades inmobiliarias. De forma que el crecimiento de nuestro PIB se quedará muy lejos del 3,5% trim. que proyectábamos para el 4tr20 a principios de septiembre y puede llegar a situarse tan bajo como en el 1,0% trim., después de descontar un rebote del 12,2% trim. en el 3tr20. Todo ello, a expensas de que las medidas sanitarias tomadas en octubre y que, seguramente, se extiendan a parte del mes de noviembre surtan efecto y permitan salvar la vital campaña de Navidad.

 

En estos momentos, tanto en España como en el conjunto de Europa, el gran objetivo consiste en salvar la citada campaña de Navidad al representar el periodo de mayor consumo del año, a pesar de que los ajustes estacionales de las series estadísticas lleguen a hacer olvidar esta realidad. Por ejemplo, en los últimos 5 años, los datos brutos del PIB nominal de España indican que, de media, las cifras del cuarto trimestre superaron en un 9,5% a las referentes al primer trimestre que se corresponde con el peor periodo del año en lo económico. De momento, todavía nos falta despejar hasta qué punto sufrirá la campaña navideña para definir adecuadamente la intensidad del freno en el proceso de recuperación.

 

En conjunto, tal y como apuntábamos, las medidas que se están tomando en Europa no sólo buscan poner coto al avance del Covid-19, también salvar un periodo del año clave en lo económico. Las medidas implementadas en distintos países parecen tener éxito, pero también es cierto que, en cuanto se relajan, la enfermedad toma fuerza. Así que debemos cotizar que el consumo en Navidad, cuanto menos, no se desenvolverá con normalidad y esto obliga a ser cautos en lo referente a las previsiones económicas a corto plazo. A la espera de nueva información, la cautela se traduce en que debemos trabajar a la sombra de cifras de crecimiento en el 4tr20 del 1,0% trim. en España e inferiores a esta cota en la UEM. Un hecho que no resulta contradictorio con lo expuesto hasta el momento, dado que el efecto comparativo con los periodos previos facilita que la economía española revele tasas de crecimiento mayores. En este punto, se impone recordar que el PIB de la Eurozona retrocedió un -15,1% en el primer semestre de 2020 frente al desplome del -22,1% del PIB español.

 

 

En conjunto, el crecimiento del PIB de la Eurozona en la parte final de 2020 se situará bastante por debajo del 2% trim. que ahora apunta el consenso de mercado y, de hecho, si se ponderan las previsiones por su antigüedad, dicha cifra ya se reduce hasta el 1,8%. Por el momento y debido a la incertidumbre existente, cabe plantear cifras de crecimiento de la UEM por debajo del 1,0% trim. en el 4tr20 sin poder ser más precisos, pues no atesoramos la certeza necesaria respecto a variables clave del escenario. No obstante, a modo de referencia, debe tenerse en cuenta que se proyectan crecimientos próximos al 9% trim. para la UEM en el 3tr20. Luego, el tropiezo de la recuperación será real en Europa y éste alargará el proceso de normalización, si bien desde la perspectiva de los mercados seguramente todo se reduzca a un mero traspiés ya que las miradas estarán puestas en el vuelco al escenario que las vacunas pueden propiciar en la primavera de 2021. Todo ello sin entrar en otras fuentes de ruido a corto plazo, tales como el brexit o las elecciones en EEUU que también quedarán en el olvido con la llegada del próximo año.  

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