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Publicado en CONSENSO Lunes, 15 de junio de 2020 00:00

Fondo de reconstrucción: ¿La rendición de Breda?

Joan Bonet (BancaMarch) | La presentación del plan de rescate europeo es una excelente noticia para el viejo continente y ha devuelto la sonrisa a los gobiernos del sur. La Comisión Europea ha anunciado el borrador del Marco Financiero Plurianual, ligado a la aprobación del Fondo de Reconstrucción: un programa, llamado de Nueva Generación, que le otorgaría la capacidad de emitir deuda por valor de 750.000 millones de euros, de los que 500.000 millones serían transferencias no reembolsables.

 

La propuesta, que parte de la voluntad franco-alemana de comenzar a entregar dinero a fondo perdido, hace que los países del sur, más afectados por el coronavirus, nos frotemos las manos: 75.000 millones de subsidios para España (6,2% del PIB), 82.000 para Italia, 16.000 para Portugal y 22.000 para Grecia. Además, otros 250.000 millones en préstamos a repartir, de los que el 60% iría destinado a Italia y España.

 

 

Aunque se trata de un borrador y todavía está por ver hasta qué punto lo aceptarán los países frugales (Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca), la noticia es muy positiva y cuenta con el beneplácito de Alemania. Para nuestro país, resulta especialmente gratificante en la semana en que se cumplen casi 400 años de la victoria en Breda de los tercios españoles, capitaneados por Spínola, frente a las fuerzas de las Provincias Unidas de los Países Bajos. Después de la prolongada controversia y las lecciones sobre la indisciplina fiscal de nuestros gobiernos en los momentos de bonanza, ¿nos encontramos ante una rendición por agotamiento de los Países Bajos y de los que sufragarían el plan?

 

En cierto modo sí. La Covid-19 ha agravado la confianza sobre el proyecto europeo y, ahora más que nunca, es importante poder dar una respuesta conjunta justo a tiempo. Conscientes del duro momento que atravesamos, de los grandes desequilibrios y de los difíciles tiempos que se van a plantear en los próximos años, la estrategia de la Comisión es clara: iniciar un plan de reconstrucción de Europa enfocado en el largo plazo, y en potenciar de manera destacada la nueva economía, de manera específica la transición ecológica y la digitalización. Además, como el propósito es ambicioso, la deuda, elevada y la debilidad actual, extrema, se adopta ahora una posición firme ante el problema, diluyendo en el tiempo la financiación del mismo. La factura se comenzará a pagar a partir de 2028, se extenderá a lo largo de 30 años y se sufragará en parte mediante el pago de impuestos de las compañías más contaminantes y con mayores emisiones (todavía falta por detallar los detalles de la financiación).

 

Lógicamente, para sufragar el proyecto, es vital contar con el apoyo de los que más van a contribuir (países que se sitúan más a la derecha del gráfico 3, frente a los de la izquierda que, con España a la cabeza, recibirán más contribuciones que lo que van a sufragar).

 

 

Esta asimetría a la hora de pagar propiciará que, sin duda, en el próximo Consejo Europeo, reaparezcan discrepancias que posiblemente obliguen a recortar el borrador de la Comisión y, por tanto, éste debe ser visto como una propuesta de máximos, pero la base del estímulo está ya asentada.

 

Hasta que el mecanismo vea la luz, pasarán meses, dado que se requiere del voto unánime de los Jefes de Estado, del Parlamento Europeo y después, de las validaciones a nivel de cada uno de los miembros. Además, el dinero no vendrá rápido; en el mejor de los casos, comenzaría a distribuirse a comienzos del próximo ejercicio y la mitad de la subvenciones a fondo perdido se producirán en 2023 y 2024. Al final nos van a ayudar y encima, con generosidad (gráfico 4).

 

Afortunadamente para nosotros, como defensa de los ciudadanos frente a los gobiernos que malgastan y miran por el rédito electoral a corto plazo, los estímulos estarán sometidos a condicionalidad. La mejor prueba de ello es que los desembolsos se extenderán durante años y estarán vinculados a reformas e inversiones: cada gobierno tendrá que justificar cómo se adaptan a los objetivos fijados. De todos ellos, las transiciones ecológica y digital son las que acapararán una cuota mayor del presupuesto y tal y como muestra el gráfico 4, como mínimo, supondrán una cuarta parte del desembolso total (porcentaje que corresponde a partidas específicas pero, sin duda, una parte importante del 77% restante también se canalizará hacia estos objetivos).

 

 

Al igual que con la victoria de Felipe IV en 1625, vivimos momentos de celebración ante las expectativas de estímulos que nos ayuden a superar el bache del coronavirus. No deberíamos olvidar que lo importante no es ganar la batalla, sino la guerra. Aunque Breda sucumbió, al final, perdimos la Guerra de Flandes. Para salir del bache, no basta con la solidaridad del norte. Como Spínola, para tomar Breda hay que tener una estrategia clara y definida para la reconstrucción: invertir pensando en el largo plazo. Nos encontramos ante una nueva gran oportunidad, no la desaprovechemos.

 

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