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Miércoles, 11 de diciembre de 2019

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Publicado en GESTORES Viernes, 19 de julio de 2019 08:00

¿Le gusta el riesgo? Apueste por fondos de renta fija emergente

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Durante la tormenta monetaria europea de 1994, muchos inversores descubrieron que los fondos de renta fija también podían perder dinero. Ahora, con los tipos de los bonos europeos incluso por debajo de cero, los gestores más agresivos de renta fija lo tienen muy complicado: o apuestan por deuda de países emergentes, o por pagarés y bonos de empresas con cierto riesgo.

 

 

A mediados de los noventa, muy pocos inversores sabían que el precio de un bono de renta fija podía subir o bajar en el mercado –como lo hace una acción cotizada–, en respuesta a los movimientos en los tipos de interés. Y muchos descubrieron que lo fijo de la renta fija no era el precio, sino simplemente el rendimiento porcentual prometido y la recuperación del capital a vencimiento… siempre y cuando el emisor del bono no quebrara. Pero hasta esa fecha de vencimiento, el valor de ese bono, de ese capital, no era fijo, sino que podía subir y bajar, por lo que hacer liquidez antes de tiempo (tanto en ese bono como en los fondos de renta fija que invertían en ese bono) implicaba en ocasiones serias pérdidas.

 

Ahora, afortunadamente, casi todo el mundo sabe que la renta fija no es fija, no equivale a seguridad absoluta. Por tanto, a pocos sorprenderá que invertir en renta fija, con los actuales niveles de tipos de interés, sea realmente un ejercicio de cierto riesgo. Ya vemos que en Europa los inversores llegan al absurdo de pagar un interés a cambio de colocar su dinero en deuda de los grandes y seguros Estados europeos. Es tanto el miedo de los inversores, que prefieren comprar bonos alemanes –e incluso españoles– que no sólo no rentan nada, sino que incluso aplican un interés negativo. No importa. Lo que importa a estos inversores ultraconservadores es saber que, cuando venza el plazo de emisión de ese bono, al menos recuperarán el capital (¡después de estar pagando intereses durante años al Estado al que se lo habías prestado!).

 

Si un gestor busca renta fija con cierta rentabilidad, no tiene más remedio que acudir a los bonos empresariales. Si son compañías en crecimiento y de alto riesgo, seguro que ofrecerán tipos más elevados que los de los Estados sólidos. Otra alternativa es acudir a la renta fija de los países emergentes, aunque en muchos casos habría que cambiar esta denominación por la de estancados o incluso por la de sumergibles, pues algunas de estas economías se están yendo al fondo.

 

Veamos algunos ejemplos para los amantes de las emociones fuertes. ¿Quién se atreve a invertir en el bono soberano mexicano a diez años, que ha llegado a ofrecer rendimientos del 7,5 o incluso el 9% al calor del populismo del presidente López Obrador? El caudillo, nieto de un cántabro de Ampuero, está muy preocupado por exigir que el Rey de España pida perdón por los actos de Hernán Cortés, acontecidos cuando los ancestros del propio Obrador vivían en España, cuando México no existía y cuando los “pobrecitos” aztecas reprimían ferozmente a sus vecinos de otras culturas precolombinas (no consta que sus descendientes, si quedan, hayan exigido reparaciones o disculpas al Estado mexicano actual, ni que éste haya exigido lo mismo a los herederos de las civilizaciones que se aliaron con Hernán Cortés contra el común enemigo azteca). López Obrador, en vez montar absurdas campañas populisto-nacionalistas-pseudohistoricistas, debería preocuparse más por la reciente dimisión de su ministro de Hacienda, el prestigioso economista Carlos Urzúa, cansado de remar contra el viento y del enchufismo presidencial, por la “imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda pública”. En fin, es sólo la tercera dimisión ministerial desde que el gobierno del populista líder mexicano tomó posesión el 1 de diciembre de 2018. Casi el mismo ritmo de deserciones que sufre el ejecutivo de Donald Trump.

 

Si quieren otro ejemplo aún más extremo de los riesgos de la renta fija emergente, recuerden que en junio la agencia Moody´s rebajó la calificación crediticia de Turquía a B1 con perspectiva negativa, una nota realmente mala. Y eso que el presidente Erdogan aún no había destituido –en la primera semana de julio– al gobernador del Banco Central de Turquía, Murat Çetinkaya, entre otras cosas por negarse a bajar los tipos de interés. Cierto que el tipo de referencia turco está, digamos, un pelín alto: el año pasado fue elevado al 24% para contrarrestar el desplome de la lira turca motivado por las dudas sobre la economía del país y por las tensiones entre Erdogan y Trump. Pero sucede que el presidente euroasiático opina que para combatir una inflación galopante, la mejor medicina es…¡bajar los tipos de interés! Esto no sólo ilustra la ignorancia económica del líder islámico, sino que éste ni siquiera se fija en los datos reales: la inflación turca superaba el 25% a finales de 2018, pero ahora ronda el 15%... ¡entre otras cosas gracias a que el recién destituido gobernador del Banco Central subió los tipos en vez de bajarlos! Pero como Erdogan quiere levantar el país a base de impulsar a las empresas constructoras, muchas de ellas excesivamente cercanas al gobierno, no le gustan ni los tipos altos ni los responsables económicos independientes. Por eso ha nombrado ministro de Finanzas a su propio yerno, y quizás también porque aspira a una especie de liderazgo dinástico, digan lo que digan las urnas (Erdogan es de los que obliga a repetir elecciones cada vez que las pierde… para volver a perderlas por un margen aún mayor, como le acaba de ocurrir en las municipales de Estambul). Pero gracias a todas estas aventurillas, la arriesgada deuda pública de Turquía –un país que no hace mucho incluso aspiraba a entrar en la Unión Europea–ofrece intereses superiores a los dos dígitos.

 

¿Alguien da más? Seguro que sí. Nunca faltan opciones de riesgo para los más aguerridos gestores de fondos de renta fija emergente. Claro que si aciertan, también se cumple en estos productos eso de que a mayor riesgo, mayor rentabilidad potencial.  

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