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Sábado, 26 de septiembre de 2020

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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Miércoles, 03 de junio de 2020 08:00

Los bancos centrales y gobiernos suman estímulos por 15 bill.$ (cerca de un 17% del PIB global)

Intermoney | La agenda del día se presenta algo más cargada en cuanto a las referencias macroeconómicas e, incluso, aunque en algunos casos se corresponderán con cifras finales, éstas no deben menospreciarse como ocurrirá con los PMI de mayo de la zona euro. El pasado lunes, el dato final del índice manufacturero para el pasado mes no generó grandes sorpresas, dado que se situó en 39,4 frente a las cifras de 39,5 del dato preliminar.

 

Sin embargo, la clave de aquel dato estribó en la afirmación de su inflexión y, sobre todo, en los detalles, tales como la agradable sorpresa del índice del sector manufacturero de Italia que escalaba hasta 45,4 y se convertía en el mejor de la UEM, por delante del dato de Grecia que se situó en 41,1 y muy lejos del valor de 36,6 cosechado en Alemania.

 

La sorpresa al alza en cuanto a los PMI de Italia puede volver a repetirse en el día de hoy cuando se conozca el dato de mayo del sector servicios. El mercado descuenta cifras de 26,1, pero creemos que el índice puede escalar hasta niveles de 30 o superiores. La realidad es que, en los meses anteriores, los costes económicos de las medidas de contención del Covid-19 dieron forma a respuestas atípicas en las encuestas con las que se elaboran los PMI, produciéndose una lógica sobrerreacción derivada de un escenario excepcional y que se plasmó en valores de 10,8 del PMI servicios de Italia en abril. Ahora, los pasos acelerados hacia la normalización de la actividad en países como Italia pueden dar lugar a un vuelco en las respuestas dadas en las encuestas que alimentan a los PMI. Así que la clave radica más en las tendencias que marcarán la senda de recuperación económica que en los datos específicos, pues su extrapolación a una cifra concreta de crecimiento está sometida a más incertidumbre que nunca.

 

Luego, en lo referente a los PMIs, deberemos quedarnos con los detalles que pueden deparar información interesante y algunas sorpresas positivas a nivel nacional en detrimento de unos valores agregados de la UEM que no deberían dar grandes sorpresas en mayo respecto a sus cifras preliminares, situándose próximos a los valores ya conocidos de 28,7 para los servicios y 30,5 a nivel compuesto. En paralelo, la tasa de paro de la zona euro del mes de abril evidenciará los problemas ya asumidos al repuntar hasta 8,4%, situándose lejos de las tasas de 7,3% con las que empezaba 2020.

 

Antes, los datos de mercado laboral en Alemania deberían mejorar las expectativas del mercado que resultan acordes con el repunte del número de desempleados en 190.000 personas en mayo, mes en el que se descuenta una tasa de paro del 6,2%. Sin embargo, la menor afectación de la economía germana por la crisis sanitaria, el inicio algo más temprano de la normalización de la actividad en Alemania y el uso masivo de las fórmulas para ajustar las jornadas laborales deberían dar lugar a sorpresas positivas desde la perspectiva del mercado laboral germano. Por ejemplo, de acuerdo con las encuestas llevadas a cado por el instituto IFO, el número de trabajadores afectados por medidas de reducción de jornada en Alemania asciende ya a 7,3 millones frente a los máximos de 1,5 millones alcanzados en mayo de 2009, a la sombra de los coletazos de la última gran crisis.

 

Por su parte, menos interés causará la caída del -4,2% a. de los precios de producción en la UEM, a pesar de que adelante un peor desempeño de la inflación en la zona euro a corto plazo. Un desempeño que sólo será endulzado por la recuperación de los precios del petróleo ya que su mejoría no evitará que estos promedien valores entre un 30% y un 40% inferiores a los cosechados en junio de hace un año.

 

La debilidad de las tasas de inflación llega en un momento clave, dado que facilitará al BCE la explicación de sus medidas extraordinarias al dar una coartada adicional. De hecho, mañana, seguramente asistamos en el comunicado del encuentro de política monetaria de nuestro banco central, o durante la rueda de prensa de Lagarde, a frases apuntando la necesidad de evitar una reducción permanente en la inflación esperada o el posible resurgimiento de la amenaza de deflación en la UEM, dados los desafíos inherentes al contexto actual.

 

Los discursos por diversas vías justifican y seguirán justificando los estímulos, pues estamos en la fase de pensar en la recuperación y el primer objetivo debe ser el retorno a los niveles de bienestar de los que disfrutábamos tan sólo hace unos meses. Así que los mercados continuarán liderados por cuestiones como la proliferación de los estímulos a escala mundial, siendo el último ejemplo de esta realidad el tercer paquete de medidas de apoyo por valor de 35,3 billones de wones (cerca de 28,5 mm. $) que se va a promover en Corea del Sur o la reafirmación del compromiso con una política monetaria francamente laxa por parte del banco central de Australia, conocido como RBA.

 

El martes, el RBA decidía mantener los tipos a corto plazo en el 0,25%, al igual que el objetivo para la deuda soberana de Australia a 3 años que también se sitúa en el 0,25%. A pesar de que la deuda australiana al mencionado plazo de 3 años cerraba el martes en 0,246%, la autoridad monetaria australiana dejaba claro que: “Está preparada para aumentar nuevamente sus compras de bonos y hará lo que sea necesario para garantizar que los mercados de deuda sigan funcionando adecuadamente y alcanzar el objetivo de rendimiento para la deuda soberana de Australia a 3 años. Este objetivo perdurará hasta que se avance hacia las metas de pleno empleo e inflación”.

 

El modo de políticas monetarias francamente laxas nos acompañará durante mucho tiempo, si bien el desenlace de esta historia no acabará gustando a los inversores porque pasa por la japonización de muchos activos o por una normalización de la política monetaria que, seguramente, se atragante en los mercados. Sin embargo, este problema hoy se antoja tan lejano que no parece ni un problema, pero llama la atención que desde el Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés) también se empiece a apuntar la necesidad de diseñar los planes de desescalada en cuanto a los estímulos monetarios. Una desescalada que tardará bastante tiempo en tomar forma, pero que será más difícil que nunca.

 

Días atrás, el director general del BIS hacía un llamamiento para que los bancos centrales empiecen, “tan pronto como sea posible”, a trabajar en el diseño de las estrategias de salida frente a las agresivas acciones actuales. Agustín Carstens lanzaba este mensaje teniendo muy presente el rinoceronte gris de la deuda: “Se creará más deuda y, por lo tanto, se deben realizar esfuerzos adicionales para que, en algún momento en el futuro, la política monetaria pueda volver a una nueva normalidad”. Unas palabras que complementaba con otras dos frases muy ilustrativas: “En esta etapa muy temprana, debemos comenzar a pensar en cómo implementar y hacer posible una estrategia de salida” y “En algún momento, los bancos centrales deberían comenzar a enviar señales de que esto no durará para siempre”.

 

Los anteriores toques de atención se sustentaban en unos niveles de deuda que desde el BIS se consideran un riesgo creciente y, en especial, desde la perspectiva gubernamental. Un hecho que ha cobrado fuerza para la entidad después de que los bancos centrales y gobiernos sumen estímulos por valor de 15 billones $ que equivaldrían a cerca de un 17% del PIB global, tomando como referencia sus cifras de 2019. La realidad es que la prioridad es clara, minimizar los daños permanentes causados por la actual crisis y recuperar lo antes posible los niveles de actividad perdidos, si bien en unos trimestres la losa de la deuda a escala global volverá a acaparar la atención. De acuerdo con el IIF, la gran asociación empresarial mundial de instituciones financieras, la deuda mundial aumentó en 2019 en 10 billones $ hasta sumar un total de 255 billones $. Una cifra que equivale al 322% del PIB global en 2019 y supone 40 p.p más (87 billones $) que las cifras alcanzadas antes del estallido de la crisis financiera de 2008.

 

A la postre, la gran acumulación de deuda debería tener consecuencias, al igual que el hecho de que en países como Japón la base monetaria rondase los 5 billones $ al terminar mayo, después de aumentar un 2,7% m. que le llevaba a cosechar su segundo máximo consecutivo. Una cifra que casi equivale al 100% del PIB japonés y se justifica por el “modo de crisis” en el que lleva viviendo la economía nipona durante muchos años, si bien la cuestión a tener en cuenta es que dicha base monetaria irá a más en los próximos meses. A la postre, esta liquidez que desde Japón también se filtrará al resto del mundo debería acabar teniendo consecuencias y, de no ser así, resultaría todavía más preocupante al implicar una economía atrofiada dentro y fuera de las fronteras japonesas.

 

La realidad es que ahora importan poco datos como los citados, pero no deben olvidarse ya que este rinoceronte gris acabará llamando a nuestra puerta en los próximos años. Frente a estos problemas que amenazan los cimientos del actual sistema, la atención se centra en el corto plazo y esto hará que, en EEUU, hoy manden datos como el ISM de servicios de mayo y, en menor medida, las cifras de la encuesta ADP del mismo mes. Por el contrario, el desplome del -17,2% m. de las órdenes de bienes duraderos en abril y la fortísima caída de los pedidos industriales del mismo periodo aportarán poco al encontrarse estos datos ya incorporados al escenario de EEUU de los inversores, al igual que ocurrirá con la fuerte mejoría del PMI de servicios desde los valores de 30 en abril hasta cotas de 37 en mayo (dato que supondrá una ligera revisión al alza).

 

El lunes, el ISM manufacturero de mayo mejoraba hasta 43,1, pero se quedaba por debajo de las cifras esperadas de 43,8 y, hoy, lo más probable es que su homólogo de servicios converja con los valores de 44,4 descontados por el consenso de mercado. No obstante, más que la cifra exacta, lo importante es que este dato deje atrás los mínimos de 41,8 cosechados en abril y que no lo haga de forma marginal. De la misma forma, en el caso de la encuesta ADP, lo importante es que su deterioro en más de -9 millones en mayo será bastante menor que los casi -20 millones de abril. De nuevo, más que la cifra exacta, lo relevante para los inversores será que los datos confirman la tesis de recuperación de la economía de EEUU.

 

Entremedias, las revueltas y protestas continúan en EEUU y recuerdan que una de las heridas que deja abierta esta crisis es un escenario social bastante más complejo y proclive a episodios de inestabilidad. Un hecho que no ayuda en un momento como el actual en el que empieza a normalizarse la actividad después de las medidas de contención del Covid- 19, si bien el impacto real en términos de PIB será bastante limitado.

 

La referencia más reciente y cercana que tenemos a este respecto es lo ocurrido en Francia con el llamado “Movimiento de los chalecos amarillos” cuyo momento de mayor impacto tuvo lugar a finales de 2018, cuando dio forma a un importante deterioro de la confianza de los franceses. Sin embargo, esto no evitó que el PIB de Francia creciese en el 4tr18 un 0,6% trim. y que el consumo de los hogares lo hiciese en un 0,4% trim., mejorando todos los registros de 2018. De hecho, los 22 días de huelga a finales de 2019, que supusieron el mayor periodo de conflictividad laboral en Francia desde 1995, tuvieron un impacto mucho mayor e hicieron que en el 4tr19 el PIB francés cayese un -0,1% trim. cuando lo esperable hubiera sido un repunte del 0,3% trim., de no mediar las huelgas. Unas cifras que, desgraciadamente, se quedan en nada en comparación con el impacto negativo de la crisis del Covid-19, apuntando el ministro de Finanzas de Francia que la economía del país podría llegar a caer un -11% en 2020 frente al -8% apuntado por la última previsión gubernamental.

 

En la práctica, la conflictividad en Francia derivada del “Movimiento de los chalecos amarillos” tuvo un impacto negativo bastante limitado en el PIB y lo mismo cabe esperar de los actuales acontecimientos en EEUU, siempre que no vayan mucho más allá. Sin embargo, cabe reconocer que no es el mejor momento para que se produzcan episodios de tensión social al dificultar la normalización de la actividad, al tiempo que no puede descartarse que puntualmente sean utilizados para excusar el freno de la mejora de los mercados estadounidenses e, incluso, algún paso atrás de carácter pasajero.

 

Finalmente, tampoco habrá que dejar de lado los datos de Brasil en un momento complicado para el país y que será puesto en evidencia por el desplome de más del 30% m. de su producción industrial en abril, el cual se verá complementado por un PMI de servicios de mayo que debería permanecer por debajo de 30 como consecuencia de los diferentes tiempos en la extensión del Covid-19 en este país. Todo ello mientras que la deuda de Brasil cerraba abril con un máximo histórico del 79,7% del PIB; cifra que seguramente aumentará de forma destacada ya que el gobierno brasileño proyecta que la deuda pública escale hasta el 93,5% del PIB en 2020 a la sombra de un déficit público del 9,9%, bajo el supuesto de que dicho PIB ceda un -4,7% y no el -6,3% proyectado por el consenso de Reuters para este año.  

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