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Miércoles, 05 de agosto de 2020

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Publicado en GESTORES Viernes, 26 de junio de 2020 00:00

¿Rebote en el rebrote?

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Incluso cuando despertemos de esta pesadilla, el virus seguirá ahí. Así terminaba esta columna hace dos semanas. Y aunque las Bolsas hayan despertado de la pesadilla de marzo, mantener un rebote bursátil consistente mientras asistimos al rebrote vírico es cada día más complicado, sobre todo porque ya casi nadie habla de recuperación económica en forma de V y porque el dopaje de liquidez por parte de los bancos centrales sirve para mantener al paciente en respiración asistida, pero no para sacarle definitivamente de la UCI.

 

Pese a la fuerte recuperación de los índices durante los meses de abril y mayo, el desplome de marzo fue tan intenso que la mayoría de los activos siguen aún en cuidados intensivos y no han sido capaces de volver a los precios de la era AC (antes del coronavirus). En consecuencia, afrontan el segundo semestre en una situación delicada y con las perspectivas muy poco claras. De ahí que en las carteras de fondos deba seguir imperando la prudencia: si el cataclismo de marzo fue buen momento para reforzar posiciones en fondos de renta variable con perspectiva de medio y largo plazo, ahora conviene tomarse con calma posibles nuevas incursiones en Bolsa.

 

La mayoría de los expertos descartan otro descalabro como el de marzo que deje las cotizaciones por los suelos. Pero tampoco se apuesta por una aguda recuperación como la de abril y mayo, basada en el dopaje monetario de los bancos centrales, pero no en las perspectivas de las empresas cotizadas. Cierto que algunos sectores siguen siendo prometedores, sobre todo en áreas como la tecnología y la salud. Pero incluso aquí hay que ser prudentes, ya que se detectan ya síntomas de burbuja y son, además, sectores muy poco uniformes, con compañías muy diferentes entre sí aunque se encuadren bajo la misma etiqueta sectorial. El índice tecnológico Nasdaq 100 se ha acercado a sus máximos históricos, pero sus miembros muestran múltiplos cada vez más difíciles de sostener.

 

Si en la transición social hacia esta “nueva normalidad” –tan paranormal y tan llena de comportamientos anormales– hay que extremar la prudencia personal, la misma receta es aplicable en la transición hacia un nuevo escenario inversor. Las previsiones económicas han empeorado: el FMI pronostica un desplome del 4,9 por ciento en el PIB mundial este año, frente al tres por ciento de su anterior previsión, mientras que el BCE aplaza hasta finales de 2022 la vuelta de la economía europea a los niveles AC.

 

Apenas estamos iniciando la nueva era DC (después del coronavirus), que no comenzará plenamente hasta que no se extienda la vacuna, algo muy difícil hasta bien entrado 2021. La Organización Mundial de la Salud pronostica más de diez millones de casos de covid-19 en todo el mundo en la primera semana de julio, mientras que los rebotes víricos saltan por doquier y mientras la estupidez del contagioso Donald Trump y su afán por “desescalar” a toda prisa están consiguiendo que su lema de “America First” se cumpla por fin en algún aspecto: en la de ser el país más afectado por la pandemia hasta la fecha y el de seguir siéndolo incluso después del verano, ya que los últimos pronósticos indican que Estados Unidos superará los 200.000 muertos por covid-19 en octubre. Será solo un mes antes de las elecciones presidenciales que, esperemos, actúen por fin de vacuna contra el virus rubiteñido que infecta el Despacho Oval y contagia al resto del planeta, ahora con nuevas amenazas de guerras comerciales justo cuando habría que huir del proteccionismo como de la peste que nos acogota.

 

Con este panorama, las Bolsas ya tienen bastante con aguantar el tirón. Si seguimos la evolución de uno de los índices que considero de referencia, el S&P 500, vemos que apenas ha conseguido superar con nitidez la resistencia de los 3.000 puntos, en torno a los que sigue debatiéndose. El 9 de junio alcanzó una cota superior a los 3.200, pero fue incapaz de mantenerla. Pero tampoco se ha acercado al temido soporte de 2.700, cuya ruptura sí que pronosticaría males mayores.

 

Este puede ser el comportamiento general de las Bolsas: intentarán agarrarse a lo que puedan para aguantar, pero poco más. Ni desplomes brutales (a no ser que la proliferación de rebrotes víricos desencadene antes de lo previsto la temida segunda oleada de la pandemia), ni rebotes intensos.

 

Por tanto, mantengan también el tipo en sus carteras de fondos: nada de aventuras ni de movimientos bruscos. Y sigan con elevados porcentajes de liquidez. Por si acaso. En este concierto de AC/DC todavía pueden atronar mucho los tambores del “heavy metal” y tardaremos en deleitarnos de verdad con el sonido sinfónico de los violines. 

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