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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Jueves, 15 de marzo de 2018 00:00

Trump podría imponer aranceles a China por valor de 60 mm. $

Intermoney | La escasez de referencias durante la jornada hará que el proteccionismo continúe estando en el centro de atención de los inversores, sobre todo, después de las últimas informaciones que apuntan los deseos de la nueva Administración estadounidenses de imponer aranceles por valor de 60 mm. $ a las importaciones chinas. El déficit comercial atesorado con China por valor de 375 mm. $ en el ámbito de los bienes representaría la “cortina de humo” de una cuestión cuyas ramificaciones irían más allá de este punto.

 

En nuestro último informe, resaltábamos el gesto clave de China en cuanto a sus planes para equiparar la protección de la propiedad intelectual entre empresas nacionales y foráneas. La violación de los derechos de propiedad intelectual ha sido una fuente de fricción recurrente entre el gigante asiático y EEUU; circunstancia que ahora podría precipitar la articulación de aranceles a los productos chinos de tecnología de la información, la electrónica de consumo y las telecomunicaciones. De nuevo, estaríamos ante una estrategia sustentada en las presiones que se aleja de los cauces diplomáticos habituales y juega peligrosamente con ciertos equilibrios.

 

La estrategia, al igual que ocurrió con Méjico y Canadá en plena renegociación del NAFTA, consiste en amenazar primero para, a continuación, mostrar predisposición a ceder a cambio de ciertas prebendas. En esta ocasión, el objetivo es claro y acorde con la eliminación de algunas prácticas de propiedad intelectual que Washington considera injustas, tales como la renuncia a secretos tecnológicos de las empresas americanas a cambio de poder operar en el país asiático. La importancia estratégica de este sector explica el interés de EEUU para “dar un vuelco” a la situación existente, apuntando un objetivo adecuado que se está afrontando desde una óptica inadecuada.

 

El gran riesgo que emana de la estrategia adoptada por EEUU radica en la posibilidad de virar desde una situación de fricción a otra de enfrentamiento comercial, si bien esta posibilidad seguimos considerándola como el escenario de riesgo. En caso de darse cesiones por parte de Canadá y Méjico en la renegociación del acuerdo NAFTA, mayor respeto a la propiedad intelectual por parte de China y acceso más fácil de los productos agrícolas estadounidenses a Japón y la U.E, la beligerancia comercial estadounidense perderá fuerza. A la postre, nadie desea un enfrentamiento comercial y debería acabar por imponerse cierta cordura, pues las amenazas comerciales de EEUU pueden llevar a sus principales socios comerciales a poner en valor su papel como grandes financiadores de la economía estadounidense.

 

Al finalizar 2017, China atesoraba treasuries por valor de 1.185 mm. $ y Japón de 1.062 mm. $ de los 14.814 mm. $ en manos del público, teniendo capacidad suficiente para generar mucho ruido en un punto clave para los mercados estadounidenses. A principios de año, la filtración de un supuesto informe oficial de China que recomendaba frenar e, incluso, recortar la tenencia de bonos del tesoro estadounidense apoyó la escalada del 10 años americano desde 2,48% hasta 2,59% durante los días 9 y 10 de enero. Una información que fue posteriormente desmentida, si bien pudo tratarse de un aviso respecto a que China tiene sus propias armas para presionar a EEUU.

 

A efectos prácticos, el mayor poseedor de treasuries es el máximo interesado en que este activo no dé sustos, sobre todo, al encauzar una parte importante de sus reservas internacionales. Sin embargo, dentro de unos límites, podría optar por inyectar presión a la deuda soberana estadounidense con el fin de arrastrar también a las bolsas; circunstancia a la que no sería inmune el presidente de EEUU que utiliza la evolución del S&P500 a forma de indicador para avalar su gestión.

 

La Administración estadounidense deberá gestionar un escenario en el que los extranjeros son los grandes financiadores de EEUU al atesorar activos a largo plazo del país por valor de 18,5 billones $ frente a un PIB de 19,7 billones, de los cuales casi un 30,2% se corresponde con la deuda soberana, el 21,7% con deuda corporativa y el 5,4% con deuda de agencias. Unos activos entre los que también tienen un importante papel los miembros de la Eurozona ante un superávit por cuenta corriente que repuntaba ligeramente hasta el 3,5% del PIB en 2017, dando prueba del déficit de consumo e inversión que permite financiar a naciones como EEUU con un saldo negativo de la cuenta corriente equivalente al -2,3% del PIB en el acumulado a 12 meses hasta el 3tr17.

 

En EEUU, la situación expuesta acabará por marcar unas negociaciones en las que las partes implicadas terminarán por primar el no “hacerse daño”. No obstante, de momento, Trump impondrá un posicionamiento de máximos en materia arancelaria e insistirá en una cifra en niveles de 60 mm. $ para los nuevos gravámenes internacionales. Una cifra que, casualmente, coincide con los datos de la Oficina Presupuestaria del Congreso que apuntan a que dichos gravámenes sumarían un 0,35% del PIB en 2018 y vendrían a enjuagar la pérdida de ingresos, por valor del 0,38% del PIB, vinculada a los impuestos sobre la renta de las personas físicas.

 

En conjunto, las anteriores cuestiones pesarán más que los datos en un día en el que al IPCA final de febrero en Francia o el índice manufacturero de Nueva York no aportarán información decisiva.  

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