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Publicado en GESTORES Viernes, 14 de agosto de 2020 08:00

Yes we Kam… invertir en USA

Manuel Moreno Capa (Director de GESTORES) | Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de que China acabará arrebatándole, antes o después, el liderazgo económico mundial a Estados Unidos. Y el inversor en fondos puede estar preguntándose si –siempre con visión de medio y largo plazo– debe apostar ahora más por el gigante asiático que por el norteamericano. O incluso si conviene seguir invirtiendo en productos centrados en los mercados estadounidenses. La respuesta sólo puede ser un “Yes we Kam…”.

 

Por supuesto que hay que seguir creyendo en el potencial de los mercados y de la economía del mayor PIB del planeta, aunque los Estados Unidos estén atravesando una de las etapas más oscuras de su historia reciente. El “America first” del tipo corrupto y disfuncional que “okupa” la Casa Blanca se ha materializado en que, bajo su siniestro mandato, Estados Unidos sólo ha conseguido ser el número uno en una cosa: en contagios y muertes por el coronavirus. Pero, afortunadamente, ese gran país mantiene el liderazgo mundial en muchos otros aspectos, incluso pese a la pujanza del gigante chino.

 

A este “Yes we Kam” invertir en Estados Unidos aporta un valor nada despreciable precisamente la elección de Kamala Harris como candidata a la vicepresidencia del país. Que esta experimentada y combativa política forme parte de la candidatura demócrata refuerza las ya elevadas posibilidades de que Joe Biden desaloje a Trump de la Casa Blanca en las elecciones de noviembre. Que el vírico e incompetente republicano pierda la presidencia (y probablemente poco más tarde la libertad, dado que la púrpura del cargo ya no podrá ocultar sus múltiples desmanes legales) será sin duda una buena noticia para la economía y los mercados, no sólo de Estados Unidos, sino también del mundo entero. Incluso será positivo para China: el país oriental, cuyos dirigentes sin duda piensan a largo plazo, se refuerza en esta continua pugna contra la Norteamérica recalentada por el absurdo Trump, pero pierde también oportunidades de consolidar sus posiciones de un modo aceptable para el resto del mundo.

 

Una más que probable victoria de la pareja electoral Biden-Harris ayudará a asentar el liderazgo estadounidense frente al chino, pero sobre la base de unas relaciones serias, que sin duda también buscarán mantener a raya la expansión tecnológico/política oriental, aunque sin las estridencias y estupideces del actual presidente. Y dejando cierto margen a Pekín para que, sin avasallar, prosiga su inevitable desarrollo económico y tecnológico… a falta, eso sí, de evolucionar también en lo político y en lo social.

 

No olvidemos que frente a la pujanza tecnológica china en ciertos ámbitos como el 5G, la inteligencia artificial o la informática cuántica, Estados Unidos sigue siendo líder en innovación, sobre todo por el empuje y creatividad de sus empresas privadas, de su investigación científica y de sus mercados de valores. Ya hemos visto con qué facilidad han salido las bolsas americanas de la sima en que las hundió la pandemia. Y eso es una muestra de la flexibilidad y capacidad de recuperación del país, aunque haya existido un cierto sobrecalentamiento en algunos subsectores tecnológicos, con episodios tan curiosos como que las ya sobrevaloradas acciones de Tesla suban un 13 por ciento simplemente porque la compañía anuncia un “split” de cinco por uno.

 

El liderazgo norteamericano sigue siendo inatacable por China en otros aspectos, como la fortaleza del dólar como divisa de referencia: supone más del 60 por ciento de las reservas mundiales de divisas, tres veces más que el euro (la única moneda que a medio plazo podría hacerle algo de competencia) y a distancia sideral del magro dos por ciento que representa el renminbi yuan, cuyo nombre significa “la moneda del pueblo” aunque en realidad sea la moneda que los líderes de Pekín manejan a su antojo y que, además, seguirá cargando durante décadas con el lastre de ser la divisa poco fiable de un imperio escasamente democrático (que se lo digan a los habitantes de Hong Kong).

 

También los mercados asiáticos se han recuperado de los efectos de la pandemia, pero con todas las sombras que sobre ellos extienden situaciones críticas como, precisamente, la creciente presión de los autócratas chinos sobre los restos de democracia en Hong Kong. Por tanto, el inversor tampoco debe descartar las bolsas orientales en una cartera de fondos bien diversificada, con objetivos de medio y largo plazo. Pero su peso en esa cartera no debería ser, en principio, tan elevado como el de los mercados estadounidenses.

 

Los mercados de la zona euro –el tercer jugador en esta gran partida mundial– también se recuperan, aunque nuestro estrecho y condicionado Ibex esté a la cola (si miran las rentabilidades medias de todos los fondos comercializados en España durante el mes de julio, observarán que todas las categorías se anotaron rendimientos positivos y que sólo una, la de renta variable española, registró pérdidas). La eurozona es una indudable potencia comercial (acapara el 25 por ciento del comercio mundial) y económica (suma el 15 por ciento del PIB planetario). Por tanto, a poco que consiga al menos no resquebrajarse más por culpa de la pandemia, la zona euro es sin duda otra apuesta a medio y largo plazo para los inversores en fondos… incluso pese al amenazante Brexit: otro virus populista que, como he repetido una y otra vez, a quien más daño hace es a la menguante Bretaña, que ha entrado oficialmente en recesión, por primera vez en más de una década, tras desplomarse su PIB un 20,4% entre abril y junio, lo que supone el segundo trimestre consecutivo de contracción y el retroceso más fuerte de Europa en el mismo periodo. Pero esa es otra historia.  

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