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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Miércoles, 17 de abril de 2019 12:00

Alemania fabrica el coche del futuro a costa del bienestar y el empleo

Lidia Conde (Fráncfort) | “No es una ley natural que Daimler exista para siempre”. La frase del jefe de Daimler, Dieter Zetsche, ha caído como una bomba en Alemania, donde Mercedes forma parte de la identidad económica nacional, pero expresa la revolución que le espera a la industria europea.

 

Los costes de investigación y desarrollo técnico estallan y nadie sabe si, al final, los clientes comprarán el coche eléctrico. La industria germana ahorra, invierte y comparte riesgos. También la política reacciona. Pero el riesgo sigue siendo grande: pérdida de puestos de trabajo en Europa y mayor dependencia de los productos y servicios asiáticos y americanos.

 

“Al final luchará nuestra Inteligencia Artificial contra su Inteligencia Artificial (IA) y ganará el mejor”, afirmó en la última Conferencia de Seguridad en Múnich Robert Work, el número dos en el ministerio de Defensa estadounidense hasta julio de 2017. Se refiere a China. Y lo dijo en un debate con el presidente de Microsoft, Brad Smith. La cuestión es la influencia de la IA en combinación con la nueva tecnología móvil 5G en el nuevo balance global de poderes en el XXI. China lidera, por lo que se teme un choque entre Estados democráticos y autocráticos. Para Smith, el potencial de la IA es equiparable al de inventos como la electricidad o el motor de combustión. “Estará por doquier y cambiará nuestra vida”. Para las empresas supondrá la oportunidad de ser más eficiente y reducir costes de personal. La técnica 5G permite descargar 10.000 megabits de información por segundo; lo que posibilita, por ejemplo, la conducción automática. La cuestión es quién manejará y controlará los datos. Las redes 5G deberán estar protegidas. Work pide a Europa que invierta más en investigación.

 

China es para Estados Unidos un rival como ningún otro en el pasado. Un coloso tecnológico, cuya economía superará pronto a la estadounidense.” Alemania lo tiene claro: no hay alternativa. La respuesta del Gobierno es la política industrial. La de la industria del automóvil es la unión de eternos rivales (la última alianza es la anunciada entre BMW y Daimler) para poder competir contra terceros en robótica, servicios de conducción y el coche eléctrico. Un cambio histórico calificado de positivo para los trabajadores y los consumidores europeos. 

 

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