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Sábado, 24 de agosto de 2019

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Publicado en NOTICIAS DESTACADAS Miércoles, 09 de enero de 2019 11:00

En la España de 2019

Luis Alcaide | El año se abre, como debe ser, con las rebajas y gangas que excitan el entusiasmo del consumidor y ensanchan el camino de los productores. A diferencia de aquel mensaje sobre el pobrismo y la salvación, en la polis griega “se refutaba el tópico ancestral de que el otium y el negotium son cosas opuestas, sinónimos de dignidad y vileza” (‘Los enemigos del comercio’, Antonio Escohotado).

 

Los intercambios no son infamantes, son prosperidad e impulso clave para el desarrollo económico y social. Pero el crecimiento de la producción no solo debe servir para reponer el vacío que dejan los estantes de tiendas y supermercados, también para, como dijo Adam Smith, promover la salud y la educación, arma principal para la igualdad de oportunidades.

 

Los agoreros, pero también los expertos más meticulosos, profetizan una marcha corta durante 2019 en el avance del PIB. Señales: el presidente de los Estados Unidos y su política de déficit presupuestario –menos impuestos para empresas y ricos– junto a sus extravagancias sobre barreras arancelarias a las mercancías y fisicas a las personas. Un mensaje endiablado desde el país de las libertades; un ejemplo deletéreo para los nacionalismos y populismos europeos. Olvido de las devastadoras guerras civiles y los beneficios de la Unión Europea: libertad para el intercambio de mercancías, personas y capitales. ¿Quién se habría atrevido a pronosticar cuando España reclamó un Fondo de Cohesión para paliar los efectos de la competencia de sus socios europeos que a estas alturas del proceso tendríamos un continuado superávit comercial con esos socios más desarrollados? No se han necesitado barreras para prosperar, sino libertades y una moneda única que ha enterrado la incertidumbre sobre los avatares de nuestra entrañable peseta.

 

Cataluña es un incordio emocional para el resto de España, pero cercano y real para los propios españoles catalanes o catalanes a secas que habitan un territorio del que huyen los capitales y en el que las autoridades olvidan la gestión pública. Y para aquellos catalanes que bucean en su historia valga aquello de que “cuando en los Países Bajos las mercancías empezaban a viajar solas y aumentaba el respeto por la actividad mercantil, el agricultor alemán estaba sujeto a reglas como en Cataluña hasta Fernando el Católico: el mejor buey y el mejor caballo, el mejor traje y el mejor apero, son heredados por el amo al morir cada siervo”. El primer Borbón, Felipe V, convertiría una agreste rambla en una vía urbana: la Rambla de Cataluña.

 

Quizás sea una afrenta al sentido común y al bienestar de la nación que los partidos constitucionalistas que sí formarían coalición en Cataluña sean manejados por mensajes sobre la violencia de género y rechacen sin más las negociaciones, por cansinas y aburridas que resulten, del actual gobierno con los dirigentes de la Generalitat. Negociar y negociar y negociar antes de volver al 155. Madurez pero también determinación si los dirigentes de la Generalitat se muestran incapaces de gestionar el bien común de sus ciudadanos. El Gobierno de Sánchez con su minoría parlamentaria administra sin exponerse a riesgos difíciles de reparar. Y en cuanto al presupuesto, adelante con el suyo, pero en el bien entendido de que, si no se aprueba, que haga como Groucho Marx: “Aquí tengo otro”. La subida del salario mínimo ya ha sido una señal de su apuesta socialdemócrata. Así que a seguir cuidando de la actividad económica y de la solidaridad entre todos los ciudadanos. No va a ser fácil pero tampoco tan difícil.  

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