Usamos cookies propias y de terceros para mejorar servicios y mostrarle publicidad de su preferencia mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso.

Sábado, 20 de julio de 2019

Pulse en el valor para ver ratios >

Publicado en INTERNACIONAL Martes, 28 de mayo de 2019 00:00

Los mercados vuelven a cotizar bajadas de tipos

José Ramón Díez Guijarro (Bankia Estudios) | Terminábamos la semana pasada con la inclusión de Huawei en una lista de empresas que podía terminar acarreando la interrupción de suministros a la compañía china por parte de algunos de sus proveedores más importantes.

 

 

Amenaza que se materializó antes de lo previsto, cuando un buen número de empresas americanas y de otros países (Google, ARM, etc) anunciaron el fin de las relaciones con Huawei. Certificando que no estamos ante un movimiento táctico para introducir presión en las negociaciones comerciales, sino en una pugna de largo plazo por la hegemonía tecnológica global. De momento, lo que parece claro es que los términos de la relación entre los dos gigantes económicos van a cambiar a partir de ahora. Una relación que implicaba la venta de todo tipo de productos chinos en Estados Unidos, de la que se beneficiaban, sobre todo, los consumidores americanos, a cambio de la reinversión del saldo positivo de la balanza comercial en activos americanos, especialmente bonos del Tesoro. De esta manera, China ha estado aprovechando sus ventajas competitivas para vender una amplia gama de productos en Estados Unidos, a la vez que cubría buena parte de las necesidades de financiación externa de la economía americana, causadas por la insuficiencia de ahorro interno, convirtiéndose en el principal acreedor de Estados Unidos.

 

Es por ello que durante la semana se abrían especulaciones sobre la posibilidad de que China utilice esa posición de fuerza para presionar a la administración Trump. Algo muy poco probable, pues además de apreciar el tipo de cambio del yuan frente al dólar, la desestabilización del mercado de bonos americanos terminaría dañando a las carteras chinas y tampoco existen muchos mercados alternativos para diversificar (además de estar muy caros en estos momentos). Así que, más allá de especulaciones como una posible restricción de las exportaciones chinas de minerales (tierras raras) necesarios para fabricar todo tipo de bienes de alto contenido tecnológico, probablemente la válvula de presión va a ser el tipo de cambio.

 

En este sentido, el dólar index está en máximos desde 2002, es decir, en su momento de mayor fortaleza. El dólar index es un tipo de cambio efectivo que representa la evolución del billete verde frente a una cesta de monedas de países que tienen relación comercial con Estados Unidos. La apreciación del dólar responde al atractivo que siguen representando los activos financieros (y reales) de un país que crece más que el resto y que mantiene un diferencial de productividad positivo con la mayoría de sus socios comerciales. Pero también refleja que la combinación de política fiscal expansiva y proteccionismo comercial puesta en marcha por la administración Trump y, a duras penas compensada por una política monetaria moderadamente restrictiva, es una receta que está apreciando el dólar hasta un punto que puede más que compensar las ganancias potenciales de la guerra arancelaria en el saldo comercial. De momento, es pronto para valorar si estamos o no ante el inicio de un período de desglobalización y, sobre todo, para intentar calibrar los efectos que tendría sobre las variables económicas en el medio y largo plazo. A corto plazo, y si la tensión no sube de tono, las estimaciones siguen oscilando en alrededor de dos décimas menos de crecimiento acumulado del PIB mundial en 2019 y 2020 (cuatro décimas en el caso de China).

 

A este clavo ardiendo se siguen aferrando los mercados y, sobre todo, a la fe ilimitada en la capacidad de los bancos centrales para solucionar cualquier tipo de problema con la alquimia monetaria. En este sentido, ahora mismo el mercado está descontando, con más o menos probabilidad, bajadas de tipos por parte de los principales bancos centrales del mundo. Algo sorprendente teniendo en cuenta que, en todo caso, una guerra comercial tendería a subir los precios y no a bajarlos, al afectar negativamente a la oferta, vía disrupción de las cadenas globales de valor. Algo que ha vuelto a recordar el FMI. Pero la realidad es que los inversores piensan que el bálsamo de la política monetaria puede solucionar cualquier problema económico.

 

Además, coincide con un nuevo movimiento a la baja de las previsiones de inflación de los mercados que, en el caso de Europa ha situado la previsión de inflación a 5 años, cotizada dentro de 5 años, en el 1,3%, no muy lejos de los mínimos de 2016, cuando el BCE intensificó la utilización de todo el arsenal expansivo. El resultado en la zona euro ha sido un desplazamiento de toda la curva de rentabilidades, especialmente sorprendente en el tramo corto, con los primeros retrocesos del euribor 12 meses desde hace más de un año. Mientras los bonos soberanos ya están en muchos casos en zona de mínimos históricos, empezando por la referencia española a 10 años. O nos vamos a una situación a la japonesa o nos estamos pasando de frenada.

 

Las actas del BCE siguen manteniendo que en el segundo semestre se puede producir una mejora de la situación, aunque cada vez parece que con menos convencimiento. De momento, los datos de confianza de los agentes de esta semana no han arrojado muchas novedades, el IDC prácticamente se mantiene en mayo sin cambios (51,6 vs 51,5), aunque se mantiene la brecha abierta entre la confianza de los empresarios de los sectores manufactureros (49,0) y los del sector servicios (52,5). La clave será hacia dónde se cierre ese diferencial.  

Aviso:  Acceda al contenido completo de Consenso del Mercado sumándose a nuestra Zona premium.